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TV| El reality policial: De George Floyd a Anthony Araya

Por: Jazz / Publicado: 06.10.2020
TV| El reality policial: De George Floyd a Anthony Araya @periodistafurioso /
Mientras TVN y Mega se suman a la tendencia mundial de situar a las policías como protagonistas en Alerta aeropuerto, Control de fronteras o Misión encubierta, y los noticiarios cubren casi a diario operativos policiales con nombres de películas, las cámaras ciudadanas, en cambio, captan su ángulo más violento. Anthony Araya, George Floyd, el abogado Javier Ordóñez, los estudiantes secundarios, los niños mapuches y palestinos son ejemplos de un paradigma donde el orden público se garantiza a punta de palos, de balas o choques eléctricos sin que nadie se sienta más seguro.

Si hay rubros que se han alimentado del crimen, son la televisión y el cine. El reality policiaco es un género televisivo por sí mismo. Las cámaras enfocan la atención del espectador en batallas contra el robo, el tráfico ilegal de personas, drogas, armas y objetos. La franquicia Alerta aeropuerto lanza al estrellato a agentes migratorios y aduaneros de Europa, EE. UU., Colombia, Brasil, Perú, México y Chile con sus narraciones en primera persona. Cada avión es una misión. Perfilan ladrones, falsificadores, indocumentados y mulas como el eslabón más débil en las redes de traficantes, exponiendo sus miserias, atrapados in fraganti ante las miradas ávidas del público y las mafias que los usan como carne de cañón.

Control de fronteras tiene un formato similar. La apuesta de Mega para las noches de domingo está lejos de ser un programa familiar de fin de semana. Muestra casos chilenos y españoles y comparte el horario prime con Misión encubierta. Las tres series construyen su narrativa gracias a las miles de cámaras que nos apuntan a todos cada momento. En ellas se estigmatizan comunas y poblaciones. Un ejemplo patente es el capítulo sobre comercio sexual en Plaza de Armas donde se aborda esta problemática con un enfoque netamente castigador, sin presentar alternativas desde la reinserción, la cultura o la educación.

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Los matinales dan tribuna a ilustres alcaldes de Las Condes y Providencia, pero la crónica roja reporta desde Lo Prado, La Pintana, San Miguel, Puente Alto o Antofagasta. Y a pesar de todos los operativos policiales con nombres de películas norteamericanas como “Hydra” o “Vendetta” que inundan los noticiarios centrales, la sensación de inseguridad empeora. Ni quienes exigen más represión, ni quienes piden la disolución o intervención civil de Carabineros se sienten más seguros. Los montajes en territorio mapuche y el femicidio de Norma Vásquez solo empeoran su imagen pública. 

En tanto, los programas de debate A esta hora se improvisa, Mesa Central o Estado Nacional no dan tribuna a las y los estudiantes secundarios que salieron a protestar por el alza del pasaje y que movilizaron a todo un país en octubre pasado. Diarios como Las últimas Noticias o El Mercurio, simplemente los ignoran. Son estigmatizados como delincuentes, considerados aptos para un proceso judicial, pero sin derecho a voto para elegir la Constitución que regirá sus vidas. Adultocentrismo se le denomina. Las policías, en cambio, gozan de blindaje mediático e institucional.

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“Condenar la violencia sin ninguna duda, sin ninguna ambigüedad”: Las palabras del presidente Piñera en el Día contra la violencia resuenan en los noticiarios mientras un joven es arrojado al Mapocho como un horrible deja vu del Chile dictatorial. Las cámaras ciudadanas son el único resguardo ante los eufemismos. No cayó al río, lo arrojó un servidor público. No es un hecho aislado. La situación en EE. UU. también es brutal. Los asesinatos de George Floyd, Breonna Taylor y Ahmaud Arbery en 2020, Atatiana Jefferson en 2019, Philando Castile en 2016, Freddie Gray y Sandra Bland en 2015, Eric Garner y Michael Brown en 2014 y Trayvon Martin en 2012 cimentaron el movimiento Black Lives Matter. Sus muertes tienen en común, la cobertura en redes sociales, el uso arbitrario de la fuerza, el racismo y la impunidad, ya que ningún policía fue procesado por estas muertes. En 2020, el impacto por estos abusos provocó la cancelación del programa Cops, luego de treinta y tres temporadas al aire desde 1989.

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Desde la irrupción de la pandemia como eje principal en la agenda noticiosa, la seguridad sanitaria es el principal argumento para que policías irrumpan en nuestro cotidiano y los periodistas ejerzan su papel normalizador de la presencia armada en casas, calles y playas. 

El debate sobre la violencia policial está instalado. Nuestros protectores adolecen de lo mismo que persiguen. Beben, chocan, golpean, maltratan a sus parejas, montan charadas y cometen delitos con la misma frecuencia que la población civil. Es momento de dar tribuna a sus víctimas que merecen atención mediática equivalente. Casos como Doris Andaur Hidalgo y Ximena Cortez Rojas, asesinadas por uniformados, no cuentan con el apoyo de Fiscalía ni de los grandes canales. Al igual que los lesbicidios de Nicole Bahamondes, Ana Cook y Leslie Velázquez, quedan fuera de pantalla y arrastran falencias insufribles en los procedimientos policiales. Sus familias, en completo anonimato, se ven obligadas a investigaciones privadas con peritos particulares para exigir justicia.

La programación actual está llena de horas muertas ocupadas por teleseries repetidas. Se importan desde EE. UU. sus películas, sus historias y sus enfermedades. ¿Por qué Mega apuesta las tardes de sábado a la gordura extrema y los abscesos ajenos? 

Urge que la televisión abra espacios para un debate crítico sobre violencia estructural y criterios de género a la hora de informar estos crímenes, quitando el protagonismo al morbo y la exhibición rampante de la miseria humana, como el caso de Nabila Rifo, expuesta inapropiadamente en Bienvenidos, el matinal de canal 13. 

EL reality policiaco es el reflejo de un sistema jerárquico que aún cree que el desorden público se cura con violencia. Seguir esta ruta garantiza la repetición ad infinitum del comportamiento delictual. La televisión, el cine y su concepto de entretenimiento le deben otras visiones alternativas a la sociedad. 

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