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«Guitarreando con la CNI»: El día en que Pedro Lemebel funó la amistad entre Tito Fernández y Álvaro Corbalán

Por: El Desconcierto | Publicado: 31.05.2018
«Guitarreando con la CNI»: El día en que Pedro Lemebel funó la amistad entre Tito Fernández y Álvaro Corbalán maxresdefault (2) |
El saludo que envió el músico al ex CNI Álvaro Corbalán en el lanzamiento de su libro sorprendió a muchos, pero no se trata de una relación nueva. Hace años, el escritor Pedro Lemebel cuestionó la amistad entre «El Temucano» y el ex agente de la dictadura.

El polémico lanzamiento de un libro por parte del ex CNI Álvaro Corbalán ha traído a la memoria una vieja e inesperada amistad de años. Durante la instancia, el ex agente de la dictadura recibió un saludo a nombre de Tito Fernández, «El Temucano», un hecho que sorprendió a muchos.

Aunque no pudo estar presente debido a su delicado estado de salud, Fernández hizo llegar un mensaje a su entrañable amigo a través de su esposa. Pese a que muchos se declararon confundidos por la noticia, fue el escritor Pedro Lemebel, en su libro de crónicas «Serenata Cafiola», quien hizo un paralelo entre lo injusto que fue el Chile de los 80 con algunos músicos y la falta de recriminación hacia otros por sus vínculos con la dictadura.

«En los subterráneos de la dictadura chilena, tal vez la música era parecida, también interpretada por algunos nueva oleros, aunque Álvaro Corvalán, uno de los jefes de la organización de la tortura, era adicto al folclore y tocaba la guitarra con cantantes protegidos del régimen. Entre ellos, Tito Fernández, un folclorista cercano a la nueva canción chilena en la Unidad Popular, quién fue detenido junto a otros tantos después del golpe. Y luego de algún tiempo de reclusión, lo dejaron en libertad y nunca dijo que le había ocurrido en esas mazmorras», escribió Lemebel, en una crónica titulada «Guitarreando con la CNI».

El escritor recordó que «El Temucano» apareció un día en el programa de Don Francisco, «cantando y echando la talla con el gordo como si nada. Tito Fernández, fue un cantor del machismo doméstico, que nunca tuvo una producción musical interesante ni comprometida, pasó colado la censura cantándole a la tradición familiar. Así se hizo una cara protagónica en los show estelares de la dictadura con su aplaudido valsecito lagrimero. Nunca más se acordó de la Peña de Los Parra donde de seguro conoció a Víctor Jara y le dieron trabajo cuando llegó a la capital siendo un desconocido«.

En su crónica, Lemebel asegura que «en plena dictadura tuvo su espacio, hizo amistad guitarrera con Álvaro Corbalán, quién se paseaba por los camarines de los artistas de la tele con toda propiedad. Es posible imaginarlo alguna noche de aquel tiempo de pesadilla zandungueando con Maria Pepa Nieto, una española tetuda que calentaba la tele del horror. «A Corbalán, lo conocían y trataban muchos artistas», declaró Fernández hace poco en una entrevista, tratando de justificar su compadrazgo con este oscuro personaje. Lo cierto, era que todos sabíamos quién era el amigo de Fernández», relató.

«Como no identificar a uno de los torturadores más conocidos del régimen, sobre todo por su protagonismo en la farándula televisiva. En algún acto de izquierda a Fernández lo pifiaron a rabiar, ya se decía en el exilio que había que tener cuidado con él. Incluso hace algunos años cuando la justicia sometió a proceso a Corbalán, se vio al cantor de la casa nueva y el vino bigoteado llevándole una pizza a su  amigo en prisión», acusó el autor de «Tengo miedo torero».

En entrevista con Cooperativa, Lemebel profundizó en sus cuestionamientos y aseguró que Fernando Ubiergo, a diferencia de Fernández, fue vinculado de manera errónea a la dictadura. Y volvió a lanzar sus dardos contra «El Temucano»: «Era íntimo amigo de Alvaro Corbalán, el cerdo torturador. ¿Quién puede entender que sea tan amigo alguien de un personaje tan repugnante como Corbalán, que le lleve pizzas a la cárcel?… ¿cómo se entiende eso?», cuestionó.

En algunas entrevistas, el músico ha asegurado que la dictadura «fue terrible: yo fui detenido, era un artista perseguido y cantaba en TV porque un fulano de determinado canal me consiguió un espacio para ese programa. Mi canto no era mío, ni yo tampoco, me podían matar al otro día. Pasé 17 años en esa disyuntiva. Pero había que comer, el canto era lo que me daba más dinero».

En la misma ocasión, habló de su vínculo con Corbalán y le bajó el perfil: «Muchísimos eran más admiradores que siete del Temucano. ¿Y se los voy a prohibir? Muchos me quisieron ayudar. Alvaro Corbalán era un gran admirador. ¿Y cómo me lo hago a un lado? ¿Lo echo del camarín? Nunca me dijo si realmente me salvó la vida. Una vez me invitó a una gira con Pinochet y le dije que no. Otra vez me llamó para decirme que intentara parar una entrevista que yo había dado a la revista de la Vicaría, porque me iba a perjudicar. Hablé con la periodista y la sacaron. Otra vez hubo un simulacro de fusilamiento donde él tuvo algo que ver para que no me hicieran nada. Años después, le fui a preguntar si él me salvó la vida. Sólo se sonrío», relató.

La relación entre ambos también fue descrita por los periodistas Daniel Campusano, Macarena Chinni, Constanza González y Felipe Robledo en el libro «Alvaro Corbalán, el dueño de la noche» (Editorial Ceibo, 2015).

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