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Sobreviviendo al coronavirus en un campamento: La vida de los contagiados más abandonados de la pandemia

Por: Natalia Figueroa | Publicado: 25.04.2020
Sobreviviendo al coronavirus en un campamento: La vida de los contagiados más abandonados de la pandemia AGENCIA UNO |
Hasta ahora el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) registra 34 casos de personas contagiadas por Covid-19 que residen en campamentos, con un foco importante en la región de Antofagasta. El hacinamiento, la falta de agua, comida y el agobio por los despidos comienzan a impactar en las comunidades, que han respondido con redes de apoyo para ayudar a quienes iniciaron cuarentena preventiva. Familiares y vecinos cuentan cómo enfrentan el día a día, y cómo la pandemia nuevamente devela las falencias estructurales que hoy los ponen en una situación de mayor riesgo.

Hace poco más de una semana el examen de Covid-19 llegó a manos de Roberto*: dio positivo, aunque los síntomas eran leves. Con el transcurso de los días ese cuadro fue aumentando con dolores de espalda, de cabeza y la pérdida del olfato. Tuvo que dejar el trabajo en el rubro de la construcción y confinarse en su domicilio. Le preocupaba el riesgo para sus hijos pequeños y su esposa, ambos de nacionalidad colombiana, con un factor adicional: viven en el macrocampamento Los Arenales, en Antofagasta, en una vivienda con espacios reducidos. Por si fuera poco, hace más de un mes están alojando temporalmente a otra familia que vive en la parte trasera de la casa.

Roberto es uno de los primeros contagiados en este campamento donde viven cerca de 1.400 familias, y uno de los 34 casos positivos a nivel nacional, según la cifra entregada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) a El Desconcierto.  También se registran siete casos en Tarapacá; 21 en Antofagasta; dos en Bío Bío; y, uno en Ñuble,  La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. De ellos, dos ya cuentan como recuperados.

En el hogar de Roberto han adaptado todo rápidamente para evitar los contagios: reordenaron la disposición de las piezas, los artículos de aseo y de protección tienen un lugar definido, la ropa para desinfectar está separada. Adentro de la casa andan con mascarillas y guantes.

Su esposa Andrea Benavides, paramédica en el área de maternidad de la Clínica de Antofagasta, explica cómo les ha cambiado la vida: “Tengo un niño de tres años que es crónico, es asmático, también vive aquí mi hija y la familia que tenemos de allegados tiene tres niñas. Menos mal que ellos viven atrás y solo compartimos el baño y la cocina. Mi niña y ni niño duermen en la cama y yo en el piso”, cuenta. Roberto por el momento está completamente aislado, sale de su habitación solo para ir al baño y, de inmediato, rocían todo lo que tocó con Lysoform.

La rutina se ha vuelto agobiante. Andrea dejó su trabajo para enfocarse en el cuidado de los niños y tomar todas las medidas sanitarias que se requieren. Aun así, cree que la información que ha recibido no ha sido suficiente. No saben si le van a hacer seguimiento de la enfermedad, si le van a repetir el examen, si se lo van a tomar a ellos o si Roberto va a poder retomar  su trabajo. “No nos preguntaron si tenía implementos para atender a mi marido. Solo le dieron cuarentena obligatoria. Desde el domingo que le dijeron que era positivo nadie ha venido a verlo”, explica.

Macrocampamento Los Arenales. Foto: Diario de Antofagasta

La crudeza del hacinamiento

La crisis desatada por el coronavirus ha agudizado las graves deficiencias de habitabilidad que enfrentan los campamentos, que suman 802 en el país, haciendo aún más vulnerable las condiciones de los residentes.

De acuerdo a la última encuesta nacional de campamentos elaborada por Techo Chile, de 2015, el 14% de los hogares de campamentos posee allegamiento interno, entendido como un grupo familiar principal y otro secundario o allegado. Este es la situación descrita más arriba de Roberto y Andrea. Espacios donde es prácticamente imposible aislar del todo a una persona contagiada y donde el resto de los familiares deben confinarse a escasos metros cuadrados donde siguen haciendo su vida: cocinar, ir al baño y moverse solo en el living.

Una de las opciones que el gobierno ha dispuesto para casos de alto riesgo es el traslado a hoteles sanitarios. Carlos Garcés, encargado nacional de campamentos del Minvu, detalla que el foco más grande en el norte está en Mejillones y, de los contagiados, 7 fueron trasladados a residencias sanitarias en Antofagasta. En el caso de Roberto, su esposa explica que recién hace dos días el seremi de salud le ofreció esta alternativa. “Me llamaron el miércoles que el jueves venían por él, alistamos todo lo que dijeron, pero no vino nadie”, señala.

Ante esta compleja situación, Loreto Salinas, directora nacional de Servicio País de la Fundación Superación de la Pobreza, plantea como opción ocupar sedes comunitarias o escuelas para dar una opción a las personas que salen a trabajar y que tienen dificultades para cuidar a los niños o adultos mayores. “En los campamentos es donde tenemos los mayores riesgos junto a las personas en situación de calle. Hay que considerar que también viven en permanente discriminación porque está asociado a la inmigración, en Antofagasta, eso lo hace más complejo de resolver”, precisa Salinas.

Los comités también han pedido con urgencia una fumigación por pasajes a la municipalidad, según explica Marcelo Mamani, también vecino del campamento: “Aquí no es como en otros lados que cada uno sale con su vehículo, se trata de economizar porque es un lugar distante y los vecinos se juntan para ir a sus trabajos. Hay mucho contacto entre ellos”.

Desde el Minvu, en tanto, explican que no existía un protocolo sobre cómo actuar con familias de campamentos frente a pandemias y que recién se han tirado líneas al respecto. Por otro lado, anunciaron que se acelerará la entrega de viviendas definitivas para las personas que están en proceso de tramitación.

Falta de agua

Algunas semanas antes que se desatara la crisis sanitaria, en el campamento Desierto Florido de Antofagasta, habían advertido sobre la falta de abastecimiento de agua. A los vecinos les llegaba en ciertos horarios: a algunos solo por las noches, otros hasta mediodía, y durante todo el día. Ahora que varias personas están en cuarentena preventiva, han aplicado algunas estrategias para racionar el recurso.

Lissette Hurtado, dirigenta de este campamento, explica que algunos vecinos están ‘colgados’ a las tuberías de la comunidad y que no han tenido mayores problemas. “Ahora la gente hace como en todos los tiempos: tratando de sobrevivir para hacer los lavados y tener todo limpio. Nos repartimos ciertas zonas donde se podía sacar agua y por eso estamos más acomodados por ahora”, cuenta.

Según el Minvu, el 22% de las viviendas en los campamentos no cuenta con un sistema de agua potable y, solo en zona norte, casi 14.000 hogares están bajo esas condiciones. Se abastecen mediante camión aljibe o por alguna forma que no es el suministro de la red de la ciudad, eso implica que tienen que almacenarla, tener agua embotellada”, explica Vicente Stiepovich director social de Techo Chile.

En este periodo, con los municipios colapsados ante la contingencia sanitaria, varios campamentos han denunciado las dificultades con el suministro, según lo ha reportado esta organización. Stiepovich explica que la realidad en estas viviendas se aleja de la cantidad de agua recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 50 litros en acceso intermedio y 100 litros en condiciones óptimas por persona, que atenderían diariamente las necesidades de la mayoría de las personas en casi todas las condiciones. Algo que se hace más necesario ahora sabiendo que el lavado de manos se repite con mayor frecuencia al día.

A esto se suma que la cuarentena ha recargado el precario sistema de agua. “Hay que pensar esas lógicas cotidianas que han ido cambiando, una familia que tienen problemas económicos, recibe alimentación y servicios básicos en los colegios, pero ahora están en sus casas”, detalla el representante de Techo. Carlos Garcés del Minvu agrega que sería beneficioso bajar el costo del servicio a las familias para que contaran con más recursos para la prevención en sus hogares.

AGENCIA UNO

Impacto en el trabajo

La tensión económica también se ha hecho sentir en los campamentos, donde una cantidad importante de personas trabaja de manera informal o son independientes y no pueden acogerse al seguro de cesantía ante desvinculaciones. También ha impactado el cierre de comunas por las cuarentenas dado que varios de ellos se trasladan a vender a ferias libres o a puestos independientes que se han visto obligados a cerrar. Datos de la encuesta de Techo, establecen que el 39% de los trabajadores de campamentos no cuenta con un contrato de trabajo.

Aquí destaca la falta del acceso a la tecnología, conexión a internet, computadores y otros aparatos, que tampoco les permite adoptar el teletrabajo. “En los campamentos rurales muchos tienen trabajos temporales, hay vendedores ambulantes, jubilados y dueñas de casa que tienen trabajos de servicios por ahora que se han suspendido. Son clave las ollas comunes, las estrategias solidarias con participación de la comunidad”, especifica Lorena Salinas de la Fundación para la Superación para la Pobreza.

Esto podría generar problemas de abastecimiento de comida y de otros servicios, a lo que ya en las comunidades se están preparando con redes de apoyo. Elizabeth Andrade, vocera del movimiento de pobladores Vivienda Digna Los Arenales dice que han conseguido donaciones de desinfectantes, cloros, cloro gel para las familias que están en sospecha. En los comités también están cocinando por más cantidades para luego llevarles colaciones a las casas de los vecinos en cuarentena. “Me preocupa por las condiciones que se viven en general y la poca presencia del gobierno. Acabo de hablar con una vecina que me pidió plata porque en un mes se le acaba, uno lo va escuchando como algo normal. Viendo eso y como los vecinos preguntan cuándo van a vacunar”, expresa Elizabeth.

La situación en los campamentos devela deficiencias estructurales que se agudizan frente a la crisis sanitaria que atraviesa el país y que pone nuevamente en primer plano la desigualdad por la falta de acceso a la vivienda que afecta a miles de familias en el país.

 

**Roberto y Andrea son las identidades ficticias tanto de la persona contagiada como de su esposa que se utilizaron en este artículo para no exponer sus datos personales a petición de la familia.

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