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Squella y contra Convención: «Ese sector nunca ha querido cambiar la Constitución del 80»

Por: Sebastián Reyes | Publicado: 26.04.2022
Squella y contra Convención: «Ese sector nunca ha querido cambiar la Constitución del 80» Agustín Squella | Fotografía de Agencia Uno
En una entrevista con El Desconcierto, el convencional Agustín Squella analiza la labor de la Convención hasta la fecha, las polémicas y conflictos que giran en torno al debate constitucional, y también la posibilidad de un eventual triunfo del Rechazo en el Plebiscito de salida, lo que según el abogado sería un fracaso para el país. «Mas no por ello tendríamos que abandonar el objetivo de darnos una nueva Constitución», sostiene.

El constituyente Agustín Squella, independiente con cupo del Partido Liberal en la Lista del Apruebo, asegura que su rol político dentro de la Convención Constitucional es «muy menor».

Sostiene que ser una persona que profesa «ideas de un liberal de izquierda», es muy complicado en Chile. «Dices ‘liberal’ y la izquierda arruga el entrecejo, y agregas ‘de izquierda’ y la derecha hace lo mismo. A la gente le gusta ir en manada y cuando uno anda más o menos solo se vuelve un tipo muy sospechoso. Pero en mi caso siempre ha sido así y creo soportarlo bien», comenta el abogado y ex Agregado Cultural de la Presidencia durante el gobierno de Ricardo Lagos.

Considerado uno de los puntos de referencia para tener una idea de los acuerdos que pueden lograrse en el Pleno del órgano redactor, Squella afirma que es un constituyente que «conversa los temas al interior del Colectivo del Apruebo y que vota finalmente en conciencia, las más de las veces con la izquierda y algunas con la derecha, sin complejos de que cuando hago lo primero amigos de derecha no lo entiendan, y que cuando hago lo segundo amigos de izquierda lo entiendan menos».

El convencional conversa justamente sobre los acuerdos de la Convención con El Desconcierto, en un período clave donde han sido aprobados 290 artículos por el Pleno y que figuran ya en el borrador de la nueva Carta Magna.

Esto, en medio de pugnas entre los sectores por acusaciones a los convencionales de derecha por difundir fake news sobre el trabajo y las normas constitucionales, de una funa por parte de los denominados «ecoconstituyentes» al Colectivo Socialista por rechazar el informe de Medio Ambiente, e incluso del levantamiento de una denominada «contra Convención», la cual se desarrolló en el Hotel Sheraton el pasado jueves y que tuvo como protagonistas a Cristián Warnken, Pepe Auth, Juan Pablo Swett y al líder de los camioneros Sergio Pérez, como consignó este medio.

– ¿Qué opina del trabajo de la CC hasta ahora? ¿Va bien el borrador de la nueva Constitución?

Avanza, aunque en medio de un ritmo de trabajo muy frenético, porque en nuestro primeros meses perdimos tiempo y utilizamos más del debido en discutir y aprobar, no un solo reglamento interno de la Convención, ¡sino cinco! Claro, no hay que llorar sobre leche derramada, pero siempre he creído que al finalizar 2021 debimos tener una jornada de reflexión –no más de un día o una mañana- para hacer autocrítica de nuestros primeros meses y sacar conclusiones que nos ayudaran a hacer mejor nuestro trabajo de este año. Pero esa idea fue desechada, porque ya sabemos que en Chile somos campeones de la crítica y no de la autocrítica.

– Usted en una entrevista declaró que «la nueva Constitución podría ser aprobada con un 5». ¿Qué significa eso? ¿Cree que un 5 sea suficiente para la ciudadanía?

Aprovecho para rectificar eso: lo que comenté fue que no sería ni nota 7 ni 6, y que aspiraba a que finalmente fuera 5, pero que hasta ahora mi nota era solo 4. Pero lo que cuenta es la nota que los ciudadanos van a ponerle cuando conozcan el texto final de la propuesta. Los Apruebo y Rechazo anticipados, que los hay, pierden de vista que una Constitución es un todo orgánico, y ojalá armonioso, y que para evaluarla hay que analizar todas sus disposiciones y no solo algunas de sus normas de manera aislada.

– ¿Tendrá que existir el conformismo en el plebiscito de salida?

Lo que tendría que haber es libertad de todos para pronunciarse -que la habrá-, ojalá precedida de un estudio concienzudo de la propuesta y, en lo posible, hecho no en solitario por cada ciudadano, sino en forma colectiva y colaborativa con otros. Analizar la propuesta en las familias, donde suele haber distintas generaciones, en los sindicatos, en las universidades, entre estudiantes, en los medios, etc. Transformar a Chile entre el 4 de julio e igual fecha de septiembre en una gran conversación constitucional.

– ¿Qué falta para llegar a la nota 7 para cuando se vote el Plebiscito de salida el 4 de septiembre?

Esa nota es ya inalcanzable. Por lo demás, el 7, que es raro en la universidad, sólo parece existir en los colegios que inflan las notas de sus estudiantes para quedar bien en las pruebas y rankings a las que los someten. Nada que salga de hombres y mujeres, nada que sea una creación humana, alcanzará nunca esa nota, salvo en el caso de algunos genios. Marcel Proust, por ejemplo, indiscutible nota 7 desde el punto de vista literario.

– ¿Qué sucede si en el Plebiscito de salida gana el rechazo? Porque el ministro Jackson dijo que no había un plan si ocurría eso…

El país, a través de sus instituciones, tendría que acordar un nuevo camino para reemplazar la actual Constitución, que si bien está vigente desde un punto de vista jurídico, carece ya de vida. Fue desahuciada políticamente en el Plebiscito que arrojó un 80% a favor de su sustitución por otra. El triunfo del Rechazo sería un fracaso para la Convención y en alguna medida también para el país, mas no por ello tendríamos que abandonar el objetivo de darnos una nueva Constitución.

– ¿Qué es lo más importante, en su opinión, que ha aprobado el Pleno hasta el día de hoy?

Lo relativo a derechos sociales y a que Chile será un Estado social y democrático de derecho. Democrático representativo (seguiremos eligiendo alcaldes, concejales, gobernadores, parlamentarios y Presidente de la República), pero con modalidades complementarias de democracia directa de las que hoy carecemos. Y social por el compromiso público con los derechos del mismo nombre que tienen que ver con el acceso a bienes básicos de atención sanitaria, educación, vivienda, ingresos justos por el trabajo y seguridad social, sin los cuales nadie puede llevar una vida digna, responsable y autónoma ni ejercer eficazmente, en los hechos, las libertades de que todos somos titulares.

– ¿Qué le parece lo que ocurrió cuando se rechazó el informe de la Comisión de Medio Ambiente la semana pasada, la funa que se hizo por parte de los llamados “ecoconstituyentes” al Colectivo Socialista y otros como usted?

Fue un fiasco para la respectiva comisión, pero también una lección y una oportunidad. Devolver normas, o rechazar en general un informe, es la manera que tiene el Pleno de decirle a una comisión que tiene que mejorar sus propuestas. Lo malo, entonces, fueros las acusaciones y descalificaciones que se hicieron a quienes no habíamos votado favorablemente en general ese informe, en particular al Colectivo Socialista.

– ¿Qué opinión le merece la llamada «contra Convención» llevada a cabo en el Sheraton el jueves pasado? Allí empresarios, gremios y políticos levantaron una campaña y planificaron giras para rechazar su trabajo como convencionales y, más aún, el resultado, que sería la nueva Constitución…

No me sorprende. Se trata de un sector que nunca ha querido cambiar la Constitución de 1980, o que ha dicho querer hacerlo solo de labios para afuera, y que sería feliz si se siguiera con su reforma a paso de tortuga y a gusto de una minoría que en el actual Congreso puede parar cualquier reforma constitucional teniendo allí un tercio de los parlamentarios más un voto. Si los 2/3, en el caso de la Convención, fueron un quórum por el que se optó para llegar a acuerdos, ese mismo quórum, en la Constitución de 1980, fue una manera de bloquear cualquier cambio que no fuera del agrado de los partidarios de la Constitución de Pinochet. Son 2/3, pero no son los mismos 2/3. En la Constitución del 80 fueron un cerrojo y en la Convención actual una manera de instar por lo que la gran mayoría del país espera: acuerdos.

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