Opinión

Palestina y la solidaridad de la resistencia

Palestina y la solidaridad de la resistencia

Ese puente entre las luchas de los pueblos oprimidos, ha tenido una especial importancia para la articulación de la Campaña por el Boicot Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel.

En julio de 2014 cuando Israel lanzó la operación “Escudo protector” contra la población palestina de Gaza, asesinando brutalmente a más de dos mil personas, la sociedad civil del mundo entero se movilizó para exigir a sus gobiernos que cortaran relaciones con el Estado sionista. Toda la atención estaba en Palestina, en el horror de las imágenes que mostraban niños mutilados y atrapados entre los escombros. Repentinamente, la mirada de los medios se dirigió hacia otro lugar: Ferguson, Missouri, donde, en agosto de ese año, la policía mató a tiros al joven negro Michael Brown y se iniciaron grandes protestas contra el racismo que impregna a gran parte de la sociedad estadounidense y especialmente a la policía. Dos escenarios con características distintas, pero con un denominador común, la persistencia del odio, la segregación y el racismo. A algunos llamó la atención que en medio de su sufrimiento, mensajes por Twitter desde Palestina tuvieran por contenido el apoyo a las protestas en Ferguson. Pero lo cierto es que los palestinos y los afroamericanos tenían muy claro que el sufrimiento en que se encontraban era el mismo y que, por tanto, también debía serlo la solidaridad.

Ese puente entre las luchas de los pueblos oprimidos, ha tenido una especial importancia para la articulación de la Campaña por el Boicot Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel. A ella se han sumado importantes figuras de la lucha contra la segregación en Estados Unidos como el filósofo y activista Cornel West, quien ha indicado con claridad:

“Movimientos sociales poderosos tales como el que ayudó al fin del Apartheid en Sudáfrica, han demostrado que cuando los gobiernos del mundo fallan en hacer cumplir el Estado de derecho, la comunidad civil internacional debe levantarse para enfrentar el desafío de defender los derechos humanos fundamentales y asegurar la justicia. Como [el arzobispo sudafricano Desmond] Tutu y muchos otros señalan en el caso de los palestinos -así como en el de los inmigrantes latinos y los pueblos indígenas en Estados Unidos- la táctica del Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) es un medio efectivo no-violento para ejercer presiones económicas y morales con el fin de terminar políticas injustas, desde la discriminación racial hasta leyes represivas, desde la ocupación extranjera hasta los asentamientos”.

La idea de ser parte de un sólo movimiento mundial contra las diferentes formas de opresión y segregación llevó al mismo West a formar, junto a reconocida investigadora y activista y Angela Davis -de visita por estos días en Chile- Mumia Abu-Jamal, Talib Kweli y diversas organizaciones, la coordinadora Black Solidarity With Palestine que reúne, además, a activistas, artistas, académicos y estudiantes de 25 países. En una de sus declaraciones indican:

“No permaneceremos en silencio mientras la población Palestina esté subyugada a la violencia diaria, a detenciones administrativas y prisión política. Estaremos con ellos hasta que su resistencia al racismo y a la violencia colonial perpetuada por el Estado de Israel continúe. Continuaremos demandando el fin de los múltiples sistemas de opresión israelíes, hasta que cada palestino pueda vivir sin miedo de perder su hogar, su tierra, su familia por la violencia estatal. Rechazamos creer que la paz vendrá sólo a expensas de la justicia”.

La solidaridad que aparece entre palestinos y afroamericanos no es de ninguna manera una casualidad, sino parte del hecho histórico en que nos encontramos, donde volverse de alguna manera consciente de una situación opresiva nos obliga a mirar cómo ella se repite por todo el mundo, bajo formas distintas, pero claramente identificables como parte de un mismo paradigma de soberanía: aquella que interviniendo la vida como tal, separándola de su forma, busca controlar y moldear completamente los cuerpos de sus súbditos. En sus casos extremos, como en Palestina o en la Sudáfrica del Apartheid, la biopolítica que constituye el núcleo de la soberanía contemporánea, deviene necropolítica, una política destinada a la muerte. Cuando el mundo se ha convertido en un gran aparato de seguridad, que imagina al pobre, al negro, al árabe o al indígena, como una mera vida intervenible, segregable y asesinable con total impunidad, aparece, por otra parte, como dice Achille Mbembe, una resistencia viceral, porque en la inmanencia de la carne, del cuerpo expuesto a la violencia, se forma una nueva resistencia, que ya no mira al pasado de modo nostálgico para recuperar una identidad perdida, sino que encuentra en esa misma corporalidad y vida intervenida los medios para ejercer su potencia contra el poder. En esa resistencia en que deviene la vida misma, ella coincide con su forma y se vuelve inapropiable para la soberanía. Ella es desde siempre vida en resistencia. Es en ese momento en que ésta adquiere la misma potencia absoluta bajo formas de vida que se habían comprendido hasta entonces distintas. La pregunta por la posibilidad de hablar de los subalternos se vuelve superflua, toda vez que estos siempre han hablado y respondido en una frecuencia a la que el poder soberano no está habituado.

Cuando aparece la solidaridad de los cuerpos en resistencia, ella no acepta distinciones de raza, religión, clase o género, porque todos ellos son solo modos en los que la resistencia se articula y no esencias de ningún tipo. Por eso Gaza queda al lado de Ferguson y de Dallas, pero también de la Araucanía en Chile y de los pasos fronterizos amurallados con que Europa ha recibido a los miles de refugiados de Oriente Medio. “Y así –dice Angela Davis– en tanto decimos ‘nunca más’ respecto al fascismo que produjo el Holocausto, debemos decir también ‘nunca más’ respecto al apartheid en el sur de Estados Unidos. Pero esto significa, primero y sobre todo, que debemos expandir y profundizar nuestra solidaridad con el pueblo de Palestina. Personas de todos los géneros y sexualidades. Personas dentro y fuera de los muros de la prisión. Dentro y fuera del muro del Apartheid”.

En una entrevista a Amy Goodman de Democracy Now, Davis muestra a Palestina no sólo como un lugar más al que se debe mostrar solidaridad, sino como un caso especialmente iluminador tanto de cómo se articula el poder como de las posibilidades de resistir. “Palestina representa aquello, me parece, que Sudáfrica representó en los 80’s y hasta el fin del Apartheid. Entonces, mientras necesitamos enfocar nuestra atención en aquello que ocurre en América Latina y Asia y Europa -por supuesto, la lucha por la inmigración allí, el racismo tan vinculado a los asuntos de los refugiados en Europa- Palestina se me aparece como el pivote que nos permite ensanchar, ampliar y extender nuestras conciencias”.

El BDS es, desde este punto de vista, el resultado más concreto de la solidaridad viceral que responde a las múltiples formas de opresión contemporáneas y que se muestran resumidas en la brutalidad israelí contra los palestinos. Como forma de acción no violenta, desmantela la gramática de la soberanía y pone el acento no en la confrontación de fuerzas, sino en la potencia-de-no, es decir, en aquella posibilidad siempre abierta de no-hacer, de des-invertir. Allí ser palestino, mapuche o latino no es nunca una esencia, sino un contexto, un modo en que existe opresión y, por tanto, surge la resistencia.

 

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Palestina hoy, Chile 1973: Una invitación a no mirar para el lado, tomar una posición y boicotear

Palestina hoy, Chile 1973: Una invitación a no mirar para el lado, tomar una posición y boicotear

Nae Pasaran cuenta una historia de boicot y solidaridad internacional, de un grupo de obreros escoceses hacia el Chile bajo dictadura, negándose a reparar los motores de los aviones que el 11 de septiembre de 1973 bombardearon La Moneda. Actualmente este documental se está exhibiendo en varias salas de cine de Reino Unido y en cada muestra el sentimiento de orgullo de los escoceses crece. También se reafirma la idea de que son un pueblo con una tradición de solidaridad internacional, del lado de los oprimidos, apoyando no sólo al pueblo chileno bajo dictadura, sino que también organizando campañas de solidaridad por Sudáfrica bajo apartheid y también por Palestina.

La reciente visita de Roger Waters a Chile ha ayudado a volver a poner sobre la mesa la Causa Palestina desde la perspectiva de una ocupación de carácter colonial a la que hay que hacerle frente. Esto significa precisamente, como dijo este músico, no mirar para el lado, tomar una posición al respecto y actuar en concordancia. De esta forma Waters invitó a sumarse a lo que él mismo ha venido haciendo hace años, como vocero de la campaña del BDS cultural, aprovechando su vitrina como un músico internacionalmente conocido. El BDS es un movimiento de acción no-violenta por la libertad, justicia e igualdad a través del Boicot, Desinversiones y Sanciones al Estado de Israel, fundado en 2006 por la sociedad civil palestina. El BDS puede abordarse desde tres campañas distintas pero complementarias, el boicot económico, el académico y el cultural, y es en este última el que la se enmarcó la charla de Roger Waters en Matucana 100. En ella, invitó a un grupo importante de artistas chilenos de distintas disciplinas a hacerse parte de este movimiento, sumándose al boicot cultural quienes, tal como cuenta Yasna Mussa, formarán la Asociación Cultural por Palestina en Chile.

La acción del boicot es una acción de protesta de larga data y que se ha aplicado en distintos contextos, tiempos y lugares. Por ejemplo, el 4 de marzo de este año se estrenó el documental Nae Pasaran del chileno Felipe Bustos Sierra en el Festival Internacional de Cine de Glasgow, a tres salas llenas en el Glasgow Film Theatre, el principal cine de la ciudad más grande de Escocia. Había expectación por el documental no sólo porque tomó varios años, concursos y campañas de financiamiento para realizarse, sino también por la historia que cuenta. Nae Pasaran cuenta una historia de boicot y solidaridad internacional, de un grupo de obreros escoceses hacia el Chile bajo dictadura, negándose a reparar los motores de los aviones que el 11 de septiembre de 1973 bombardearon La Moneda. Actualmente este documental se está exhibiendo en varias salas de cine de Reino Unido y en cada muestra el sentimiento de orgullo de los escoceses crece. También se reafirma la idea de que son un pueblo con una tradición de solidaridad internacional, del lado de los oprimidos, apoyando no sólo al pueblo chileno bajo dictadura, sino que también organizando campañas de solidaridad por Sudáfrica bajo apartheid y también por Palestina.

Sin embargo, por esos mismos años, ocurrió otro hecho de importancia internacional, pero con un resultado menos feliz, tanto para el pueblo escocés como el chileno. En 1977, previo al mundial de fútbol Argentina 78, Escocia iría a jugar un partido amistoso con Chile, en el Estadio Nacional, mismo estadio del que ya todos sabemos se usó como centro de detención y tortura. Como cuenta Felipe Bustos Sierra en su documental, en Escocia se sabía lo que ocurría en Chile y ya eran varias las acciones de solidaridad que se habían encabezado por el pueblo chileno. El hecho de que su selección nacional de fútbol fuera a jugar a nuestro país, y sobre todo, en ese estadio, generó gran controversia. Como explica Rodrigo Alarcón en su artículo, hubo una importante campaña para que la selección no fuera a jugar, instando a la Asociación de Fútbol Escocesa (Scottish Football Association, SFA) a no ser cómplice del fascismo y no manchar sus manos con sangre. Hubo discusiones parlamentarias, presiones a la SFA e incluso canciones que buscaban detener ese partido. Por ejemplo, el cantautor escocés Adam McNaughtan escribió “Blood Upon the Grass” (Sangre sobre el césped), una canción que interpelaba directamente a las figuras del fútbol escocés, como Alan Rough, Tom Forsyth, Archie Gemmill y Andy Gray, preguntándoles si es que irían a jugar a ese estadio que se había convertido en un lugar para matar, y que si lo hacían, estarían honrando el horror con su destreza (“Santiago stadium / Became a place to kill / But a Scottish football team / Will grace it with their skill”), repitiendo en el coro el verso “hay sangre en el césped”. Lamentablemente, la selección de fútbol viajó y jugó en el Estadio Nacional sin más. Claro, quienes hoy recuerdan ese hecho se avergüenzan de la complicidad de la SFA con el fascismo chileno y su nula reacción frente a esta campaña.

Imagen: People’s History Museum, Manchester.

Hoy, 41 años después está ocurriendo algo similar, pero ya no con el pueblo chileno, sino que con el palestino, cuya ocupación, apartheid y constante violación a los derechos humanos cumplió ya los 70 años. Durante octubre y noviembre juega selección de fútbol de Israel con la de Escocia y una campaña similar a la que se dio por Chile ha encabezado el grupo Escocés de Solidaridad por Palestina (Scottish Palestine Solidarity Campaign SPSC).

En uno de los folletos distribuidos en el marco de esta campaña se ve en un plano a Margaret Thatcher junto a Augusto Pinochet y en el otro, a Theresa May junto a Benjamin Netanyahu, bajo el título escrito en color rojo Chile 1973 – Palestina Hoy. El folleto equipara la necesidad del apoyo internacional para el Chile bajo Pinochet y la Palestina de hoy, donde el boicot, como hemos visto, ha jugado un rol relevante. En el folleto se lee que “los escoceses se enorgullecen por sus acciones de solidaridad internacional en apoyo a las luchas por la libertad”. Termina diciendo “la mejor manera de honrar su espíritu de solidaridad internacional y resistencia hoy es apoyando al pueblo palestino en su llamado al BDS – Boicot, desinversiones y sanciones contra el estado de Israel hasta el cese de sus crímenes contra el pueblo palestino”.

Esta campaña llama a la SFA a apoyar los derechos del pueblo palestino, a sumarse al petitorio de suspender a la Asociación de Futbol Israelí (IFA) de la FIFA hasta que Israel respete los derechos humanos de los palestinos y cumpla con la ley internacional. El petitorio destaca “la profunda complicidad de las violaciones de la ley internacional y los derechos humanos de los palestinos” de la IFA, porque ésta incluye seis equipos de fútbol con sede en asentamientos israelíes ilegales, los cuales son considerados crimen de guerra bajo la ley internacional. Por eso Escocia no debió ni debiera jugar con Israel hasta que éste cumpla con la ley internacional.

Como chilena, de ascendencia palestina, y viviendo actualmente en Escocia, espero que esta vez se siga el camino trazado por los obreros que orgullosamente cuenta Nae Pasaran y no repita el mismo error que cometieron en 1977, permitiendo que su selección mirara para el otro lado y jugara en un estadio de fútbol manchado de sangre.

Habiendo en Chile una comunidad importante de palestinas y palestinos, me parece importante que distintas organizaciones chilenas adscriban también a esta campaña para que Escocia no juege con Israel. Tal como se dice la noticia que la Federación Palestina de Chile publicó sobre esta campaña, una acción es firmar esta petición para que, aunque la SFA no cancele el partido, al menos visibilicemos que muchas personas, en muchos lugares del mundo, nos oponemos a lavar la imagen de Israel con eventos deportivos como éste. Otra, es sumarse a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones, tal como Roger Waters invitó recientemente a los artistas chilenos. Y como siempre, informarse con fuentes confiables sobre la situación en Palestina, y sobre todo ayudar que quienes nos rodean, aunque no necesariamente tengan una sensibilidad por el tema, se informen, aprendan y se sumen también al BDS.

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Roger Waters en Chile: El deber de no mirar para el lado

Roger Waters en Chile: El deber de no mirar para el lado

Este martes 13, el músico y uno de los fundadores de Pink Floyd participó en el conversatorio Resistiendo al apartheid en Palestina, evento que se enmarca en la campaña global Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel. A la cita privada, realizada en Matucana 100, asistieron artistas, músicos, escritores, actores, periodistas y representantes de organizaciones sociales.

Cuando se anunció que Roger Waters volvería a pisar Chile y ofrecería una charla privada para hablar del boicot cultural contra el apartheid en Palestina, los fanáticos de su música y trayectoria comenzaron a escribir en masa a la página del BDS Chile. Water, el músico inglés que dio la vuelta al mundo con su álbum The Wall, decidía abrir un espacio para reflexionar de manera profunda y extensa sobre otros muros y la importancia de tomar partido por el oprimido.

Como parte de su gira Us + Them, que lo ha llevado a recorrer el continente con presentaciones en Brasil, Uruguay y Argentina, este viaje incluiría la otra faceta del músico: la de activista y vocero de una campaña global que pretende poner fin a la ocupación en Palestina, promoviendo acciones no violentas a través del Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel.

La cita estaba programada a las 19 horas en el centro cultural Matucana 100. Una hora antes, una enorme fila ponía en evidencia las ansias y entusiasmo que genera Waters, no solo como bajista o músico legendario, sino también como líder de opinión y defensor de los Derechos Humanos. Banderas palestinas, hattas- ese tradicional pañuelo árabe en blanco y negro- y algunos gritos en apoyo a la causa mapuche, adelanto de un encuentro que también se repitió en Montevideo y Buenos Aires.

A salón repleto, un tímido laúd con versos árabes sonaba como música de fondo. Una bandera palestina atravesaba el escenario y un público impaciente por el evidente retraso comenzó a aplaudir. Eran las 19 horas con 42 minutos cuando el periodista Rafael Cavada subió al escenario y con un intenso suspiro presentó al músico inglés.

Allí estaba Roger Waters: delgado, alto, simple y, al mismo tiempo, imponente. Del fondo de la sala se escuchó un “I love you Roger” y un firme “Free Palestine”. Waters terminó de saludar y una decena de fotógrafos tuvo que retirarse del salón, incluído un gráfico que vestía la camiseta del equipo de fútbol Palestino con el mapa del territorio histórica, como un guiño de complicidad o una muestra de que trabajo y pasión a veces van de la mano.

Roger Waters comenzó la charla explicando cómo se involucró en la campaña BDS, luego de recibir un llamado para cancelar un concierto en Tel Aviv. Relató cómo las conversaciones, especialmente con Omar Barghouti, lo llevaron a involucrarse al punto de ser hoy su principal rostro y vocero.

El músico conoció campos de refugiados y fue testigo de la realidad que viven millones de palestinos bajo ocupación. Incluso, en una de sus visitas, lejos de firmar autógrafos en alguna tienda de discos, el bajista tomó un spray con pintura roja y escribió sobre el hormigón: “No al control del pensamiento”.

El muro de 8 metros de alto que Israel construyó para separar a los palestinos, y de paso fijar una frontera unilateral que se instala como símbolo indiscutible del apartheid, exhibía así la firma de Roger Waters en medio de grafitis y pinturas de protesta. Desde entonces, el británico se ha convertido en la cara más visible de la campaña del BDS, instando a cada artista que agenda un concierto en Israel o en Palestina Ocupada a desistir como un acto de rechazo explícito al actuar de Tel Aviv.

Desde entonces, sumó como parte de la campaña a destacados personajes como Stephen Hawking, Meg Ryan, Elvis Costello, Brian Eno y Ken Loach. También logró que músicos como Stevie Wonder, Pharrell Williams, Gorillaz, Natalie Imbruglia y Lorde cancelen sus conciertos en territorio israelí.

Un compromiso que ha tenido un costo al menos simbólico para el británico, quien ha sido acusado de antisemita por el lobby sionista y el gobierno israelí. Incluso en esta visita a Santiago, la comunidad sionista de Chile realizó una petición online para expulsar al músico bajo este argumento.

¿Por qué se pone en la línea de fuego tomando partido por los palestinos?, preguntó Rafael Cavada.

-No lo sé. Hay gente que me lo dice, pero es irrelevante. No sé si estoy arriesgando algo-, respondió despreocupado Roger Waters.

/ Felipe Báez

El músico se remontó a su historia familiar. Su padre se negó a ser parte del ejército durante la Segunda Guerra Mundial, pues como cristiano se sentía incapaz de matar a otros. Entonces le encomendaron manejar una ambulancia en Londres y allí conoció a su esposa y se hizo comunista. El 42′ volvió donde sus superiores y les dijo que había cambiado sus convicciones políticas y estaba listo para matar nazis. Lo convirtieron en oficial, lo enviaron a Italia, y allí murió luchando en 1944.

-Ese fue mi padre. No tengo opción más que luchar contra los nazis que tengo yo ahora enfrente. Y no me hace en nada diferente a mi padre-, dijo Waters en medio de una ovación general.

Hacia el final de la conversación, Cavada leyó algunas preguntas del público. Varias de ellas apuntaban a la historia política chilena y la situación que vive el pueblo mapuche, a la que compararon con lo que sufre el pueblo palestino. Waters hizo referencia a cómo Chile se convirtió en 1973 en un experimento de la economía neoliberal y cómo Pinochet le mostró al mundo que robar recursos para entregarlos  a una élite sólo se pudo lograr con el uso de la fuerza militar.

“Esta lucha y las luchas de los pueblos siempre se han visto invisibilizadas. Por eso es importante que un referente como él se de cuenta y esté consciente que nosotros estamos en Chile viviendo la represión. Además, también nombró lo que pasa en Argentina, dando a conocer que el pueblo mapuche no tiene frontera entre los dos países”, diría más tarde Onésima Lienqueo, vocera de la Red por la Defensa de la Infancia Mapuche.

Luego de más de una hora de conversación, Roger Waters se despidió de Matucana 100 para retirarse a su hotel y prepararse para el concierto que ofrecerá esta noche en el Estadio Nacional. Rafael Cavada cerró la noche leyendo una declaración firmada por numerosos artistas chilenos que anunciaban su compromiso a través de la creación de la una Asociación Cultural por Palestina.

“Hoy, como grupo de trabajadores de la cultura en Chile, hemos decidido ponernos del lado de los que sufren en el silencio, de quienes son constantemente hostigados por militares y colonos. De quienes no pueden ir a ver un simple partido de fútbol o un concierto de música. De quienes no conocen la risa o la comedia”, rezaba la carta leída por Cavada y que firmaron, entre otros, Ana Tijoux, Roberto Márquez de Illapu; Teresita Reyes, Raúl Zurita, Mariana Loyola, Juanito Ayala, y Camilo y Abel Zicavo de La Moral Distraída.

Varios de ellos, presentes en el acto, subieron al escenario para personificar su apoyo y recibir camisetas de Palestino, como un presente que sellaba el compromiso con el BDS.

“Me parece un paso gigante en la definición del apoyo del mundo de la cultura hacia lo que está viviendo Palestina. Me siento muy honrado de que hayan pensado en mí como uno de los embajadores. Creo que esta visita de Roger Waters fue una lucecita para encender esta energía que se tiene que propagar por el resto de los colegas para que sigamos siendo más activos en nuestro apoyo hacia Palestina”, dijo el músico Juanito Ayala.

“Todo lo que dijo Roger Waters yo lo pienso igual y lo proclamo igual. Me parece que hay un deber en ser una persona relacionada con el arte y que tiene que ver con hacerse cargo de ciertos compromisos políticos. En el caso de Palestina se me hace un espejo inmediatamente con los niños del Wallmapu, por ejemplo, y me parece que hay que visibilizar un horror que lleva demasiados años y es demasiado injusto. La manera concreta de hacerlo es con el BDS”, dijo emocionada la actriz Mariana Loyola.

Y ese compromiso que Waters asumió hace años, es valorado por BDS Chile, que formó parte de la organización del conversatorio de este martes. “Esto no es distinto a la labor que hacer Roger Waters todos los días, al denunciar el apartheid y las violaciones a los Derechos Humanos y estamos muy felices de que se haya presentado junto a figuras de la cultura chilena para expandir el mensaje del BDS”, destacó Abraham Saba, vocero de la UGEP y BDS Chile.

Hace 4 años, en septiembre de 2014, Waters se paseaba por los pasillos del centro Albert Hall en Bruselas, Bélgica, para ser uno de los miembros del Tribunal Russell para Palestina. La instancia, era una réplica del original, creado en 1962 por Lord Bertrand Russell y el filósofo francés Jean Paul Sartre, quienes lo establecieron para investigar y evaluar la intervención en Vietnam. El escritor Julio Cortázar también fue parte de esa iniciativa.

Décadas después, en 2007, se constituyó la versión palestina. Nuevamente  lo conformaron connotadas personalidades, quienes decidieron organizarse para denunciar la impunidad de los crímenes de Israel, basándose en el derecho internacional y así marcar un precedente ante la indiferencia de otros organismos internacionales.

En ese otoño europeo, Roger Waters dijo durante su intervención, que estos crímenes que han sido justificados por los medios de comunicación occidentales y tradicionales, lo hacen temblar de desesperación. La audiencia, tuvo que contenerse durante toda la jornada para no expresar su respaldo con aplausos y respetar así las formalidades del tribunal.

En aquella ocasión, apareció- delgado, alto, simple y, al mismo tiempo, imponente- como parte de la comitiva ante el Parlamento Europeo. Llevaba consigo una guitarra. Era el minuto de entregar las conclusiones del tribunal y Waters consideró que la mejor manera de hacerlo era cantando.

Esta vez, en Chile, demostró que su versatilidad no está presente sólo en su música, sino también en su manera de luchar y defender los Derechos Humanos.

/ Felipe Báez

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Benjamín Vicuña sumó a Roger Waters para un documental sobre un grupo de actores palestinos

Benjamín Vicuña sumó a Roger Waters para un documental sobre un grupo de actores palestinos

«The Freedom Theatre» es el nombre del documental que está siendo producido por el actor chileno y que contará con la música del ex Pink Floyd.

Benjamín Vicuña sumó a un músico de talla mundial para el documental que se encuentra produciendo que está enfocado en la lucha de Palestina.

Según consigna La Tercera, el actor trabaja hace casi 3 años en la realización de «The Freedom Theatre» que cuenta la historia de un grupo de actores de un campo de refugiados palestino que ensaya una obra de teatro con el fin de estrenarla en Nueva York.

La necesidad de darle voz a los sin voz. Son personas resilientes que aparecen, que emocionan y son inspiradoras para cualquiera en el mundo. Ellos viven esta problemática que existe, y que está de alguna forma silenciada, porque todos nos hacemos los locos. Es de una injusticia gigantesca”, cuenta Vicuña sobre la producción.

El actor pretende que el documental tenga impacto mundial es por esto que reclutaron al músico Roger Waters, quien recibió el trailer del documental y ofreció sus canciones para musicalizarlo.

Las canciones que el ex líder de Pink Floyd entregó al documental son «Perfect sense II” de su álbum «Amused to death» y “Part of me died”, que aparece en su LP más reciente llamado  «Is this the life we really want?».

Es un espaldarazo tremendo de un genio de la música y no solo de la música, también de la política. Es un tipo muy relevante, inteligente, sensible. Su espaldarazo artístico, por supuesto, que le da una dimensión muy importante al proyecto”, afirma Vicuña.

El documental busca darle una vitrina a los jóvenes palestinos que viven en un ambiente hostil debido a los conflictos que tienen con Israel.

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El sionismo cristiano y el fin de los tiempos

El sionismo cristiano y el fin de los tiempos

A pesar de sus evidentes diferencias, sin embargo, ambos sionismos religiosos –el judío y el cristiano– se han vuelto fuertes en el mismo momento alimentados por el sionismo tradicional, que ve con buenos ojos la expansión del lobby israelí, por una parte, y la violencia paraestatal que le hace avanzar terreno en la colonización de Palestina.

La conmemoración de la Nakba [Catástrofe] palestina en 2018 estuvo marcada por el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, ciudad que el derecho internacional reconoce como ocupada, pero que Israel, desde su conquista militar en 1967 reconoce como su capital, negando las aspiraciones políticas de los palestinos, nativos de la ciudad y del país. Ese día comenzó también la Gran Marcha del Retorno, que puso de protagonistas a los habitantes de Gaza, la ciudad que Israel ha convertido en un campo de concentración para más de un millón y medio de personas. Mientras los gazatíes eran asesinados brutalmente por las armas de ejército israelí, en Jerusalén Netanyahu recibía al yerno y a la hija del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ambos funcionarios de su gobierno y, en el caso del primero, además financista de los asentamientos ilegales en los Territorios Ocupados [1].

En la pomposa ceremonia no pudo pasar desapercibido el pastor estadounidense Robert Jeffress, que hizo una plegaria y un reconocimiento a Trump, a quien definió como estando “a la derecha de Dios” [2]. El evangélico, que cumplió un rol protagónico en la campaña presidencial de Trump es el líder de una corriente que mediáticamente se ha tendido a llamar «sionismo religioso», dado que apoya de manera decidida las políticas de Israel, especialmente las de la extrema derecha, ya por varios años en el poder.

El sionismo religioso tiene una particularidad, que determina su apoyo a Israel de una manera paradójica. Apoyar al Estado judío es también acelerar el proceso del fin de los tiempos, es decir, hacer venir lo que la biblia llama el apocalipsis. De acuerdo a Elizabeth Oldmixon, los evangélicos en Estados Unidos que adhieren a esta novedosa forma de sionismo –cuyas raíces se unden en el protestantismo restauracionista surgido en el siglo XIX–  conformarían un tercio de la población evangélica del país, con cerca de quince millones de fieles. Oldmixon indica que “Esta es la gente que cree que habrá un milenio en el futuro, una edad de oro, donde Cristo reinará en la Tierra, y creen que antes de que Cristo regrese, habrá una tribulación donde éste vencerá al mal. Habrá desastres naturales y guerras, y tal vez un Anticristo, como lo señala el libro de Apocalipsis. Entonces, al final de ese período, el pueblo del pacto mosaico, incluyendo a los judíos, se convertirá. Luego, después de su conversión, comienza el gran milenio” [3].

Para estos evangélicos, los eventos del siglo XX que condujeron a la creación del Estado de Israel fueron un evidente signo divino, que indicaba que el cumplimiento de las profecías bíblicas, de modo que procuraron participar activamente en el lobby israelí, como aliados de un Estado judío, que es instrumento de una realidad superior en la que el mismo Estado es destruido y sus habitantes convertidos. Por ello, esta teología política se diferencia absolutamente de lo que hemos conocido en los últimos años como sionismo religioso, conformado por judíos fundamentalistas que incorporaron el proyecto sionista –originalmente laico y opuesto al judaísmo religioso– y lo dotaron de una espiritualidad que los ha colocado como punta de lanza del proyecto de colonización en los territorios ocupados. No, los cristianos sionistas no están interesados en la tierra de Israel per se, sino que su conquista es sólo un signo de aquello que está por venir de la mano de un Dios cristiano.

La importancia del sionismo cristiano en el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén es de gran relevancia, dado que el gobierno de Trump está estrechamente vinculado con esta tradición apocalíptica. De hecho, desde 2006, la corriente cuenta con una organización de más de tres millones de socios llamada Cristianos Unidos por Israel (CUFI), creada por el pastor John Hagee, que en la última campaña presidencial trabajó doblemente por el apoyo a Trump y al lobby israelí. El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, es de hecho un sionista cristiano y ha sido fundamental en el proceso de confluencia entre tales ideas y las de la extrema derecha de tintes antisemitas. De hecho, plantean Quinn y Drimmer, Pence hace un uso instrumental de los judíos, que sin dejar de considerarlos inferiores, son la pieza fundamental para la consumación de los tiempos [4] y el propio Hitler es visto por la CUFI como “un ‘cazador’ enviado por Dios para llevar a los judíos ‘de regreso’ a Palestina para que el plan divino de ‘regresar’ a los judíos a la Tierra de Israel pudiera llevarse a cabo” [5]. Junto a Pence está Sara Huckabee Sanders, secretaria de prensa de la Casa Blanca, y Sara Palin, quienes ejercen gran influencia en la administración de Trump y son ardientes sionistas cristianas [6].

A pesar de sus evidentes diferencias, sin embargo, ambos sionismos religiosos –el judío y el cristiano– se han vuelto fuertes en el mismo momento alimentados por el sionismo tradicional, que ve con buenos ojos la expansión del lobby israelí, por una parte, y la violencia paraestatal que le hace avanzar terreno en la colonización de Palestina. Pero de un modo más profundo, ambos proyectos son parecidos porque utilizan la religión para la consumación de un proyecto político que jerarquiza la vida de los humanos dejando, en este caso, a los palestinos en el lado de lo que es desechable.

La confluencia de movimientos racistas de distinto cuño y con propósitos en algunos puntos antagónicos, resulta preocupante, sobre todo por el enorme poder que han ido adquiriendo entre sectores más vulnerables de la sociedad, cuya despolitización funciona también como un medio para la llegada de ideologías mesiánicas que sólo adquieren sentido argumental estableciendo oposiciones básicas entre creyentes e infieles, civilizados y bárbaros o plenamente humanos y poblaciones posibles de ser exterminadas impunemente. En Chile ya hemos visto a los seguidores del pastor Soto con banderas israelíes, así como actos enormes en los que evangélicos enarbolan dichos símbolos financiados por personalidades de la comunidad judía [7], que ven como una oportunidad lo que es, en realidad, el más grande peligro del mundo contemporáneo.

La única alternativa capaz de romper con dicha tendencia que alimenta nuevos fascismos por el mundo, es la de evidenciar que no es en la propiedad de las identidades donde se juega la política, sino en la participación de lo común, lo que es inapropiable y por tanto imposible de ser destinado a un pueblo elegido, ni consumado para un apocalipsis del que solo sobrevivirán unos pocos.

NOTAS

[1] Haaretz, 28 de febrero de 2018. URL: https://www.haaretz.com/us-news/.premium-jared-kushner-s-business-interests-in-israel-revealed-in-full-1.5865165

[2] Vox, 14 de mayo de 2018. URL: https://www.vox.com/2018/5/14/17352676/robert-jeffress-jerusalem-embassy-israel-prayer

[3] Ibídem.

[4] The Washington Post, 1 de febrero de 2018. URL: https://www.washingtonpost.com/news/made-by-history/wp/2018/02/01/the-apocalyptic-vision-behind-mike-pences-holocaust-comments/

[5] Electronic Intifada, 6 de junio de 2018. URL: https://electronicintifada.net/blogs/asa-winstanley/religious-extremism-heart-us-support-israel

[6] Middle East Eye, 8 de enero de 2018. URL: https://www.middleeasteye.net/essays/battle-armageddon-776157873

[7] Cooperativa.cl, 3 de noviembre de 2016. URL: https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/manifestaciones/farkas-regalo-dos-mil-banderas-para-la-marcha-de-los-evangelicos/2016-11-03/154957.html

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