Noticias

Autor de libro sobre el Movimiento Social Patriota: “Son gente normal y eso es amenazante”

Por: Sebastián Reyes | Publicado: 17.09.2022
Autor de libro sobre el Movimiento Social Patriota: “Son gente normal y eso es amenazante” Portada_Perez-de-Arce |
Colgaron maniquíes vestidos de curas, derramaron vísceras de animales en la calle y boicotearon a una empresa transnacional de lácteos. En El Desconcierto conversamos sobre el historial del MSP con Rodrigo Pérez de Arce, investigador que estuvo conviviendo con sus militantes durante 10 meses y reveló los secretos de este grupo nacionalista.

“Pedófilos muertos, problema resuelto”, decía uno de los carteles que acompañaban una performance callejera, realizada en el puente Condell del río Mapocho una mañana de febrero en 2018. De la pasarela peatonal, caían y colgaban con una cuerda atada en el cuello muñecos vestidos como personas, simulando la horca con la que castigarían a quienes cometen estos crímenes.

Esa fue la primera vez que Chile supo del Movimiento Social Patriota (MSP), un grupo de corte nacionalista, que rápidamente se hizo más conocido debido a acciones de protesta de este tipo. De hecho, en junio del mismo año también colgaron muñecos en el mismo puente, pero esta vez vestidos de sacerdotes, junto a la consigna “Cura abusador, a la horca por traidor”

Si bien comenzaron a caracterizarse por llevar una forma de manifestación cada vez más cruda y directa, como cuando esparcieron vísceras de animales durante una marcha pro aborto, su mayor golpe lo dieron con una campaña para boicotear a la empresa internacional Soprole, en favor de Colún y Loncoleche, compañía que supuestamente comercializaban productos “nacionales” o “fomentaban el trabajo de chilenos”. En aquella oportunidad, la misma transnacional reconoció un impacto en sus utilidades debido a la campaña de desprestigio del MSP.

Luego vino el estallido social y la pandemia, y lo que había empezado con tanto ímpetu se fue diluyendo con el “octubrismo”, la contingencia sanitaria y el proceso constituyente. Sin embargo, y aunque en MSP ya no tenga mayor influencia en la escena nacional, sus adherentes están lejos de haber desaparecido.

De hecho, y contrario a la creencia popular de que son personas desquiciadas y violentas que se ubican en los márgenes de la sociedad, son gente común y corriente, y podría ser tu compañero de trabajo, tu hermano o una prima. Así lo plantea al menos el investigador Rodrigo Pérez de Arce, autor de “Contra todo lo podrido: Una crónica sobre nacionalismo chileno”, quien convivió con militantes de este movimiento entre enero y octubre del 2019.

En diálogo con El Desconcierto, el autor entrega su propia radiografía a la versión contemporánea del nacionalismo en Chile, una tendencia política radical que encuentra sus bases en la propia idiosincrasia nacional.

El líder y los orígenes del MSP

– ¿Por qué surgen movimientos como el MSP en un contexto como el actual? ¿De dónde proviene su fuerza?

Creo que este tipo de movimientos se enmarcan en una explosión de los movimientos sociales, es un tipo de movimiento social que busca posicionar una parte de su identidad como una demanda política. Hay una convergencia extraña y sorprendente entre este tipo de movimientos y los que aparecen en la izquierda.

En el caso concreto de los nacionalismos, si uno mira el concepto más amplio, te das cuenta que en la amplia derecha, o más bien en la «anti-izquierda», están apareciendo muchos movimientos chicos de tendencias similares. Está el mundo libertario, el más trumpista de ese estilo, y otra parte es el Movimiento Social Patriota (MSP) y el nacionalismo.

– ¿Cómo nace particularmente este movimiento?

El MSP nace de la convergencia de muchos grupos distintos, pero en concreto, el grupo de conducción era un grupo de amigos que hacían ayuda social en Macul. Entregaban frazadas, alimentos, construían casas para perros de la calle, etc. Y producto de una experiencia muy específica, el fracaso de conducir a uno de esos amigos que recae en la droga, deciden politizarse, pasar a la arena política.

– Pero eso pasó por la decisión del líder de este grupo, que era cercano a esa persona. Es decir, lo siguieron a él en el fondo.

Claro, de hecho la experiencia concreta se refiere a dos medios hermanos, uno de los cuales es Pedro Kunstmann, quien logra aglutinar y dirigir a tribus distintas en torno a un mismo movimiento. Su figura es súper central en que todo esto se vuelva posible. Él tiene la claridad ideológica, e incluso en su figura física te muestra los rasgos de un nacionalista. Además, tiene un don de mando que es realmente impresionante.

Entonces, cuando pasa esto, lo que era un grupo de amigos que se juntaban a hacer artes marciales y ayuda social, se transforma en un movimiento político. Ahí empiezan a traer a gente de otras raíces, que venía «de otras luchas nacionalistas», como dicen ellos.

– En la cita de Orwell que pones al comienzo del libro haces una distinción entre patriotismo y nacionalismo. ¿Por qué eliges comenzar así?

El primer motivo es centrar la discusión, poner un marco en torno al cual uno puede discutir, porque, además, a mí me interesaba exponer que no soy nacionalista y qué entiendo por eso. Eso quizás es una consideración más metodológica.

Pero el segundo propósito es que creo que existe algo así como un amor a la patria «sano», que articula a la comunidad, pero que al mismo tiempo no es violento, no es xenófobo, no trata de echar a patadas al resto y permite cierta coexistencia pacífica. A mí me parece que ser chileno, o pertenecer a una nación, es un concepto que hasta cierto punto está abierto, no es algo que esté escrito en piedra. En cambio, y esta es una de las críticas que le haría al MSP, ellos creen en una nacionalidad que está fija, que exige ciertos valores y que, si no los cumples, estás fuera. Además, el MSP es potencialmente muy violento, a mí no me tocó ver, pero sí hay un coqueteo permanente con la violencia.

– Entrenar el cuerpo y «estar listos», como dicen…

Exactamente. El «estar listos» está referido en la práctica a la guerra. Es estar listos para responder a las agresiones que pueden haber contra ellos, y además el tema de la preparación física tiene que ver con una resistencia al «liberalismo McDonald’s», como lo llaman ellos: es este globalismo que te quiere guatón, flojo, jugando Play Station y totalmente desconectado.

Entonces, hay una politización del cuerpo que también es bien interesante, porque, de alguna manera, los pone mucho más cerca de lo que uno podría considerar como ciertas formas de feminismo, por ejemplo, donde hay una toma de consciencia política del cuerpo. 

“Tercera vía”

– En sus principios, el MSP se plantea como una tercera vía, ni derecha ni izquierda, tesis a la que tú adhieres en el libro. Sin embargo, históricamente el nacionalismo es asociado a la extrema derecha. ¿Qué hace que el MSP se instale por fuera del espectro político?

Ellos hoy incluso te dirían que son una segunda vía, no una tercera vía, porque creen que tanto la izquierda como la derecha son igual de liberales. ¿En qué consiste su vía y por qué a mí no me parece tan correcto situarla en la extrema derecha? Si bien comparten algunas notas con ese sector, como el tema del control de las fronteras, la migración, temas de seguridad y militares, que les interesan mucho que el Ejército y Carabineros sean instituciones muy fuertes, son antiliberales. No les gusta el libre mercado o derechamente piensan que es el enemigo que disuelve a la nación.

No les gustan las multinacionales, detestan a las Big Tech: Netflix, Apple, Google, etc. Pero, al mismo tiempo, ocupan las herramientas que te dan esas plataformas, entonces es algo bastante paradójico. Y, por el contrario, son bien extremos en el tipo de economía y de Estado que se imaginan. Admiran mucho el proceso de la Unidad Popular, encuentran que Allende, más allá de su relación con el comunismo —porque son anticomunistas— hizo bien en nacionalizar el cobre. Les gustaría algo de ese estilo que fortalezca el mercado interno, la industria nacional, al pequeño productor chileno.

– ¿Cuál es la característica común fundamental de quienes militan en el MSP?

Que son gente común y corriente. Eso es lo que más salta a la vista, más allá de la ideología. Mi impresión es que no comparten claramente un cuerpo doctrinario, sino más bien una sensibilidad por lo chileno, por ciertos valores nacionales, por un pasado romántico. Pero son gente normal, y eso es sorprendente y amenazante. 

Sería mucho más fácil decir que son un grupo de skinheads, de pelados con bototos que se visten con ropa de cuero negro, pero la verdad es que podrían ser cualquiera de nosotros. Podría ser tu compañero de pega, tu hermano, tu prima, que, por distintos motivos, terminan militando en una organización que los lleva a una radicalización política.

– Si hubiera que hacer una descripción en términos de rango etario, estrato social, actividad económica y género, ¿dónde el MSP tiene más fuerza?

En general son mayoritariamente hombres, a pesar de que no es un movimiento híper machista. Había, de hecho, una especie de paridad en las vocerías, tanto en el frente adulto como en el juvenil. Eso me sorprendió mucho. Son de comunas más populares o de clase media, había sólo algunos de clase alta.

Todos tienen una escena o un vínculo de la niñez con lo chileno, por ejemplo, que los abuelos bailaban cueca, o que el 18 de septiembre era una fecha particularmente importante para sus familias, y que, al mismo tiempo, tuvieron trayectorias de vida inestables en algunos momentos. 

Habían dos grupos, uno que era más bien joven, escolar o universitario, y otro profesional adulto, desde los 45 años para arriba. Ahí, lo más llamativo es que, lo que los juntaba, tanto socioeconómicamente como en edad, era Pedro. Él era el amarre, porque los más chicos lo admiraban y los mayores lo respetaban. 

El PDG, Gaspar Rivas y José Antonio Kast

– ¿Qué pasó en el último tiempo con su líder Pedro Kunstmann? ¿Por qué perdió influencia pública?

Pasaron varias cosas, pero hoy Pedro está más cerca del Partido de la Gente (PDG) que de otra cosa. Es algo bien extraño, porque uno pensaría que se identificaría con el Partido Republicano, y es que parte de estos movimientos terminan llegando a espacios de carácter más bien populista, más que a la extrema derecha.

Ahí, el punto de convergencia es Gaspar Rivas, quien fue presidente del MSP y hoy es diputado por el PDG. Creo que Pedro sigue teniendo influencia dentro de su rebaño, como que tiene su feligresía. Pero esto lo mueve a través de su canal de Youtube. 

Pasaron tres cosas que hacen que Pedro pierda relevancia. Lo primero es la Marcha por la Chilenidad, que si bien marca un hito, llegaron muy pocas personas. Lo segundo es que vino el estallido social, y ellos, a pesar de que compartían muchas cosas con eso, de alguna manera quedan fuera, y la radicalidad cambia de bando. Octubre es mucho más radical y masivo que los social patriotas.

Y tercero, es que estos grupos tienen una dinámica que son como estrellas fugaces: aparecen, generan mucho ruido, hacen un escándalo tremendo con acciones de protesta muy comentadas, pero después no logran convertirse en nada estable. Aquí, en concreto, hubo un intento de transformarse en partido y eso fracasa. Todo esto hace que, después con la pandemia, este movimiento pierda vigencia.

– ¿Qué quedó del MSP en Gaspar Rivas?

Creo que mucho, y él era tremendamente influyente en su momento, sólo que como era una figura más bien marginal en la política chilena no nos dábamos cuenta. Si te acuerdas del video donde se vuelve famoso al tratar a Luksic de «hijo de puta», ahí también se tira un programa súper nacionalista. No es de momio derechista pedir que nacionalicen o que estaticemos la gran minería del cobre, no es de momio derechista pedir que repongan la pena de muerte, entonces ahí hay todo un programa nacionalista muy fuerte.

Hoy en día, al menos entre muchas personas del mundo que representa Gaspar Rivas, siguen siendo tremendamente relevante estas ideas. Puede que no estén explicitadas como algo nacionalista, pero la conexión es súper clara: la figura del sheriff, y que «aquí estoy para ponerle el pecho a las balas», de inmolarse por su causa, por los colores de Chile, son lógicas y discursos que se repiten mucho en el MSP. Son ideas muy permeables, que convencen a mucha gente, y creo que eso está pasando bajo los radares de todo el sistema político.

– ¿Hay algo en común entre el MSP y el PDG? 

Yo diría que no son iguales, pero tienen la posibilidad de actuar juntos en ciertas coyunturas. El PDG es un partido del «turbo capitalismo», muy del individualismo neoliberal, también tiene todo el rollo de las criptomonedas, de «sea su propio jefe», del emprendimiento, es decir, conectan con experiencias reales. 

Al mismo tiempo, tienen todo el tema del control migratorio, que yo creo que ahí sí tienen una agenda común. La popularidad del PDG en ciertos lugares, sobre todo en el norte de Chile, asociado a la figura de Franco Parisi, puede dar la plataforma para que líderes que estuvieron en el MSP o en la ola nacionalista, terminen con representación política que de otra manera no tendrían.

– ¿Crees que líderes de ultraderecha como José Antonio Kast le dan algún tipo de conducción política al MSP? ¿Hay bases de votantes ahí?

Creo que con Kast pasa algo parecido que con Pinochet. Son figuras que uno tiende a identificar con estos movimientos, pero que en verdad corren por carriles separados. Yo creo que sí hay una base de votantes, o sea, entre Gabriel Boric y José Antonio Kast, deben haber votado por Kast, me imagino. Pero, al mismo tiempo consideran que es un liberal, y que el libre mercado no es compatible con la comunidad nacional, porque la rompe, la pudre. 

Hay un video del MSP que llama mucho la atención, en el cual son tremendamente críticos de Kast, y en otro tratan a Pinochet de «el falso patriota que engañó a Chile». O sea, son antipinochetistas, y esta es una característica que se mantiene en todo el nacionalismo chileno, desde Patria y Libertad en adelante.

El MSP en el mapa

– ¿Qué diferencias hay entre el MSP y otros movimientos como Capitalismo Revolucionario de Sebastián Izquierdo, o La Vanguardia? 

Quizás las diferencias son más grande con Capitalismo Revolucionario, porque son justamente capitalistas, son liberales. Ocupan la simbología y los colores del mundo libertario, el amarillo y la serpiente del Don’t thread on me. Entonces, ahí no hay una lógica nacional exactamente. 

El MSP habla de una unidad nacional, de la historia de Chile, trata de hacerse cargo de ciertas raíces genéticas, que para ellos son muy importantes y para los liberales no. Eso también los distingue del Team Patriota de Pancho Malo, por ejemplo, que es trumpismo a la chilena.

– ¿Y con los clásicos movimientos neonazis chilenos?

Mi impresión es que el neonazismo como tal, además de la referencia a lo alemán y a lo ario, tiene todo un rollo mitológico y esotérico muy fuerte. Que están peleando las fuerzas del bien y el mal entre sí, y es una lucha en la que ellos tienen algo que hacer. Además, viene con ciertas teorías de la conspiración propia. No quiero decir que los nacionalistas no crean en teorías de la conspiración, pero para el neonazismo son distintas. Para ellos, Hitler nunca murió y está enterrado en la Antártica, o el propio Hitler es un avatar que aparece en el Kaliyuga, el período de inestabilidad del mundo. 

Ahí hay una diferencia que es bien central, el neonazismo se ancla en cierta mitología del mundo, en cambio este nacionalismo pone su énfasis en lo genético, en que hay una especie de selección natural, una evolución de la raza chilena que se va dando en el tiempo, y que hace que los chilenos, en teoría, tengamos un mayor mérito para vivir, reproducirnos y tener nuestras instituciones en este territorio. Para ellos, la pelea no es entre el bien y el mal, sino entre el globalismo y el soberanismo.

– Ya me comentabas que en el estallido quedaron fuera del octubrismo. Hacia el final del libro, dices que tienen cosas en común, pueden salir a marchar y encontrarse en la misma arena. Pero al final quedaron marginados. ¿Por qué?

Aunque el MSP, a mi juicio, vislumbra algunas de las cosas que aparecen en octubre, creo que la manera en la que articulaban políticamente el malestar no tenía mucha conexión ciudadana. Este es un primer elemento. Lo segundo es que para ellos lo más importante era la nación, no la agenda que apareció en octubre.

– ¿Pese a que habían elementos en común?

Exactamente. O sea, es cierto que la crítica al TPP-11 es igual en los dos lados, en el Frente Amplio y la izquierda, y en el mundo nacionalista. Pero es una cuestión coyuntural y circunstancial, que no le hace tanto sentido a la gente. 

Lo último es que yo creo que la figura de los líderes no logran trascender mucho más allá de los límites de ese movimiento. Es una figura que más allá de sus virtudes y fortalezas como líder, igual genera división, es conflictivo, es duro y yo creo que no logra traspasar esa popularidad en un grupo pequeño a algo más grande porque.

Además, este tipo de nacionalismos son muy críticos de lo que representa la estética del octubrismo. Encuentran que es pura degeneración, puro bacanal, puro feísmo. Entonces, coquetean, están cerca, les gusta un poco el estallido, pero al mismo tiempo, y muy rápido, se dan cuenta de que no es su volá, que no van a poder lograr conducirla. Nadie la pudo conducir.

Después de esa coyuntura, el MSP se sale de ahí y se desbanda. Hoy día, de hecho, si tú miras a donde aspira el MSP son dos referentes: Uno es Bukele y el otro es Putin. Y eso no tiene muchas posibilidades de éxito hoy día en Chile.

Apruebo de entrada y Rechazo de salida

– En uno de sus videos de Youtube, el líder del MSP, Pedro Kunstmann, dice que si el texto constitucional hubiera incluido la nacionalización del cobre, hubiera votado Apruebo. ¿Qué votó el MSP en los dos plebiscitos, tanto en el de entrada como el de salida?

En el de entrada, la mayoría es del mundo del Apruebo, porque la Constitución del 80 era sindicada como la Constitución globalista, de los TLC, la agenda valórica progresista y la disolución de la comunidad nacional. Hay un odio muy fuerte por Pinochet, tan fuerte como el que uno podría encontrar en la izquierda.

Pero en el de salida son más cercanos al Rechazo, pero no por el tema de los pueblos originarios, que para ellos es súper importante. Hay un rescate de las culturas originarias que es bien llamativo. Pero ellos encuentran que el proceso constituyente es una oportunidad perdida de avanzar en fortalecer a la nación. Aquí, en el fondo, tienen un voto más parecido al del trotskismo que al de la UDI, porque consideran que no se tocaron las relaciones de producción, la propiedad de la minería del cobre, la capacidad militar del Estado. Entonces, yo creo que estuvieron mayoritariamente por el Rechazo, aunque por motivos distintos del resto.

– ¿Crees que hay coincidencias en el ideario del Rechazo con los militantes del MSP?

El Rechazo, por su masividad, no lo podemos poner en la misma caja.

– Me refiero a algo que pueda explicar este factor sorpresa, que pueda explicar la amplia brecha que se dio entre Apruebo y Rechazo…

Sí, creo que hay algo que aparece en el estallido y en el Plebiscito de salida, y que es el error a mi juicio de la Convención y un problema para las izquierdas, y es que no logran hablar en categorías universales. Hay una particularización de la identidad que vuelve difícil hablarle a la comunidad, como sí te permitía, por ejemplo, la clase. Por eso hablar del país, usar sus símbolos, reconocerlos y darle significado, es algo tremendamente importante. 

Uno de los momentos críticos para el Apruebo fue el tema de la bandera en el acto en Valparaíso, porque le pega a algo que es universal. A pesar de que no nos gusta, que encontramos que creer en la bandera es algo pasado de moda o es un resabio a la dictadura, yo creo que hasta cierto punto le pega a algo que es relevante para el país.

Por eso yo creo que lo que denuncia el nacionalismo es, en cierta medida, correcto. Le apuntan a algo que es cierto: hay un desarraigo, una desconexión, una irrelevancia a la que está sometida una parte muy importante de la población que siente que no es tomada en consideración por las élites del sistema político, económico y cultural.

– ¿Crees que estos sectores nacionalistas se potencien tras el triunfo del Rechazo?

Es difícil evaluarlo. Pero yo creo que vamos a tener que acostumbrarnos a movimientos de este tipo que estén haciendo ruido en nuestra esfera pública. 

– ¿Mientras dure el proceso constituyente?

Claro, mientras estemos en esta etapa de reacomodo de las fuerzas políticas, de los partidos y de las dirigencias. Puede que no sea el MSP en sí, puede que sea otro movimiento. De hecho, Pancho Malo está capitalizando eso de una manera mucho más decidida. Pero sí, vamos a tener que acostumbrarnos a este tipo de movimientos por un tiempo más o menos largo.

– ¿El Team Patriota de Pancho Malo es el sucesor más inmediato del MSP?

Sí, yo creo que eso ya está pasando, es muy evidente. Y ahí te das cuenta que no es necesario que todos compartan las mismas ideas para movilizarse. Pancho Malo es Trump, Kunstmann es Putin. Hay ahí una porción de la población que, yo no sé si es mayoritaria, pero sí está insatisfecha.

Hay que ponerle atención, justamente para resolver esas demandas y poder hacerle frente a una amenaza que yo creo que puede ser muy perniciosa porque, un día tienes un grupo, pero después, como pasó en Estados Unidos, tenías a los conspiracionistas, a los supremacistas blancos, a los libertarios, a los criptofascistas, a los neonazis. Se juntan y arman una fuerza que no es despreciable. 

Déjanos tus comentarios
La sección de comentarios está abierta a la reflexión y el intercambio de opiniones las cuales no representan precisamente la línea editorial del diario ElDesconcierto.cl.