Opinión

El negocio de las Isapres en Chile

Por: Marcos Jaramillo y David Urzúa | Publicado: 29.08.2017
El negocio de las Isapres en Chile salud mental |
Tenemos una salud centrada en el sistema biomédico, que discrimina por género y etnia. Así también una salud centrada en un modelo curativo, y no en la promoción y prevención.

Antes de realizar el diagnóstico pertinente a la problemática de la salud en nuestro país, es necesario hacer una breve revisión global del sistema político y económico chileno, ya que la precariedad e inequidad en nuestro sistema de salud y el favorable negocio en el área, son una particularidad de nuestro sistema neoliberal.

¿Por qué mencionamos esto? Porque el sistema neoliberal se ha basado teórica e ideológicamente en algunas ideas claves. La primera es que existe incapacidad por parte del Estado para poder ejecutar y otorgar diversos derechos sociales, por lo cual los privados deberán hacerse cargo de lo que el servicio público no puede realizar. Otra consiste en el sistemático desarme, por parte de autoridades políticas ligadas a grupos económicos, del sistema público que vaya a justificar las acciones del primer tipo.» Cada persona tendrá el derecho a elegir el sistema de salud al que desee acogerse, sea éste estatal o privado”.

Desde esta premisa se ha impuesto ideológicamente, “la libertad de elegir” entre el sistema público o privado, cuestión claramente refutable ya que según datos de la fundación SOL el 50 % de los trabajadores chilenos gana menos de $340.000 y 7 de cada 10 trabajadores menos de $500.000 líquidos, por lo tanto: ¿Tienen, realmente, libertad para elegir?

Así, se conforma un Estado de carácter subsidiario dejando grandes responsabilidades a privados, donde el control desmedido de este mercado por un grupo reducido de empresarios ha posibilitado el abuso constante de la industria contra sus usuarios, enriqueciéndose con los altos cobros que imponen a sus clientes desde las redes de isapres, clínicas y farmacias, que a su vez reciben permanentemente financiamiento y/o subsidio estatal.

El sistema de salud en Chile

Comenzamos por el hecho de que nuestro sistema de salud es mixto, en el cual conviven los subsistemas; privado, administrado por las Isapres (Instituciones de Salud Previsional), donde se atiende un 18% de la población, y un subsistema público que es Fonasa (Fondo Nacional de Salud), donde se atiende un 76% de la población. Cabe destacar que las Fuerzas armadas y de orden tienen su propio sistema de salud que al igual que como ocurre con su sistema de pensiones.

El sistema público se caracteriza por su inequidad, que se materializa en la situación de que la personas y familias con menos recursos económicos tienen a su vez menor accesibilidad a las prestaciones, es decir, a atención en salud. Y aunque se tenga, los tiempos de espera excesivos traen consecuencias, además de que no se invierte en infraestructura de los servicios públicos donde existen 2,2 camas por cada mil habitantes del país. En la última década, los hospitales públicos redujeron en 1.632 sus camas.

El sistema mixto hoy está “normalizado”, con todas sus falencias e injusticias, y esto está influido también por la enseñanza y educación sobre el modelo que se imparte en colegios y universidades del país, donde no se genera el pensamiento crítico y se tiende a la percepción de normalidad frente a esta problemática y por lo tanto, a la inercia de no hacer algo para cambiarlo.

La privatización de la salud en Chile

En 2016, las utilidades de las isapres bordearon los $50 mil millones y subieron 54% respecto de 2015, según la Superintendencia de Salud.

Como se menciona anteriormente, el sistema de salud en Chile se basa en la idea de un estado subsidiario. Este sistema fue impuesto en dictadura durante los años ’80 y se materializa con la creación de las isapres  a través del Decreto con Fuerza de Ley 3, creado el 27 de abril de 1981. La expansión se sostuvo en parte entre 1986 y el 2002, a través de un subsidio del 2% de los ingresos de los afiliados que tenían rentas inferiores al valor de las primas. Entre 1990 y el 2004, las isapres recibieron por esto 534 millones de dólares.

Las isapres, al igual que Fonasa, administran el 7% de las cotizaciones de cada persona para otorgar las prestaciones de salud por el plan contratado. Existen también cotizaciones voluntarias para mejorar el servicio. Las isapres funciona con planes, otorgando mejores prestaciones y precios a quienes coticen más dinero. Aquí ya comienza una larga lista de prácticas discriminatorias. Además de ofrecer los mejores planes a quienes tienen mayor capacidad de pago, también discriminan según edad, sexo y preexistencias (enfermedades crónicas entre otras), aumentando el precio de los planes de salud a quienes estén más propensos a enfermar. Esto lo realiza a través de las llamadas tablas de siniestralidad, las cuales fueron declaradas inconstitucionales por el Tribunal Constitucional en el 2010, y nadie se ha hecho cargo de este fallo desde entonces.

Las isapres no actúan por sí solas, lo hacen través de un concepto denominado “Integración Vertical”. Durante un tiempo, diversas isapres y redes de prestadoras de servicios (clínicas privadas, por ejemplo) llevaban un mismo RUT, puesto que los holding dueños de las isapres son también los propietarios de las clínicas y centros médicos. Esto se declaró ilegal, sin embargo, siguieron funcionando a través de RUT distintos. Es así como existen grandes conglomerados (holdings) de salud, destacando algunos como:

La aseguradora Banmédica, perteneciente al grupo Penta. Este conglomerado es dueño además de Clínica Santa María, Clínica Dávila e Isapre Vida Tres, y desglosando aún más, aparecen también Help, Clínica Vespucio, Clínica Bío-Bío, Clínica Ciudad del Mar, Vidaintegra y Home Medical Clinic, controlando así el 26% del mercado.

También está la Cámara Chilena de la Construcción, que controla Isapre ConSalud, participa en la AFP Habitat y son dueños MegaSalud además una gran red de clínicas. La Red Megasalud, recibió en 2014 más de 15 mil millones de pesos, por parte del Estado por copago de bonos Fonasa.

La Universidad Católica también recibió un total de casi 20 mil millones de pesos (MM$ 19.883), quedando ambos entre los 5 prestadores privados que recibieron más dinero por parte del estado.

Otro ejemplo es Cruz Blanca, controlada por el grupo Said, quien el primer trimestre del 2016 liderará el ranking de riqueza en nuestro país, parte de las compañías Embotelladora Andina, BBVA y Parque Arauco y el grupo BUPA-Sanitas, gigante de la salud que opera en más de 191 países.

Cabe destacar que la mayor parte de las ganancias no van a las isapres como tal, sino a las clínicas del holding, que además perciben ingresos por traspaso de fondos públicos como por la compra de servicios. Las utilidades del holding Banmédica durante el 2013 llegaron a los $48.702 millones, de los cuales 15 mil millones corresponden a las isapre del grupo y 27 mil millones a las utilidades de las clínicas.

Esto se explicaría, por un lado, por el incremento de cotizantes en el sistema -un aumento del 3,8%, lo que se traduce en 56 mil nuevos afiliados-, y por la recaudación obtenida a través de la prima Auge/GES para cubrir las prestaciones con Garantía Explícitas en Salud, cuyo reajuste (aplicado en 2016 y que se realiza cada tres años) promedió un 39,4% al alza. Desde la asociación de isapres advirtieron que situación financiera es “más débil” que hace 10 años atrás.

Mientras esto ocurre en la salud privada, solo basta enunciar una noticia del año 2017 compartida desde el Ministerio de Salud que decía lo siguiente: La Subsecretaría de Redes Asistenciales reconoció que cerca de 25 mil personas en Chile fallecieron durante el 2016 mientras estaban en lista de espera de hospitales. Se trata de 22.459 pacientes que esperaban una primera consulta con un especialista y 2.358 que necesitaban una cirugía. En tanto del total de fallecidos, 13.058 son hombres y 18.423 corresponden a mayores de 65 años.

No sólo hemos visualizado un problema económico en el modelo, si no también vemos una salud centrada en el sistema biomédico, que también discrimina por género y etnia. Así también una salud centrada en un modelo curativo, y no en la promoción y prevención. Con políticas públicas serias en torno a la prevención de la patología además de la promoción en salud y el trabajo con determinantes sociales, se podría reducir altamente la prevalencia de ciertas enfermedades.

Marcos Jaramillo y David Urzúa