Opinión

Las malas prácticas de las autoridades universitarias en los casos de acoso sexual y laboral

Por: Hans Steffens | Publicado: 26.03.2019
Las malas prácticas de las autoridades universitarias en los casos de acoso sexual y laboral uoh |
Lo similar en ambos casos, es como las decisiones políticas de ambos rectores sólo tratan de mantener el poder en los pequeños metros cuadrados que requieren para esa miserable pizca que manejan. Por mantener el estado de las cosas, han perdido la visión por completo de la sociedad en donde están, a ambos las demandas sociales les pasaron como una aplanadora, no las vieron venir, porque jamás se han preocupado de verlas y nunca les ha interesado. Aquellos que han trabajado en estas instituciones conocen el hermetismo que poseen. Ser incapaz de entender cómo funciona la sociedad me parece un notable abandono de deberes para un rector universitario.

Las universidades representan en gran medida los motores de progresos de las sociedades, su aporte al desarrollo de conocimiento, comprensión de nuestro entorno y mejoras en la calidad de vida es innegable. Se encuentran estas, tal vez, entre los más nobles propósitos que hemos construido como sociedades, un espacio para reflexionar sobre nosotros mismo, espacios para la comunión de ideas y el debate centrado en la elusiva verdad.

Desde la fundación de la Universidad al-Qarawiyyin en 859 d.c, por Fátima al-Fihri (si, una mujer), reconocida por la UNESCO como la primera institución de este tipo, hemos transitado un largo camino en el desarrollo de estas.

Pero este camino, como muchos otros recorridos por nuestra especie, mantiene la misma tendencia a generar prácticas anacrónicas, injustas y que no parecen dialogar en lo más mínimo con los ideales que dieron origen a su existencia. Revisemos la historia de las sociedades occidentales, de la religión y encontrarán siempre el mismo problema. El poder que retienen unos pocos. Pero claro, pueden creer que esto solo sucede en instituciones conservadoras que se basan en ideas de orden místico, mágico y/o, religioso. En donde el dogma reemplaza al juicio y la duda que impulsa el pensar, duda Cartesiana que tiene varios siglos y que parece cada vez más olvidada. Sin embargo, basta con mirar un año atrás, en el primer quinto del siglo XXI, la crisis de algunas de nuestras Universidades en relación no a sus políticas de equidad, no a sus protocolos de género o acosos sexual, sino en algo mucho más profundo y que define lo que finalmente es una institución: sus prácticas y la cultura derivada de éstas.

La Universidad Austral de Chile y La Universidad de O’Higgins aparecen como casos emblemáticos de estas prácticas que están enraizadas en el poder.

En la primera de ellas, se levanta un caso de acoso sexual el que tiene por víctima a una funcionaria. Se inicia una investigación sumaria en contra de un docente de la casa de estudios, esta investigación determina que es culpable, se cumplen los plazos y procedimientos. Sin embargo, se toma la determinación de no solicitar la salida del docente, una situación incomprensible, ya que debido a la complejidad de caso el empleador en este caso contaba con todo el respaldo del código del trabajo. Se le aplica un castigo, un equivalente a destinarlo a Siberia, desterrado, pero aún vinculado. La opinión pública se hace cargo, los movimientos feministas, sociales y otros levantan una bandera de lucha ¿Cómo es posible explicar esto frente a una ciudadanía más empoderada, consciente de sus derechos? Es imposible hacerlo. El rector que había tomado una tibia decisión probablemente haciendo cálculos políticos por la inminente elección que se venía meses después debe recular. Decide desvincular al docente. Este a su vez, hace lo que cualquiera de nosotros haría, acude a la justicia por que se le está vulnerando un derecho y este no es un problema de nuestro sistema legal, nadie puede ser castigado dos veces por la misma falta. Una vez ejecutada la primera sanción, la otra no tiene cabida. El resultado, se mantiene el docente en la casa de estudios, quien presenta un recurso en los tribunales laborales, que le asegura la continuidad y que se cumplan ciertos requerimientos mínimos para su desempeño. El resultado social, la sensación de indefensión, impunidad e injusticia que desborda un sistema que se percibe corrupto, con líderes corruptos, misóginos y aferrados de uñas y dientes a una miserable porción de poder e insisto en lo de miserable, es como contemplar el tamaño de la tierra en la totalidad del cosmos.

El caso de la Universidad De O’Higgins mantiene una estructura similar en su base, variando en la forma.

Dos académicas son desvinculadas de sus funciones, siguiendo procedimientos de notificación para el personal a contrata. Se argumentan evaluaciones de desempeño realizadas, que tienen la misma metodología que usa una galleta de la fortuna. Se ha logrado en este caso evaluar, medir y cuantificar la voluntad de trabajar. Que podría ser posible en caso de por lo menos tener algún tipo de sistema, el cual en este caso no existe. Los informes son confusos, no cuadran las fechas de correos electrónicos, se solicitan sobre la marcha, en la medida que avanza el plazo para una citación del rector al congreso para dar explicaciones de estas desvinculaciones. Insisto es una cuota de poder miserable.

El rector se presenta frente a una comisión del congreso y entrega explicaciones que el más novato de los analistas de desarrollo organizacional no creerían. Tratando de justificar una determinación que en ningún momento pone en manifiesto que una de las docentes denunció por acoso laboral a algunas de las autoridades de la casa de estudios y que la otra declaró en su favor. Porque es evidente que una cosa no se relaciona con la otra, aunque las personas que evalúen sean las mismas que fueron acusadas. Desde aquí en adelante, parece más una versión de House of Cards del persa Bio-Bio, que una serie de procesos y protocolos justos, bien realizados y transparentes. Nuevamente es la presión social, los estudiantes (no alumnos, por que parecen tener más lumen que muchos otros) y las movilizaciones son las que comienzan a generar presión. El rector se reúne con ellos entrega explicaciones que no satisfacen a nadie y generan más memes que reflexiones. Así, como los franceses en la segunda guerra mundial, las autoridades de UOH se parapetan en su propia línea Maginot, inservible como la real, pensando que tienen un flanco protegido por una intrincada arboleda de poder, su propio bosque de las Ardenas, al igual que a los franceses, les falto una visión estratégica real, observar y entender que estaban perdidos.  Aferrados a una ilusión de seguridad y a una miserable cuota de poder.

En primera instancia se podría pensar que ambos casos difieren en muchos aspectos, pero es sólo la forma, pues el fondo es similar. He establecido que las universidades son por su propia definición lugares en donde hemos de repensar nuestra sociedad.

Lo similar en ambos casos, es como las decisiones políticas de ambos rectores sólo tratan de mantener el poder en los pequeños metros cuadrados que requieren para esa miserable pizca que manejan. Por mantener el estado de las cosas, han perdido la visión por completo de la sociedad en donde están, a ambos las demandas sociales les pasaron como una aplanadora, no las vieron venir, porque jamás se han preocupado de verlas y nunca les ha interesado. Aquellos que han trabajado en estas instituciones conocen el hermetismo que poseen. Ser incapaz de entender cómo funciona la sociedad me parece un notable abandono de deberes para un rector universitario.

No es solo la lucha por los derechos, la dignidad, las condiciones de nuestra sociedad, el empoderamiento, las redes sociales y los memes. Les ha pasado todo por encima. Recordemos que son ellos quienes toman las determinaciones en las casas de estudio, son ellos quienes en el ejercicio de su rol promueven el conocimiento, el desarrollo, las relaciones laborales y el clima de las organizaciones de dirigen, la colaboración y la capacidad de las organizaciones para ajustarse a los cambios. El poder de los motores del conocimiento de nuestra sociedad, están en manos de personas que son incapaces de entender cuáles son las necesidades de ésta. Parecen ineptos en su función porque en gran medida lo son.

Libertas Capitur, así reza el escudo de la Universidad Austral, el problema que siempre hemos sido libres, hoy solo somos más conscientes de ello. Para que se vayan enterando, por si también se les había pasado por alto.

En Oxford lo saben todo,

son eruditos y sabios:

¡y sin embargo no saben

la cuarta parte que el Sapo!

(El viento en los sauces, Kenneth Grahame)

Hans Steffens