Opinión

Se busca oposición

Por: Constanza Martínez Gil | Publicado: 17.04.2020
No podemos seguir pensando, que igual que una voz en el desierto, es posible exigirle a “alguien” que de una vez por todas “construya oposición”. No sirve de absolutamente nada declamar por vez cincuenta que la izquierda no ha estado a la altura de la crisis. Ya no es novedoso hacerlo, ni por las redes sociales, ni por WhatsApp.

Cada vez que mi mamá cae en una actitud -según ella- egoísta, señala con toda convicción, que el problema es que no fue al jardín. Al igual que un niño mal educado, nuestra sociedad se mal acostumbró al individualismo neoliberal.

Lo anterior, encuentra un campo fértil en el ágora virtual de las redes sociales, que busca con cada like y con cada declaración de principios altisonantes, el salvataje individual y la diferenciación frente a un otro enemigo que debe ser destrozado para asegurar la propia redención.

Al igual que un niño que no aprendió a compartir, nuestra rutina neoliberal nos enseñó a competir y por lo tanto el camino natural ha tendido a la victimización y al linchamiento público, tenemos muy poco desarrollado el músculo de la colaboración.

Sabido es que Rose en el Titanic contaba con suficiente espacio en su tabla para salvar a Jack, así mismo, nuestra pulsión es asegurar el cupo personal mediante la acción sacrificial del otro. Todos quienes tenemos un anhelo de mundo más justo queremos quedar en el barco de los redimidos, pero nos cuesta una infinidad planteamos el cómo construir un barco en que quepamos todos.

Vamos a profundizar un poco. El estallido social hizo evidentes las fallas de nuestro neoliberalismo salvaje, pero recrudeció también las contradicciones entre nosotros mismos. Se erigió una pared que dejaba a las personas a un lado y otro sin capacidad de escalar ni escapar a ninguna parte, y con esto no me refiero a los bien erradicados patrones del fundo, sino más bien entre desconocidos.

Es cierto que nos reconocimos de manera elocuente como un solo pueblo por primera en 30 años, pero también es cierto que esto requirió decir en voz alta una clave secreta que pusiera -de manera categórica y sin tener muy claras las bases del concurso- de un lado de la montaña a los buenos, y en la otra a los malos. Todos esperábamos todo de todos: los grandes gestos, la moralidad impoluta, la bondad que partía en mí mismo como escala y medida.

De un tiempo a esta parte, han surgido comentaristas estables en redes sociales que se alzaron como la policía del bien y el mal, sin autocrítica, pero con una opinión brutal sobre todo lo que hacía o dejaba de hacer quienes pretenden ser oposición.

Todo esto vino a expresarse de manera mucho más evidente con la pandemia global. Pasamos de estar poco preparados para sortear la incertidumbre de nuestras vidas, a cubrirnos apenas con un paragua roto para afrontar el vendaval. Con un gobierno sin credibilidad, nos hemos tenido que comer una pandemia sin fronteras, una aislación sin condiciones de habitabilidad mínimas y una incertidumbre total frente a nuestro golpeado, externalizado y cercano a un espejismo sistema de salud.

Y aquí está todo el punto de estos párrafos. No podemos seguir pensando, que igual que una voz en el desierto, es posible exigirle a “alguien” que de una vez por todas “construya oposición”. No sirve de absolutamente nada declamar por vez cincuenta que la izquierda no ha estado a la altura de la crisis. Ya no es novedoso hacerlo, ni por las redes sociales, ni por WhatsApp.

¿Quién más que todos nosotros, que nos encontramos, en esa plaza rebautizada, somos los responsables de construir ese futuro proyecto común? Cada vez que nos enojamos con lo insuficientes que somos sin decir en qué dirección nos encontramos para solucionarlo, no estamos más que replicando un proceso quizás muy placentero de masturbación política pero que no engendra nada.

Es tiempo de deshacernos de nuestras cadenas individuales. Es tiempo sobre todo de reconstruir nuestros lazos con honestidad, autocrítica y colaboración. Es tiempo de la responsabilidad colectiva para construir proyecto y futuro común (si salimos de esta, claro). Porque la colaboración esta vez, es un asunto de vida o muerte.

Constanza Martínez Gil