Opinión

La nueva normalidad: ¡es el modelo otra vez!

Por: Matías Moral y Felipe Salgado | Publicado: 15.05.2020
Han errado, se contradicen y cada día develan mayormente dicha dicotomía, al intentar poner en pauta el retorno de los estudiantes, de los trabajadores públicos y la apertura de los centros comerciales en los periodos de mayor contagio. El sistema vuelve a mostrar su cara más cruel porque mientras eso pasa, otros se alistan para sacar su mejor versión de supervivencia. El aumento del desempleo, la precarización laboral, la descapitalización de las pensiones, los efectos en el sistema financiero y el preocupante resultado del indicador de pobreza y extrema pobreza son los efectos más visibles de las repercusiones de esta pandemia.

A poco más de dos meses desde que se confirmara el primer caso de Covid en Chile, los balances sobre la gestión del ejecutivo no son un consenso y más bien, han dado pie para la generación de cruzados puntos de vista. Están los que, escudados en el más puro dato estadístico relucen una eficiente respuesta de la autoridad donde claro, comparativamente en la región aparecemos como los más competentes si de tasa de letalidad hablamos.

Sin embargo, pareciera que nuestro ingrato huésped cambia su conducta, dando un golpe en la cara a las estadísticas que conocíamos hasta al menos diez días atrás. Lo cierto es que hoy resulta común superar la barrera de más de dos mil nuevos contagios diarios y pareciera que a este ritmo el mejor sistema de salud del planeta se ve en apremios. Hoy se cifra en casi el 90% la utilización de camas intensivas a nivel nacional mientras que la ocupación de los ventiladores mecánicos sigue siendo un misterio.

Mientras la RM avanza rápidamente en la concentración de los casos confirmados (71% al 16° reporte de Minsal) se asoma una realidad dispar. Y es que precisamente el virus no ha avanzado exponencialmente en las comunas del sector oriente en donde se reportaron los primeros casos de la región. Hoy son comunas populares, lejanas a la estrategia inicial de cuarentena implementada por el gobierno quiénes ven los costos de una definición tardía. Si bien el rebrote en un factor latente en cada lugar, es trágico observar las curvas de evolución en tasa de incidencia en Independencia, Recoleta, San Joaquín o San Ramón.

Al momento de escribir estas líneas y a pesar de las reiteradas solicitudes de los alcaldes para decretar cuarentena en toda la región, tan solo hace unas horas el ministro Jaime Mañalich ha notificado por los medios de comunicación el confinamiento de más 6 millones de ciudadanos de la RM. Pegados a un televisor, las familias de nuevas comunas se alistan para la entrada al confinamiento total, etapa sin duda más dura y llena de incertidumbre. Y es que esta nueva normalidad, es la expresión de la contradicción que solo vivirán los sectores más vulnerables de la sociedad y que el gobierno pretende naturalizar a través de un juego engañoso de palabras y datos que esconde la perversión de un modelo conocido.

Esta contradicción desnuda dos necesidades: la salud de la población y la necesidad de trabajo para sobrevivir. Dos derechos esenciales que parecen no tener espacio de convivencia en un modelo que no permite otra respuesta más que el individualismo, la competencia y por consiguiente, la desigualdad. En esta oportunidad, la tercera edad y los enfermos crónicos son los primeros condenados del sistema cuyo riesgo de muerte es el asumido por el gobierno en pos de mantener aún bajas las estadísticas de letalidad. Y es que para las autoridades del país, la relación entre la crisis sanitaria y económica es abordada desde su perspectiva más ideológica. Y es sabido que en tiempos de crisis también están los que dejan de lado la aversión al riesgo y prefieren apostar, especular. Tal como lo hacen en el cotidiano con sus mercados capitales, hoy hacen lo mismo con la imposición de una nueva, falsa y violenta normalidad. ¿O acaso no es violenta la posición legislativa del oficialismo que pretende que ningún trabajador se acostumbre a la cobertura del Estado?

Pero han errado, se contradicen y cada día develan mayormente dicha dicotomía, al intentar poner en pauta el retorno de los estudiantes, de los trabajadores públicos y la apertura de los centros comerciales en los periodos de mayor contagio. El sistema vuelve a mostrar su cara más cruel porque mientras eso pasa, otros se alistan para sacar su mejor versión de supervivencia. El aumento del desempleo, la precarización laboral, la descapitalización de las pensiones, los efectos en el sistema financiero y el preocupante resultado del indicador de pobreza y extrema pobreza son los efectos más visibles de las repercusiones de esta pandemia.

Ante tal escenario es imperativa la presencia de una oposición de envergadura que defienda la dignidad de los más vulnerables de este país pero que también sepa interponerse ante la irresponsabilidad de la autoridad que no da respuesta a las necesidades más básicas de la población, permitiendo que los derechos sociales se degraden en cobertura y calidad. Sin lo anterior es de esperar a un Ejecutivo permanentemente oportunista de las métricas relativas, que como hemos visto, hasta le han abierto la cancha para atentar contra el calendario constituyente.

Matías Moral y Felipe Salgado