Opinión

Apruebo nuestras diferencias

Por: Javiera Court Arrau | Publicado: 07.07.2020
Apruebo nuestras diferencias |
Ojalá la Convención Constitucional termine siendo un fiel reflejo de la sociedad, compuesta por personas de todos los colores políticos, paritaria, con escaños reservados para pueblos originarios, de distintos estratos sociales e incluyendo a personas de las disidencias sexuales.

Sí po, APRUEBO.

La Constitución del 80 debió cambiarse hace mucho tiempo. Con la vuelta a la democracia. La nuestra es la Constitución más estricta del mundo. Da poder a grupos minoritarios y no representa a la ciudadanía. Fue impuesta por la fuerza en dictadura. Es responsable de la nula vinculación entre la sociedad y la esfera de toma de decisiones. Uno de sus principales problemas es que neutraliza la política.

Chile funciona como un Estado Subsidiario: éste debe asegurar el espacio al mercado; no garantizar los derechos sociales, convirtiendo a los poderes del Estado en el “poder débil” y transformando en el “poder fuerte” al Poder Económico. El mejor ejemplo es la reforma del Sernac: se quiso fortalecer la fiscalización a las empresas y, tras lobby de empresarios, eso fue considerado inconstitucional. La corrupción y la incapacidad de acción por parte del mundo politico generó la crisis de legitimidad que se vive actualmente. En 1990 el 80% de la ciudadania votaba; para en 2020 sólo el 30% lo hace.

El neoliberalismo no es sólo una teoría económica, pues está arraigado en lo más profundo de la Constitución. La élite se apropia del Estado. Se entrega poco poder sindical. La jubilación depende de un seguro individual obligatorio (AFP) y la salud a las Isapres, ambos a empresas privadas. Somos el único país del mundo donde el agua es privada. El ciudadano es consumidor y no un sujeto de derecho.

Tienes derecho a la educación y salud que puedas pagar. Tanto en los levantamientos sociales estudiantiles del 2006 y 2011, las demandas civiles no pudieron llevarse a cabo por ser “inconstitucionales”. El Tribunal Constitucional neutraliza al poder legislativo, siendo el Parlamento el poder más representativo del Estado. La elección de la ciudadanía queda así imposibilitada de concretar cambios reales.

La política incapacitada se hace indiferente a demandas sociales. La falta de soluciones desde la institucionalidad llevó al protagonismo de los movimientos. El 18 de octubre de 2019 la indignación del pueblo se convirtió en el estallido social y, tras la protesta continua, se podrían generar los cambios que la vía institucional no ha logrado. Con una nueva Constitución ganamos todxs.

La Constitución de un país son los acuerdos básicos de una sociedad, un elemento de cohesión. La constitucionalidad debe perdurar en el tiempo y permitir reformas. Debe ser representativa de toda la sociedad. Un Estado Social debe asegurar derechos sociales y las necesidades básicas.

Garantizar los derechos humanos es algo mínimo en esta “Ley Fundamental”. Los derechos humanos limitan el poder: Nos dicen lo que no se puede hacer y también que no se puede dejar de hacer. Garantías del individuo: libertad, autonomía, igualdad, derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Garantías Comunitarias: influencia grupos indígenas, derechos a las mujeres, a la comunidad LGBTI+.

La Constitución no menciona a los pueblos originarios. Son invisibles. Cuando se pide un Estado Plurinacional, se refiere a que el Estado reconozca múltiples naciones en un mismo Estado. Para conocer sus reales necesidades es que se piden los escaños reservados en cúpula de toma de decisiones.

“Democracia en la casa, en el trabajo y en la ley”, solicitaban a gritos las feministas. Hoy no se puede pensar un Estado que no considere la igualdad de género. El respeto a las mujeres y disidencias debe estar desde la base de la sociedad. Así también sus experiencias y su visión deben verse representadas en la nueva Constitución de Chile.

Como mujer y lesbiana, una vive una doble discriminación. “En la diversidad sexual las lesbianas van primero solo en la sigla (LGBTIQ+)”. Hoy todas las disidencias son invisibilizadas. Lo que se escapa de la cis-hétero norma binaria, todavía no está bien en Chile y eso debe cambiar. La nueva Constitución debiera reflejar a la población chilena con todas sus diversidades, para así cohesionar y lograr la identificación del pueblo.

Ojalá la Convención Constitucional termine siendo un fiel reflejo de la sociedad, compuesta por personas de todos los colores políticos, paritaria, con escaños reservados para pueblos originarios, de distintos estratos sociales e incluyendo a personas de las disidencias sexuales. Sólo así podremos lograr una ley fundamental más justa, que respete los distintos puntos de vista y las realidades de este país. No podemos olvidar que la burbuja política trabaja por y para el pueblo, y no al revés. Aprobemos nuestras diferencias.

En enero, China alertaba de un nuevo virus, que se había salido de control. Escuchábamos que la mortalidad era del 1 o 2% y el país asiatico se veía lejos. El coronavirus llegó a Europa y, sin que nos diéramos cuenta, ya morían más de 500 personas diarias en Italia y España. En marzo se dieron a conocer los primeros casos en Chile y rápidamente el Plebiscito de abril fue corrido para octubre. Aún no sabemos cómo estarán las cosas en Chile para esos días. La fecha en la que podamos votar por una Nueva Constitución es un incierto más.

La salud pública atiende al 80% de la población, con menos del 50% de horas médicas. La Constitución permite el lucro en salud, mientras la salud pública queda corta de personal médico. Con la llegada de la pandemia se pidió congelar precios de insumos básicos para combatirla como guantes, alcohol gel y mascarillas, pero fue considerado inconstitucional. Los municipios y Servicios de Salud pueden comprar insumos básicos según el presupuesto que tengan disponibles. Estos fueron disminuidos en diciembre pasado.

Chile no está en condiciones de cumplir una cuarentena. Cerca del 70% de los chilenos no tiene contrato y gran parte de ellos gana lo trabajado en el día. Hay localidades sin agua potable, adultos mayores deben trabajar por lo bajo de sus pensiones, viviendas con hacinamiento: imposible respetar el distanciamiento social y de aislar de casos positivos. La Constitución habla del “libre acceso a la salud” y no del derecho a la misma.

Y por si todos estos problemas que vienen de los cimientos de la actual Constitución no fuesen suficientes, no hay mismo acceso a información. Educación e indicaciones se entregan en plataformas digitales, cuando en Chile hay muchas personas que viven sin un teléfono inteligente o sin internet en sus aparatos. Lo que lleva a que gran parte de la población no logre siquiera entender que medidas debe tomar para no contagiarse. Otros tantos logran entenderlo, pero se dan cuenta que, si no mueren por Covid19, pueden morir de hambre.

Javiera Court Arrau