Opinión

Educación en emergencia: corriendo el velo de las desigualdades

Por: Raquel Rebolledo-Rebolledo | Publicado: 21.07.2020
Educación en emergencia: corriendo el velo de las desigualdades | Foto: Agencia Uno
La emergencia emula, desde el ámbito educativo, una sala de atención primaria en salud, donde se atiende con prontitud, con una fuerza profesional que supera los recursos escasos, y que intenta estabilizar a los usuarios que acuden a ella.

En periodo de emergencia sanitaria, la educación en Chile muestra realidades contextuales diversas, que develan dificultades para responder a los requerimientos formativos en establecimientos educacionales secundarios de distinta dependencia. Se ahonda en las asimetrías y las inequidades, y se evidencia un complejo escenario para el estudiantado y las y los profesores.

La necesidad de procedimentalizar los procesos para ‘garantizar’ el aprendizaje resuena como primera respuesta al estado actual de cosas. Como una forma de mantener el vínculo con la escuela y favorecer la identidad escolar. Lo que inicialmente pareciera ser una muy positiva reacción, al ser revisada desde las instituciones, se diluye ante las diferencias. Mientras en uno de estos espacios escolares este accionar es el resultado de una relación relativamente mediada entre directivos y el profesorado, en otros resulta impositivo y, en una tercera, la ausencia de indicaciones resuena como una suerte de abandono.

Esto último, muy preocupante, atiende a que los servicios locales no han indicado que en los establecimientos de su dependencia se realicen clases virtuales y la improvisada respuesta de las y los profesores se expresa en el envío de guías de trabajo a lxs estudiantes (virtuales o impresas para aquellos que no acceden a conexión de wifi), como un esfuerzo por dar una suerte de continuidad a los procesos. Sin embargo, la devolución del estudiantado es escasa o nula y muchxs de los apoderadxs –otro estamento relevante en el proceso formativo de personas en sistema escolar–, manifiesta sus requerimientos situados más en asuntos asistenciales y en el retorno al aula escolar que en un apoyo al aprendizaje de niños y jóvenes.

La ausencia de equipos directivos también se manifiesta en la escuela privada, que requiere de las y los profesorxs una atención del estudiantado, basado en la preexistencia de plataformas y sistemas de atención virtual, lo que pareciera ser, en un primer momento, favorable a la continuidad de los procesos educativos. Pero la respuesta del profesorado ha dejado en evidencia que se atiende a intereses personales que justifican el trabajo, lo que precariza y debilita las acciones de colectivización colegiada. A su vez, no se ha considerado el impacto en los espacios personales del profesorado y las implicancias en la organización de las rutinas y el quehacer diario.

Esta respuesta a la emergencia también ha sido resuelta desde la implementación de modelos que replican las actividades de aula normal en espacios virtuales, con una duplicidad de la estructura clásica –inicio, desarrollo, cierre– acompañada de actividades autónomas para lxs estudiantes. Estrategia que pone en cuestión el cómo se enfrenta una situación que es nueva y compleja, dejando entrever una débil reflexión frente a la práctica pedagógica en contexto y una escasa flexibilidad curricular.

Esto conlleva una reiteración de actitudes similares a las de una sala escolar por parte del estudiantado, asociada a una disposición que es traspasada, a su vez, por la presión del cuerpo de apoderadxs. Otra forma de resolver las necesidades formativas ha sido dada desde la presencia directiva que implementa el uso del texto escolar orientado por documentos, denominados ‘rutas’, que dan cobertura a los conocimientos por nivel, con selección curricular de por medio, y la participación de duplas docentes. Situación que da cuenta de una racionalidad técnica-instrumental en donde el curriculum es entendido como un producto final en base a un pre-diseño, adjudicando al profesor la actividad relevante en el proceso de enseñar y un rol pasivo al estudiante en el de aprender, con un marcado control y manipulación del espacio áulico (horarios de clase).

Por otra parte, se evidencia una escasa claridad en las propuestas a nivel país, emanadas desde el Ministerio de Educación, lo que entorpece la posibilidad de dar respuesta a la emergencia. Se desconoce la participación del profesorado, principal estamento involucrado, y se constata una ausencia absoluta de la participación estudiantil. Esto conlleva una gobernanza cuya eficacia, claridad y orientación se encuentra fracturada y muy distante de conseguir los espacios de confianza necesarios para llevarse a cabo. Por el contrario, se cristaliza una gubernamentalidad basada en el control y la verticalidad tensionando el ámbito educativo, una vez más.

La emergencia emula, desde el ámbito educativo, una sala de atención primaria en salud, donde se atiende con prontitud, con una fuerza profesional que supera los recursos escasos, y que intenta estabilizar a los usuarios que acuden a ella. Emergencia que responde a la pandemia cuya enfermedad infecciosa resulta ser el sistema económico egoísta y depredador que deja al descubierto la podredumbre en que se estructuran los intereses de unxs pocxs por sobre otrxs muchxs. Un sistema obsolescente que insiste en desconocer la necesaria co-construcción de alternativas y (re)afirma la abismante desigualdad en Chile.

Raquel Rebolledo-Rebolledo