Opinión

Libertinaje migratorio

Por: Miguel Orellana Benado | Publicado: 22.08.2020
Libertinaje migratorio Inmigrantes |
Los inmigrantes ilegales son un problema. ¿Quiénes son los responsables del problema? No los inmigrantes, por cierto. Son, para comenzar, los chilenos inescrupulosos que los embaucaron. Les ofrecieron un futuro dorado, muy distinto de la realidad en la que los abandonaron. Y les cobraron dinero. Otros responsables chilenos son quienes lucran de emplearlos por remuneraciones muy inferiores a las que hubieran tenido que pagar a chilenos.

Nunca pensé que llegaría este día. Que escribiría para felicitar a un antiguo funcionario del régimen militar civil que encabezó el general Pinochet. Ojo, Manuel Antonio Garretón ya lo advirtió. Llamar “cívico militar” a dicho régimen es incorrecto. ¿Qué hubo de “civil” en el trato que dio a sus opositores? Treinta años no pasan en vano. Hoy la inmensa mayoría de los chilenos, de izquierda y de derecha, habla de “la dictadura”. ¿Cuántos civiles dirán aún “pronunciamiento militar”?

Días después del Golpe, mi familia de origen (ojo, jóvenes, ya no se dice familia “paterna”) escondió a encumbrados colaboradores del presidente Allende. Entre ellos la Payita, Miria Contreras Bell, su secretaria privada. Y el ingeniero Patricio Palma Cousiño, jefe de la entonces temida y odiada Dirección de Industria y Comercio. Menciono estos nombres olvidados con mis excusas a los sub-30.

Meses más tarde, huimos todos de Chile. Emigramos. Fui el único que regresó. Salí con 18 años y regresé con más de 30. Pero recordar el pasado no debe impide vivir en el presente. Ni mucho menos perder la esperanza en el futuro. La actual convivencia democrática es imperfecta, por cierto. Pero es lo mejor que hemos logrado construir en las últimas tres décadas. Es decir, desde que comenzó a hundirse la dictadura. Me refiero al proceso que gente de talante cinematográfico llamó “transición a la democracia”. Socavar el Estado de Derecho es una irresponsabilidad política mayor. Ningún entusiasmo teórico abstracto, ni ninguna “vocación de servicio público” lo autoriza, por seductores que sean. La inmigración descontrolada ya ha puesto en tensión el Estado de Derecho. Por eso hoy es el día que nunca creí que llegaría.

Felicito a Hernán Felipe Errázuriz. Explico a lectores jóvenes. Se trata de un compañero de curso en Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile y discípulo de Jaime Guzmán, el ideólogo del régimen militar civil. Fue un encumbrado colaborador del dictador. Llegó a ser canciller durante sus dos últimos años. Sin embargo, apruebo sin reservas su advertencia a los senadores, publicada hace unos días por el medio que algunos llaman “La Voz Senil de la Oligarquía Chilena”. ¡Ojalá los senadores progresistas lo lean!

¿Qué debe proteger la futura ley de inmigración? En primer lugar, la convivencia pacífica y respetuosa entre quienes ya vivimos en Chile. Esa es la prioridad. Y, como bien sostiene Errázuriz, si la futura ley facilita “el uso indebido de la visa de turismo para ingresar al mercado laboral” nuestra convivencia quedará en serio peligro. Me explico. Mi familia y mis vecinos, hemos sufrido las consecuencias “del descontrol migratorio de la década precedente” que el ex canciller de Pinochet denuncia.

Resido hace tres décadas en la comuna de Santiago. El deterioro en nuestra calidad de vida de los últimos años ha sido brutal. ¿La causa? Decenas de miles de migrantes, muchos de ellos ilegales. Son personas casi sin educación y acostumbradas a una convivencia vecinal distinta de la chilena. Antes de la pandemia, mi mujer reclamó a uno de ellos por la fiesta ruidosa, propia de su cultura de origen, que celebraron semi desnudos y ebrios en la calle hasta altas horas de la noche. ¿Qué respuesta tuvo? “Si no le gusta, tendrá que mudarse”. ¿Cuántos senadores tienen hoy de vecinos a tales inmigrantes? Muy pocos, si acaso alguno. ¡Qué distinto votarían si, en vez de nobles principios abstractos, basaran su opinión en la experiencia real de convivir con estas pobres gentes!

Los actuales inmigrantes ilegales son un problema. Pero aún lo podemos resolver. Mañana no podremos resolver el problema que causaría el libertinaje inmigratorio. ¿Quiénes son los responsables del problema? No los inmigrantes, por cierto. Son, para comenzar, los chilenos inescrupulosos que los embaucaron. Les ofrecieron un futuro dorado, muy distinto de la realidad en la que los abandonaron. Y les cobraron dinero. Otros responsables chilenos son quienes lucran de emplearlos por remuneraciones muy inferiores a las que hubieran tenido que pagar a chilenos. Nada diré de quienes les arriendan espacios en los que los inmigrantes, legales e ilegales, viven hacinados, con las trágicas consecuencias que hemos conocido en días recientes.

¿Por qué los medios apenas informaron respecto de las compañías aéreas que traían centenares de supuestos “turistas”? Eran personas sin educación ni recursos. Salían por vez primera en sus vidas de su país. Llegaban a Pudahuel pasada la medianoche. ¿Quiénes eran los dueños de esas compañías? ¿Quiénes son los chilenos que se enriquecieron con este tráfico de seres humanos?

¿Qué explica que la Policía de Investigaciones, entrenada para discernir genuinos turistas, autorizara el ingreso de centenares de miles de personas que, a todas luces, no lo eran? ¿Por qué el tema no interesa al periodismo de investigación chileno, con la excepción rutilante de Tomás Mosciatti en Youtube?

¿Qué factor debiera guiar la decisión de los senadores respecto de la Ley de Inmigración? La calidad de la convivencia vecinal en los barrios de ingresos medios y bajos, en los que no viven sus señorías. Para propósitos políticos, en los distintos problemas, se enfrentan dos grupos. Los revolucionarios y los conservadores. Los revolucionarios, empapados de optimismo, creen que pasar de dónde estamos hoy a algo mucho, mucho mejor es fácil, muy fácil. Los conservadores, empapados de pesimismo, temen que pasar a algo mucho peor es fácil, muy fácil.

Esa distinción no es equivalente, como cree quien sufre de pensamiento apresurado, a la distinción entre ser de derecha y ser de izquierda. Margaret Thatcher fue una revolucionaria. Pero de derecha. En el tema de la inmigración, mi experiencia directa de una década me inclina a ser conservador. Si mañana los senadores sancionan el libertinaje inmigratorio, cuando los nuevos vecinos hayan llegado a sus barrios, me interesará escuchar acerca de sus experiencias. Pero será tarde.

*Nota del Director: La presente columna no representa la línea editorial de El Desconcierto. Lamentamos si alguna persona se pudo sentir afectada por las opiniones vertidas por el autor. Como equipo editorial, manifestamos nuestro compromiso con el empleo y la promoción de las mejores prácticas periodísticas.

Miguel Orellana Benado