Opinión

Valparaíso: a 4 años del triunfo del Pacto de La Matriz

Por: Cristián Zúñiga | Publicado: 23.10.2020
Valparaíso: a 4 años del triunfo del Pacto de La Matriz Jorge Sharp tras ganar la alcaldía de Valparaíso |
La ruptura del Pacto Urbano La Matriz con la actual administración municipal es la ruptura entre la pospolítica y la política. La tarea de la política, según una muy antigua tradición (podemos remontarnos a Aristóteles) consiste en orientar y contener, mediante la deliberación, las pasiones espontáneas de la gente. El papel de la palabra en la vida pública enseña esa tradición, no es simplemente replicar lo que las personas espontáneamente creen o desean, sino en corregirlo. Por eso Platón y Aristóteles retratan al político como el piloto que conduce la nave del Estado.

El domingo 23 de octubre del año 2016, el Pacto Urbano La Matriz (PULM) ganaba la alcaldía de Valparaíso y dos cupos en el Concejo Municipal porteño (Daniel Morales y Claudio Reyes). Este triunfo electoral llegaba producto de diversos factores, tales como la alianza programática entre movimientos y partidos antagónicos a los conglomerados políticos tradicionales (Nueva Mayoría y Chile Vamos), agotamiento de las estructuras políticas clásicas (lo que se vio reflejado en las deficientes candidaturas presentadas por los bloques tradicionales) y la baja participación de votantes en dicha elección municipal (69% de abstención en la ciudad de Valparaíso).

Aquella tarde de domingo primaveral las calles de Valparaíso eran testigo de una marcha multitudinaria de ciudadanos que celebraban lo impensado por muchos. Entre banderas del Frente Amplio y pendones con consignas patrimoniales, el recién electo alcalde era llevado en los hombros de sus compañeros de causa y dirigía, desde la Plaza de la Victoria, su primer discurso: “Se acaba el duopolio, se acaba la corrupción, se acaba la injusticia, se acaban las malas prácticas. Irrumpe hoy, desde Valparaíso, una nueva fuerza política y social de ciudadanos honestos que, con independencia de los partidos tradicionales, nos hemos atrevido a recuperar la dignidad”.

Las palabras del flamante nuevo alcalde, Jorge Sharp, expresaban el sentir mayoritario de un movimiento que decía proceder “de la no política activa”. El PULM arremetía en el mapa político nacional para hacerse cargo de las necesidades sociales, sin el penetrante y radical manto de las ideologías. En aquella triunfal noche primaveral del 2016, se anunciaba una “nueva forma de hacer política” que venía a reemplazar a “la vieja estructura partidaria”. El movimiento ciudadano porteño desembarcaba promocionando sendos hitos morales.

Sin embargo, de aquellos tiempos de unidad y fraternidad entre los miembros del PULM hoy queda poco. A cuatro años del triunfo en las elecciones municipales, el bloque urbano prácticamente no existe como alternativa política y los que alguna vez fueron sus militantes, hoy se encuentran divididos entre: quienes continúan apoyando al Alcalde Sharp y aquellos que se han manifestado públicamente en oposición a su gestión.

ROTURA DE LA MATRIZ

En el libro Política y ciudadanía. Los gritos del puerto (2017), escrito por dos socios fundadores del PULM (uno de ellos incluso llegó a ocupar el cargo de Secpla en la gestión de Jorge Sharp y fue cesado de sus funciones por el mismo alcalde), se encuentran las claves para entender los fundamentos del quiebre que, a pocos meses de asumida la autodenominada “alcaldía ciudadana” (nombre propuesto por el PULM para el proceso alcaldicio), se diera al interior del pacto urbano. En este capítulo, el escritor Marcelo Mellado expresa que: “Yo, como otros tantos vecinos y habitantes de la ciudad, pertenecía a un grupo ciudadano llamado La Matriz, hoy casi extinto por la barbarie política partidística, y que fue el que diseñó en parte el modelo de gestión del triunfo electoral y las bases programáticas del proyecto político. La paradoja del éxito político radica, en parte, en la pomada no partidista ni tribal que se vendió, sustentada en una alianza política (y de clases) muy amplia, en donde las palabras claves fueron ciudadanía, territorio y participación”. Al parecer, la barbarie política “partidística” a la que hace mención Mellado tenía que ver con la militancia política del alcalde Jorge Sharp en el Frente Amplio (al parecer hoy ya no es parte de este conglomerado), bloque que actualmente se constituye como la tercera fuerza política del país.

Es indudable que el quiebre del PULM comienza una vez que la política tradicional se hace del poder local. Este quiebre emerge cuando la política devela su rostro, dejando al aire arrugas, cicatrices y aquella visión disociativa que la filósofa Chantal Mouffe describe como propia del conflicto, de la hostilidad y antagonismo que existe en las sociedades humanas.

La paradoja del éxito político del PULM se pudo ver en las banderas que este movimiento flameara durante la campaña municipal. Eran banderas incoloras, pues los colores no se admitían allí como ideologías, sino solamente como opiniones exentas de aquello. Es bueno recordar que entonces muchos vecinos de Valparaíso reconocieron haber votado por la candidatura ciudadana, pues la describían como un movimiento apolítico. El filósofo coreano Byung-Chul Han diría aquí la política cedió paso a la administración de necesidades sociales que dejaron intacto el marco de relaciones socioeconómicas ya existentes y se afincaron allí en una especie de antipartido.

VALPO, YES WE CAN

Para la socióloga Rocío Venegas, autora del libro Ciudadanos o políticos. La traición de Sharp (2018), el valor principal del pacto urbano radicaba en la independencia crítica de sus individualidades por sobre la hegemonía de un movimiento: “La breve elaboración del PULM tuvo como impulso la superación de la mentalidad duopólica. Dotada de capital social y de todos sus ricos componentes (confianza, diversidad creativa de la comunidad, redes colaborativas), pero desprovista de dos aspectos claves, difíciles de elaborar para organizaciones que se fortalecen en la libertad de pensamiento y de acción: carecíamos de un corpus normativo robusto y claro, y de la elaboración de una doctrina ciudadana formal, ante la cual disciplinar y racionalizar nuestro actuar”.

Aun cuando al interior del PULM convivían exiliados políticos de la dictadura, ex militantes del Partido Comunista, militantes del Partido Humanista y del Frente Amplio, en la campaña municipal la candidatura de Sharp nunca se develó como una candidatura de izquierda. El discurso utilizado para seducir a los potenciales votantes residía en la participación ciudadana, el pluralismo, la indignación y una constante arenga que simplificaba o comprimía su discurso político. Era la traducción al español del eslogan “Yes We Can” (“Sí, se puede”), mismo que utilizara Barack Obama en su candidatura presidencial en los Estados Unidos. Este eslogan de la política norteamericana ahora pasaba a ser el grito de guerra de la campaña que llevaría a Jorge Sharp al sillón edilicio de la ciudad puerto.

Sabido es que las olas de indignación y sus correspondientes eslóganes, publicitados desde las redes sociales, suelen ser muy eficientes para movilizar y aglutinar la atención del ciudadano inmerso en el sobreinformado capitalismo actual. Pero, en virtud de su carácter fluido y de su volatilidad, no son apropiadas para configurar el discurso público, ni menos aún el espacio público. El PULM y sus ciudadanos en campaña carecían de firmeza, de actitud. La rebeldía, neurosis y obstinación, características de las olas de indignación, no permitían ninguna comunicación discreta y objetiva, ningún diálogo, ningún discurso de fondo. Todo se disputaba en la superficie de ciertas necesidades locales. Cabe destacar que el Pacto Urbano La Matriz se gesta desde la oposición a la construcción de un mall en el borde costero y a la expansión portuaria en las inmediaciones del sector patrimonial de Valparaíso.

Sólo tres días después de que Jorge Sharp resultara electo alcalde por Valparaíso, Rocío Venegas, una de las fundadoras del PULM, le envía una carta solicitándole, en nombre del pacto urbano, un mayor reconocimiento público: “la gran oportunidad que tenemos con tu triunfo es llevarle una lección a la clase política y para eso hay que ponerle nombre y apellido a estos movimientos ciudadanos, y no dejarlos sin carácter”, dice.

Lo cierto es que, a la misma hora que el PULM hacía esta solicitud, el flamante nuevo alcalde desfilaba por los principales medios de comunicación del país, presentándose como militante autonomista y del Frente Amplio, y dejaba en segundo o tercer plano su afiliación ciudadana al pacto urbano que le sirviera como plataforma electoral en Valparaíso. Al parecer, Sharp entendía que, para asumir la gobernanza de una de las principales ciudades de Chile, aquejada por altas tasas de cesantía, campamentos, delincuencia y bajo nivel de inversión privada, se requería algo más que la dinámica del referéndum y el pluralismo territorial.

Atrás quedaba la campaña y llegaba el momento de la política con referencias ideológicas. En el edificio edilicio de calle Condell, aparecía Rodrigo Ruiz, un reconocido intelectual de izquierda y salían los ciudadanos incoloros, despechados y sentidos, cual amante herido de madrugada.

LA POLÍTICA DESPUÉS DE LA POLÍTICA

El proceso de campaña electoral desarrollado por el Pacto Urbano La Matriz en Valparaíso contiene elementos relevantes para el estudio y análisis de lo que autores como Byung-Chul Han y Chantal Mouffe definen como la pospolítica. La pospolítica carece de los colores de la ideología y los reemplaza por una diversidad de opciones particulares y opiniones carentes de consecuencias, de negatividad perforadora.

La ruptura del Pacto Urbano La Matriz con la actual administración municipal es la ruptura entre la pospolítica y la política. La tarea de la política, según una muy antigua tradición (podemos remontarnos a Aristóteles) consiste en orientar y contener, mediante la deliberación, las pasiones espontáneas de la gente. El papel de la palabra en la vida pública enseña esa tradición, no es simplemente replicar lo que las personas espontáneamente creen o desean, sino en corregirlo. Por eso Platón y Aristóteles (a partir de un poema de Arquiloco) retratan al político como el piloto que conduce la nave del Estado.

El caso del PULM (también podríamos agregar el de Pepa Errazuriz en Providencia) deja en evidencia que, para conducir el timón de naves tan complejas como Valparaíso, no basta con sentimientos y un listado de buenas intenciones. Es necesaria la habilidad de un piloto que no sucumba ante las primeras olas. En este caso, parece que a la primera ola el piloto comenzó a lanzar al océano toda la carga, incluida su tripulación y, lo que es peor, hasta se despojó de su brújula.

Cristián Zúñiga