Opinión

Simplemente monstruoso

Por: Paul Cantor | Publicado: 30.10.2020
Simplemente monstruoso Donald Trump |
Desde el momento en que asumió el cargo de Presidente con la promesa de «traer de vuelta el waterboarding y un infierno mucho peor que el waterboarding», y construir muros para evitar que inmigrantes no blancos ingresen a nuestro país, el presidente Donald Trump se ha empeñado en hacer retroceder el reloj a una época cuando se separaba a los negros de los blancos, a los homosexuales no se les permitía casarse, se esperaba que las niñas crecieran para ser nada más que amas de casa o secretarias y el fascismo estaba en aumento.

La Casa de Vampiros en Managua, Nicaragua, se situó en el corazón del segundo país más pobre de América Latina durante el reinado del dictador Anastasio Somoza. Allí se extrajo sangre, la sangre de los pobres nicaragüenses. Luego, el plasma se separó y se envió a los Estados Unidos. No por nada, por supuesto. El receptor pagó por el plasma del donante. Quince dólares era la tarifa corriente. Somoza recibió U$ 10. El donante recibió U$ 5.

Eso le dio una idea a un profesor de ingeniería. El profesor pidió a sus alumnos que diseñaran un oleoducto para transportar sangre humana desde Nicaragua a Estados Unidos. Los estudiantes comenzaron discutiendo el diámetro óptimo de la tubería y los métodos para evitar que la sangre se coagule. Pero el profesor no permitió que la discusión continuara por mucho tiempo antes de preguntar por qué ninguno de ellos había objetado la pregunta. “Esta es una clase de ingeniería, no de ética”, respondió un estudiante.

A José Ortega y Gasset no le habría sorprendido. En 1930, cuando los nazis comenzaron su ascenso al poder en Alemania, el filósofo español publicó La rebelión de las masas, en la que escribió: «Su especialista moderno… es un sabio-ignorante, cosa sobremanera grave pues significa que es un señor que se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio”, y por lo tanto será capaz de servir a causas bárbaras como Adolph Hitler y Hideki Tojo o los intereses de los autócratas populistas de hoy día.

Así que hoy sabio-ignorantes como el Procurador General de Estados Unidos, William Barr, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, y el asesor senior Steven Miller, están apoyando las políticas racistas, xenófobas y nacionalistas del presidente Trump. En las palabras de José Ortega y Gasset, «lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera». Por consiguiente, en este Halloween, mientras vemos a nuestros hijos enfrentarse a monstruos ficticios de todo tipo, debemos motivarlos a prepararse para enfrentarse a los monstruos reales que probablemente encontrarán más adelante en la vida. Y ese es precisamente el objetivo de los concursos de ensayos sobre derechos humanos para estudiantes de secundaria patrocinados por la Fundación para la Educación en Derechos Humanos Kemper (khref.org).

Hace 75 años, Richard Kemper y 11 millones de soldados aliados murieron en la Segunda Guerra Mundial. No sólo luchaban por defender a sus países. También estaban luchando para derrotar al fascismo y crear un orden mundial justo. Y afortunadamente, como resultado de sus sacrificios, el fascismo fue derrotado, se crearon las Naciones Unidas y se redactaron, firmaron y ratificaron la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros documentos internacionales de derechos humanos que especifican aquellas cosas a las que todos deberían tener derecho. Esas cosas se llaman derechos humanos y después de la Segunda Guerra Mundial, bajo el liderazgo de Eleanor y Franklin Roosevelt, despegó el esfuerzo para asegurar su realización en Estados Unidos y en el mundo entero.

Pero, desde el momento en que asumió el cargo de Presidente con la promesa de «traer de vuelta el waterboarding y un infierno mucho peor que el waterboarding«, y construir muros para evitar que inmigrantes no blancos ingresen a nuestro país, el presidente Donald Trump se ha empeñado en hacer retroceder el reloj a una época cuando se separaba a los negros de los blancos, a los homosexuales no se les permitía casarse, se esperaba que las niñas crecieran para ser nada más que amas de casa o secretarias y el fascismo estaba en aumento. Eso es lo que Make America Great Again significa para sus seguidores más devotos en los EE.UU. Para ellos, MAGA es un silbato de perro para Make America White Again o MAWA. Además, para los activistas de derechos humanos y los autócratas demagógicos de todo el mundo que se oponen a ellos, el mensaje de Trump es más directo. Como lo expresó en su discurso ante la 74° sesión de la Asamblea General de la ONU, es: «el futuro no pertenece a los globalistas».

Ambos mensajes, por supuesto, son simplemente monstruosos.

Paul Cantor