Opinión

La improvisación

Por: Cristián Zúñiga | Publicado: 26.02.2021
La improvisación |
He de esperar que el Parlamento ponga la cuota de sensatez necesaria y opte por mantener el proceso de votación, tal cual se había establecido, para la jornada única del domingo 11 de abril. Ya hemos visto que, cada vez que este gobierno improvisa, los costos a pagar por el país, han sido enormes. Por el contrario, las veces que el Ejecutivo se ha puesto de acuerdo con universidades, gremios y la ciudadanía, como en el caso de las vacunas, los procesos suelen ser exitosos y todos terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras instituciones.  

A menos de dos meses de que ocurra la votación más importante de los últimos años en Chile, aún no se tiene claridad respeto a cómo se llevará a cabo este proceso. Ahora asoma la idea de realizar, en dos días, la mega elección donde se elegirán a los miembros de la Convención Constitucional, a gobernadores, alcaldes y concejales. Se trata de un proyecto de ley que el gobierno presentará al Parlamento para que dicha elección se desarrolle durante los días sábado 10 y domingo 11 de abril.

Puede que el entusiasmo que ha generado el exitoso proceso de vacunación llevado a cabo por los funcionarios de la salud esté en la mente de algunos asesores presidenciales y lo proyecten como un símil de lo que podría ocurrir a la hora de convocar a vocales de mesas, Fuerzas Armadas y votantes,  para cumplir con una elección que será algo compleja, dado el número de opciones que habrá en cada papeleta (la papeleta de candidatos para la Convención Constitucional será particularmente compleja por la abundancia de opciones). Sin embargo, esos asesores ocurrentes deberían considerar que los procesos electorales son actos que significan demasiado para los países, en términos de reputación y confianza. Los países que improvisan sus votaciones suelen terminar con líos políticos internos y quedan mal parados en el circuito internacional. De hecho, sería un retroceso para la trabajada imagen-país, y su fama de ser una de las democracias más estables del continente, improvisar en una elección de esta envergadura.

Imagine usted lo que significará depender de la asistencia de vocales de mesa durante dos días seguidos (recién el 20 de marzo se publicará la nómina de vocales), lograr que se constituyan las mesas durante dos días seguidos y custodiar las urnas con votos durante dos días. Por supuesto que no seríamos el primer país del mundo, menos aún en contexto de pandemia, que realizaría una elección durante más de una jornada de votación. Pero es probable que no muchos países del mundo, a menos de dos meses de una elección, aún no tengan claras sus reglas. Esta primera semana de marzo, el Parlamento deberá definir si acoge o no la propuesta del Ejecutivo y, de seguro, luego de sus vacaciones, los diputados y senadores llegarán con ganas de opinar, aparecer y hasta capaz que instalen una contrapropuesta (antes del receso de vacaciones ya había sido rechazada la propuesta de votación anticipada). Por lo mismo es que, de aprobarse la idea del gobierno, y en el entendido que al Parlamento no se la hará fácil, es que uno supone que el tiempo para preparar la logística de una votación de dos días será insuficiente. Lo más probable es que, de aprobarse esta idea, nos veamos expuestos a una serie de errores y chascarros que harán ver, aún más frágil, el estado actual de nuestras instituciones.

El plebiscito llevado a cabo el pasado 25 de octubre demostró que nuestro país es capaz de organizar, en plena pandemia, una votación impecable. De hecho, esa votación fue una especie de golpe anímico para nuestros espíritus republicanos. Por lo mismo, es que una votación hecha de manera improvisada, y sin las reglas claras, pudiera generar el efecto inverso. Más aún, en un proceso donde se elegirán a los redactores de la nueva Constitución (las candidaturas a gobernadores, alcaldes y concejales han pasado algo desapercibidas). Si para la ciudadanía ya es complejo tener que votar por cientos de nombres que optan a cuatro cargos distintos, más todavía lo será tener que votar, por primera vez, en un proceso de dos días. Las elecciones suelen ser un ritual, una especie de gala ciudadana donde el pueblo suele encontrarse y donde todos valemos lo mismo. A estas alturas una improvisación puede espantar el aura de esta tradición y nuestra política verse aún más deteriorada.

He de esperar que el Parlamento ponga la cuota de sensatez necesaria y opte por mantener el proceso de votación, tal cual se había establecido, para la jornada única del domingo 11 de abril. Ya hemos visto que, cada vez que este gobierno improvisa, los costos a pagar por el país, han sido enormes. Por el contrario, las veces que el Ejecutivo se ha puesto de acuerdo con universidades, gremios y la ciudadanía, como en el caso de las vacunas, los procesos suelen ser exitosos y todos terminamos sintiéndonos orgullosos de nuestras instituciones.

Cristián Zúñiga
Profesor de Estado. Vive en Valparaíso.