Opinión

El peor y único momento

Por: Valentina Contente Montenegro | Publicado: 06.05.2021
El peor y único momento | Agencia Uno
¿Quiénes mueren en hospitales esperando atención? ¿Quiénes dentro de una crisis mundial siguen aumentando sus riquezas mientras otros sólo logran alimentarse de una olla común? La segunda ola del virus ha sido brutal en muchos aspectos, y no cabe duda que este es el peor momento para cambiar por completo lo que definirá los límites de esta sociedad. Pero también es un momento único, en que las realidades se ven crudas y expuestas, y las verdaderas formas de cada actor se dibujan con mayor claridad.

El estallido social parece haber sucedido hace siglos atrás. Pero, al mismo tiempo, con la distorsión temporal como síntoma generalizado de los enfermos y no enfermos de esta pandemia, también parece que el estallido fue sólo ayer. La incertidumbre, la esperanza, el fuego, el derecho de vivir en paz, los cacerolazos, los ojos perdidos, la dignidad peleada, el baile de los que sobran, la masa humana marchante. Si cierro los ojos siento la turbulencia de esa primavera de 2019, las pasiones y tensiones políticas a flor de piel, las discusiones eternas y los lazos que querían cortarse. Puedo recordar el horror frente a los heridos reales y el rumor de los desaparecidos, frente a la incredulidad de las primeras cifras de muertos y de víctimas de violencia política-sexual. El pasado había encontrado un lugar donde rebotar y devolverse con todo su espanto, mientras varios nos preguntábamos, “¿y el nunca más?”.

Luego vino esa pequeña victoria que, aunque poco podía confiarse en ella y en quienes la enarbolaban como trofeo ganado de lucha ajena, era un signo de esperanza. El pacto por la nueva Constitución. Una hojita firmada de madrugada y de mala gana por políticos asustados y desconcertados de ver la realidad por primera vez en su vida. Pero, para todos quienes alguna vez levantaron una bandera o rayaron un muro con A.C, la hojita era la primera promesa real de cambio. Aún promesa, como todo en política, pero también la primera oportunidad concreta en años de generar transformaciones profundas. La primera opción de cambiar la médula de la espina de la espalda de este largo cuerpo de territorio que llamamos Chile. Una médula que fue creada mientras el resto del cuerpo se encontraba herido, amordazado, con miembros muertos y otros desaparecidos. Esa médula fue revisada y corregida durante veinte años, mientras el cuerpo intentaba sanar y detener los temblores provocados por el horror. ¿Pero se puede sanar cuando la génesis se perpetúa? El estallido social responde con sus gritos y sus cantos y sus letras.

Se asoma el cambio de médula… y, al tiempo que se comienza a planificar el cambio del soporte, el virus enferma a los cuerpos y los pone en soporte vital. El miedo a enfermar en una sociedad enferma, el hambre, el encierro, la mente que se degrada, la angustia, la muerte. La protesta cansada, la violencia doméstica sin escapatoria, los profesionales y técnicos de la salud cayendo como soldaditos de plástico en una guerra que nadie esperaba, que nunca termina. ¿Cómo cambiar la médula ahora? ¿Serán estas las condiciones en las que tendremos que volver a armar esta espalda? ¿Será otra vez el miedo y la libertad cercenada el trasfondo de este momento histórico?

Es el peor momento, sí, pero también el único. Y no todo es igual. Es cierto: este cuerpo aún tiembla por el pasado y ha adquirido nuevos terrores y nuevas heridas. Podría decirse que se encuentra en shock, y que una sociedad en shock no es la que podrá tomar las mejores decisiones para su futuro. Pero también es cierto que el estallido y el virus dejaron en evidencia la desigualdad como nunca se había visto antes. ¿Quiénes fueron los heridos y detenidos durante el estallido? ¿Quiénes mueren en hospitales esperando atención? ¿Quiénes dentro de una crisis mundial siguen aumentando sus riquezas mientras otros sólo logran alimentarse de una olla común? La segunda ola del virus ha sido brutal en muchos aspectos, y no cabe duda que este es el peor momento para cambiar por completo lo que definirá los límites de esta sociedad. Pero también es un momento único, en que las realidades se ven crudas y expuestas, y las verdaderas formas de cada actor se dibujan con mayor claridad. Una sociedad en crisis difícilmente puede tener el tiempo y la tranquilidad para tomar este tipo de decisiones cruciales, pero una sociedad en crisis es la única que puede ver con claridad los problemas que le afligen, y la urgencia y la importancia de hacer cambios profundos. Las trampas del sistema harán aún más difícil la labor, y la saturación de información agotan a ojos y mentes ya exhaustas. Aun así, es necesario e imperativo realizar este proceso y reconstruirnos, conscientes del mundo nuevo que se abalanza estemos listos para él o no.

Valentina Contente Montenegro
Antropóloga social.