Opinión

Una Constitución desmilitarizada

Por: Pelao Carvallo | Publicado: 27.05.2021
Una Constitución desmilitarizada |
La labor de la actual Convención Constituyente, en un proceso de reparación al trauma militar que sufre Chile, debe pasar por desinstalar la presencia militar de todos sus privilegios y excepciones. Es necesario encarar un proceso destituyente del poder y lobby militar y eso debe aparecer con claridad en el texto constitucional: ideas fuerza, legitimidades militaristas como los conceptos de defensa, seguridad e interés nacional deben ser borrados en tanto son incompatibles con los derechos humanos, las buenas relaciones internacionales y, sobre todo, con una democracia realmente igualitaria, sin excepciones.

Un gran bien para Chile al que puede contribuir la Constituyente es dar continuidad al proceso de desmilitarización del país que la gente, en la calle, desde antes del 18/O, viene realizando. Las y los jóvenes han venido haciendo insumisión al Servicio Militar Obligatorio de una manera consistente y persistente por un lado (https://www.clacso.org/la-revuelta-social-contra-el-servicio-militar/) y, por otro, en las calles el rechazo a la presencia militar escudada en tantos repetidos estados de excepción ha sido también persistente y consistente.

La actual Constitución está militarizada, en tanto reconoce a las Fuerzas Armadas como principio y pilar del concepto de defensa. La defensa, la seguridad nacional lo son en tanto tienen relación con las Fuerzas Armadas. Todos los órganos importantes que menciona la Constitución tienen exclusiones de actuación respecto a esos temas que competen a las Fuerzas Armadas. Los principios de paz y buen relacionamiento son marginales frente a los conceptos militaristas de seguridad, defensa e interés nacional. Vale recordar que la actual Constitución tiene un origen dictatorial y criminal, y está fuertemente orientada a sostener el poder militar, en su momento incluso declarando inconstitucionales ciertas ideas y orgánicas que les parecía contrarios a ese poder militar. Con el transcurso de los años, y ante la vergüenza internacional de tener una democracia militarizada, los aspectos más escandalosos de esta impronta militarista fueron limándose, como los senadores vitalicios y designados, que tenían una cuota concreta de representación uniformada.

Esta impronta militar sigue presente en la actual Constitución con su guiño a la Doctrina de Seguridad Nacional (que tanto daño hizo) en su prefacio titulado “Bases de la Institucionalidad”. Este concepto se usa para anular o disminuir la efectividad de algunos artículos, como el artículo 8, referido a la probidad y trasparencia en la actividad pública de las autoridades. La condena constitucional al terrorismo es otra de esas improntas militares pinochetistas que persisten, actualizadas. El artículo 19 establece privilegios para las Fuerzas Armadas bajo los conceptos de defensa y/o seguridad nacional, privilegios que tienen que ver con los temas judiciales, impositivos y de propiedad. El artículo 22 da carácter constitucional a la obligación militar. El artículo 32 les da rango presidencial a los asuntos de las Fuerzas Armadas. Todo lo referido a Estados de Excepción da potestades a las Fuerzas Armadas y así a lo largo de toda esta Constitución. Eso, sin contar que todo el capítulo XI está dedicado a las FF.AA.

La labor de la actual Convención Constituyente, en un proceso de reparación al trauma militar que sufre Chile, debe pasar por desinstalar la presencia militar de todos sus privilegios y excepciones. Es necesario encarar un proceso destituyente del poder y lobby militar y eso debe aparecer con claridad en el texto constitucional: ideas fuerza, legitimidades militaristas como los conceptos de defensa, seguridad e interés nacional deben ser borrados en tanto son incompatibles con los derechos humanos, las buenas relaciones internacionales y, sobre todo, con una democracia realmente igualitaria, sin excepciones.

En ese sentido la Constituyente debe seguir el paso a los y las jóvenes que vienen derrotando al Servicio Militar desde el asesinato de Pedro Soto Tapia, de las movilizaciones que rechazan la presencia militar y policial uniformada como aparato represor y que en esa lucha sufrieron los criminales efectos de una policía militarizada como es Carabineros. Se trata que esta Constituyente esté en sintonía con el pueblo respecto al tema militar.

La gente en la calle y en los territorios ha instituido otros conceptos y prácticas que debieran ser rescatados en esta discusión constituyente. No necesitamos defensa; necesitamos cuidado mutuo como el que se hace en las ollas comunes. No necesitamos represión que mutila y mata: las manifestaciones las cuidan muy bien quienes se manifiestan, por ejemplo. El interés social tiene más sentido que el interés nacional: interés social de disminuir las desigualdades sociales, abolir los privilegios de algunas castas aboliendo esas castas, como la militar. Una Constitución desmilitarizada no sólo es necesaria, sino que es indispensable como forma de reparación a los habitantes de Chile en general.

Pelao Carvallo
Escritor, poeta y comunicador chileno/paraguayo. Integrante de la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe (Ramalc).