Opinión

La globalización yanacona del Marqués Vargas Llosa

Por: Darwin Rodríguez | Publicado: 10.06.2021
La globalización yanacona del Marqués Vargas Llosa Presidentes Piñera y Macri junto a Mario Vargas Llosa |
El marqués Vargas Llosa habla de “jalarse los pelos” en la Constituyente. Ah, querido marqués, cuando mi abuela se sentía nerviosa regaba sus manos con agüita tibia; quédese tranquilo que más que vanguardia o retaguardia, nuestra sociedad sencillamente no baja la guardia frente al desarrollo propiciado por ella misma y al que a usted tanto le gusta analizar a través de los periódicos con un estilo más de agente de marketing que de un verdadero escritor. Muy acorde con los tiempos y lamentable para un Nobel que anda repartiendo premios por volúmenes de venta. Bueno, pero como todo debe decirse, no es novedad la existencia de escritores que comienzan bien y terminan como las huifas.

El populismo existe y es peligroso. Es verdad. Tan verdad como para que el marqués Vargas Llosa siga llenando sus arcas con ensayos cada vez más deprimentes acerca de un continente del cual lo último verdaderamente interesante que ha dicho ocurrió hace medio siglo.

Como yo me cuido de andar pregonando acerca de la sensatez o insensatez de la ciudadanía de otros países, sólo me referiré a los epítetos utilizados por el marqués para referirse a mi país, Chile, donde nunca he tenido la oportunidad soñada de encontrarme con semejante nobleza. Debe ser que soy muy casero, porque la omnipresencia del marqués se está dando por sentada: se respira Vargas Llosa. Lamentablemente, lo que supera la profundidad de análisis del marqués es que esos sujetos a los que él llama “rebeldes” quemaron el metro debido a que se convirtió en el más costoso de América Latina, donde la riqueza de todos solventa vidas modernas de nivel europeo para pocos. Dice también que el PC es el primer partido político del país. ¿Cuáles son las fuentes del marqués para aseverar esto? Ninguna. O seguramente su Premio Nobel (de Literatura). Dice “jóvenes de ambos sexos”. ¿A qué se deberá esta gran capacidad de especificidad del marqués? ¿Intentará recordarnos que existen hombres y mujeres? Muchas gracias, marqués, un aporte invaluable, sin duda. Y justo a tiempo pues parece que estábamos viviendo entre puros  entes. Habla de los “sueños” de los jóvenes (de ambos sexos), como si leer la sociedad fuera lo mismo que leer una novela. Ni Nicanor Parra tuvo tales delirios de grandeza. Habla de “jalarse los pelos” en la Constituyente. Ah, querido marqués, cuando mi abuela se sentía nerviosa regaba sus manos con agüita tibia; quédese tranquilo que más que vanguardia o retaguardia, nuestra sociedad sencillamente no baja la guardia frente al desarrollo propiciado por ella misma y al que a usted tanto le gusta analizar a través de los periódicos con un estilo más de agente de marketing que de un verdadero escritor. Muy acorde con los tiempos y lamentable para un Nobel que anda repartiendo premios por volúmenes de venta. Bueno, pero como todo debe decirse, no es novedad la existencia de escritores que comienzan bien y terminan como las huifas.

En fin, antes de que me domine la furia de pueblo llano a la que tanto teme el marqués, sólo quisiera retraer que, como en un juego de espejos, la sociedad proyecta en las cosas ciertas cualidades humanas y usa las mismas cosas como metáforas de su comportamiento. La manera en que los materiales y las estructuras reaccionan ante las exigencias mecánicas es sacada de su identidad que, más que otras, se presta a este juego de antropomorfismo: el “carácter” del bambú y el de los rastrojos son evidentemente distintos del de la encina. Mientras la encina es la imagen de valores positivos (coherencia, solidez, transparencia de intentos) lo que es flexible y elástico como el bambú o flexible y plegable como el rastrojo evoca imágenes a las que nuestra cultura atribuye valores ambiguos o directamente negativos (oportunismo, doblez, debilidad): la serpiente es flexible. El mundo parece haber estado dominado por los valores y la estética de los rígidos. Sin embargo, lo rígido, lo indeformable, no existe: la prestación a la que atribuimos esta cualidad es, en el lenguaje común, una pura aproximación y, en el lenguaje técnico, una convención. Es rígido aquello de lo que no notamos las deformaciones o, con más exactitud, aquello que, dado el sistema de resistencia, se deforma de modo aceptado y previsto (Manzini).

Darwin Rodríguez
Editor literario.