Opinión

Modernización, nueva Constitución y psicología

Por: Antonio Hermosilla | Publicado: 11.06.2021
Modernización, nueva Constitución y psicología |
Frente a la crisis de legitimidad institucional vivida por el país a finales de 2019 (que no es más que la referida al proceso de modernización elegido por el sistema político y económico desde la dictadura, fortalecido en democracia), se ofrece una salida constitucional, como si de ella dependiera totalmente el éxito de nuestro desarrollo como país. La pregunta que cabe hacerse es si basta con diseñar y redactar un nuevo marco constitucional para asegurar un proceso modernizador acorde a las nuevas exigencias de un mundo globalizado y transitando por esta nueva crisis epocal. Me temo que lo más probable es que volvamos a sufrir una crisis de expectativas, esta vez no desde las promesas del mercado (ingreso y consumo), sino desde el espacio de la política (legitimidad y representatividad).

Crisis epocal y republicanismo popular (2021) es el último libro publicado por Hugo Herrera, académico de la Universidad Diego Portales. En el escrito se señalan cuatro factores que estarían incidiendo en la actual crisis institucional que atraviesa el país y gran parte del mundo: un Estado burocrático y anquilosado; un mercado abusivo y una riqueza fuertemente concentrada en pocas familias; una élite oligárquica desconectada de la masa popular; y un campo ideológico sin discursos legitimados por la ciudadanía. Todos son factores que inciden en una tensión en la que el pueblo no se siente reconocido ni incluido en los destinos de la nación. La actual crisis del proceso de modernización chileno no es nueva.

Ya en 1992, José Joaquín Brunner hablaba de que el gran problema en Chile y Latinoamérica era una pseudo o falsa modernidad, donde el componente cultural y práctico-moral referente a la producción de valores y símbolos racionales no iba de la mano con el proceso de modernización institucional que impulsaba el desarrollo económico de la región. Más tarde, Tomás Moulian se hace eco de este diagnóstico señalando el “gatopardismo” de nuestro desarrollo económico en democracia, sustentado más en el consumo y el endeudamiento de gran parte de la población antes que en un proyecto con miras a una sociedad desarrollada. Recientemente, Carlos Peña ha señalado que el problema con el proceso modernizador en Chile tiene que ver con una asimetría entre las expectativas prometidas por el modelo neoliberal y la satisfacción obtenida, es decir, acceso a bienes suntuarios que han devenido masivos y, por ende, han perdido su valor estatutario.

Frente a la crisis de legitimidad institucional vivida por el país a finales de 2019 (que no es más que la referida al proceso de modernización elegido por el sistema político y económico desde la dictadura y fortalecido en democracia), se ofrece una salida constitucional, como si de ella dependiera totalmente el éxito de nuestro desarrollo como país. La pregunta que cabe hacerse es si basta con diseñar y redactar un nuevo marco constitucional para asegurar un proceso modernizador acorde a las nuevas exigencias de un mundo globalizado y transitando por esta nueva crisis epocal. Me temo que, siguiendo el argumento de Carlos Peña, lo más probable es que volvamos a sufrir una crisis de expectativas, esta vez no desde las promesas del mercado (ingreso y consumo), sino desde el espacio de la política (legitimidad y representatividad).

El desafío modernizador que nos convoca desde los años 70 en adelante, pensado monolíticamente como un mejoramiento institucional, económico o político, es probable que tenga que ver más con abrirnos a una mirada comunitaria que descanse en valores como la empatía, la sensibilidad y la apertura consciente al otro. Esto se traduce en un cambio cultural que pueda sostener la actual crisis y nos entregue luz al final del camino. Y es aquí donde el ejercicio profesional de la psicología tiene mucho que aportar.

La psicología como dispositivo terapéutico ha buscado transformar la vida de millones de personas en pro de un horizonte normativo, donde el encuentro auténtico y responsable permita fortalecer eso que Antonio Negri denominó la multitud. El ejercicio de la psicoterapia en el contexto actual desafía a los terapeutas a que lo concibamos y practiquemos como un aporte a la capacidad de pensar y enfrentar los procesos de bienestar y malestar subjetivos insertos en una compleja dinámica social. También como un mecanismo de promoción de actitudes proactivas y dialogantes en el mundo social e interpersonal, evitando una mirada psicologizante o medicalizadora de la salud mental.

Antonio Hermosilla
Psicólogo, magíster y doctor en Sociología. Académico del postítulo en Piscoterapia Humanista y Transpersonal de la Universidad Diego Portales.