Opinión

Zonas de sacrificio y modelo extractivo: habitantes de Quintero y Puchuncaví en espera

Por: Camila Ponce Lara | Publicado: 08.07.2021
Zonas de sacrificio y modelo extractivo: habitantes de Quintero y Puchuncaví en espera Termoeléctrica de Ventanas |
La contaminación no es algo nuevo en la zona de Quintero y Puchuncaví, puesto que son conocidos los episodios de niños envenenados y con mareos que se repiten de manera reiterada en los medios. En función de mejorar sus condiciones de vida, la Corte Suprema emitió un fallo en 2019 buscando limitar la emisión de gases contaminantes por parte de las empresas que operan en la zona y además Piñera confirmó el cierre de la central termoeléctrica Ventanas 1 a fines de 2020. Pero los episodios de contaminación persisten.

Parecen estar en el olvido los recuerdos en las cuales las localidades de Ventanas y Quintero eran apacibles lugares de veraneo, dado que cuando escuchamos estos nombres pensamos más bien en zonas de sacrificio y hombres verdes. En efecto, sus habitantes han aparecido sistemáticamente en la prensa, señalando sus graves enfermedades y al mismo tiempo denunciado cómo sus cuerpos han sido contaminados por los grandes índices de dióxido de azufre, trióxido de azufre, arsénico y material particulado 2.5.

El daño del parque industrial en la zona ha degradado fuertemente la vida de sus habitantes, no solamente por las distintas enfermedades a las cuales están expuestos, sino también porque las principales actividades económicas que se desarrollaban en la zona, que eran la pesca y la agricultura, se vieron mermadas producto de la instalación de estas plantas. Los peces y mariscos que antes abundaban en la bahía ahora son escasos y los pescadores han debido mutar de oficio a recolectores de algas en un fondo marino completamente carbonizado producto de las descargas que se realizan periódicamente en la bahía.

Así es como ha sido acuñado el término “zona de sacrificio“ por parte de las ONGs y de las localidades para denunciar la contaminación en estos lugares, y se busca designar a las comunidades afectadas por los impactos ambientales. La zona de Puchuncaví y Quintero es una de ellas, puesto que ahí se albergan más de 17 empresas, entre las que destacan 7 termoeléctricas a carbón, una refinería y una fundición de cobre, tres empresas relacionadas con la distribución de hidrocarburos, dos empresas almacenadoras de químicos y tres empresas distribuidoras de gas. La fecha de instalación de este parque industrial data de 1964 y sus habitantes se han movilizado desde el regreso a la democracia en distintas organizaciones que buscaban defender el medioambiente y también proteger a los trabajadores de las empresas instaladas en el sector.

Estas comunidades, que han vivido en un estado de alarma constante por los peaks de contaminación, desde antes de la pandemia han señalado constantemente la negligencia por parte de las autoridades, situación que se ha agravado a partir del 2020. Puesto que, si la salud de sus habitantes ya estaba en riesgo, las posibilidades de contagiarse con Covid-19 son aún mayores por sus enfermedades preexistentes.

El modelo extractivo ha dado muestras de la devastación de los territorios. Ejemplos de aquello podemos observarlo en ríos, mares, bosques y montañas de la región latinoamericana, como ha sido el caso en Colombia, Brasil, Nicaragua, Honduras, entre tantos otros países, y Chile no se queda atrás. Sin embargo, este modelo ha dado muestras claras de su fracaso, puesto que el supuesto progreso del extractivismo ha sido pan para hoy hambre para mañana, por la vulneración de las comunidades y territorios, puesto que no solamente los ríos se secan y se contaminan los mares, sino que la población queda devastada y sin recursos para subsistir.

Efectivamente, el movimiento #ChileDespertó, que emergió el 18 de octubre del 2019, al cual se han plegado estas zonas se sacrificio, ha hecho eco de estas demandas al igual que muchos de los convencionales, en particular Elisa Loncón, presidenta de la Convención Constituyente. Es fundamental que estos territorios tengan protagonismo junto con sus demandas, y los derechos de la naturaleza sean incorporadas en los programas de las próximas candidaturas presidenciales, dado que es imprescindible instalar un buen vivir para estas comunidades conviviendo de manera armónica con el medioambiente.

Camila Ponce Lara
Doctora en Sociología. Investigadora del Centro de Investigación de Ciencias Sociales y Juventud de la Universidad Católica Silva Henríquez.