Opinión

Determinar al candidato, no darlo por determinado (aunque ya tenga nombre)

Por: Arnaldo Delgado | Publicado: 30.07.2021
Determinar al candidato, no darlo por determinado (aunque ya tenga nombre) | Agencia Uno
Antes de irse para la casa, la y el votante politizado que optó por Jadue —entre los que me incluyo—, y que hoy se halla disgustado —entre los que me encontraba yo el domingo 18 en la noche—, debería involucrarse en fortalecer en la coalición la posición estratégica y programática que la pre-candidatura del alcalde de Recoleta simbolizaba, con tal de dar, desde dicha sensibilidad, nervadura a un eventual gobierno de Apruebo Dignidad. Determinar los lineamientos del candidato desde la afinación táctico-estratégica, programática y orgánica del conglomerado es la tarea y, aunque él ya tenga nombre (Gabriel Boric), no dar, por su identidad, trayectoria o domicilio, dichos lineamientos por determinados.

No nos engañemos: la crisis de representación no se solucionó con el resultado de las primarias. Tampoco se hubiese solucionado con Daniel Jadue en la papeleta de noviembre, ni tampoco con la eventual opción de la Lista del Pueblo. La crisis es estructural, maciza, y no se soluciona desde la identidad de la o el representante y su partido (“que quien me represente se parezca a mí, o hable como yo, o tenga una historia de vida parecida a la mía”), sino que rectificándola desde la participación popular en constante presencia deliberativa de los asuntos que cotidianamente nos competen (antes de la representación, o re-presencia, la presencia de quienes precisan delegación). Por ello, aún un largo proceso queda para que las y los comunes y corrientes seamos capaces de instituir una nueva matriz representacional que ensebe el flujo entre presencia popular y representación, más allá de las identidades y credenciales morales de quienes encarnen sus delegaturas.

Dicho esto, a falta de una matriz representacional legitimada desde el devenir de lo social (que sin duda se encausa a partir de la Convención Constitucional), las elecciones primarias de Apruebo Dignidad tuvieron, a mí parecer, un exceso de factor “identidad” en las preferencias entre un candidato u otro, lo cual trae como consecuencia el sobredimensionar las credenciales personales de cada uno y, por defecto, subvalorar la potencia política que atañe al conglomerado. Creo necesario revertir esa realidad en miras de fortalecer la coalición; darle dirección y envergadura histórica más allá de lo netamente electoral con tal de supeditar el ejercicio de la candidatura a un colectivo de sensibilidades múltiples.

Para ello, la construcción programática de Apruebo Dignidad juega un papel fundamental. Antes que ser un pegoteo entre los programas de Chile Digno y del Frente Amplio, su elaboración, me parece, debería perfilarse tal como se construyó el otrora Programa de muchos: auto-convocado y abierto tanto sectorial como territorialmente. Ahí se juega, en parte, un asunto sustantivo del carácter de la candidatura de coalición y su acumulación de legitimidad estratégica, más allá y más acá del estilo de liderazgo e identidad del candidato. Para esto se tiene más experiencia que la que tenía el Frente Amplio en 2017, y tanto su reordenamiento estructural post 18 de octubre, como también su actual alianza con Chile Digno, asienta las posiciones orgánicas para establecer, ordenadamente, instancias de participación y organización que la candidatura de Beatriz Sánchez no pudo afirmar. Por ejemplo, en 2018 no se consolidó una política interna de mantenimiento de los Grupos de Apoyo Programático como espacios intermediarios entre organización popular o sectorial y representación parlamentaria, error que no puede permitirse una coalición que debe fundamentar su impugnación al poder en la organización desde abajo.

Creo en esto como uno de los elementos contributivos, entre otros, para estructurar una base orgánica mínima de coalición que soporte el ejercicio de un candidato, y eventualmente de una agenda legislativa y ejecutiva. En eso la Convergencia Social no aguanta por sí sola; tampoco el Frente Amplio, el cual suma electorado, y consolida impresionantemente su despliegue electoral (llegando el domingo 18 a los resultados más abultados para la izquierda en décadas), pero su timidez estratégica y errores políticos pre y post 18 de octubre despilfarran la posibilidad de que esa suma y apoyo se transforme en fuerza efectiva para intervenir, controladamente, en la correlación de fuerzas que sostiene al poder neoliberal actual.

Con la votación de las primarias el conglomerado acumula para su despliegue electoral de noviembre; acumulación que, aneja, debe encarnarse táctica y estratégicamente en un cauce orgánico popular que direccione, desde sus diversas sensibilidades, el perfil de una candidatura presidencial capaz de impugnar al poder. Por lo mismo, antes de irse para la casa, la y el votante politizado que optó por Jadue —entre los que me incluyo—, y que hoy se halla disgustado —entre los que me encontraba yo el domingo 18 en la noche—, debería involucrarse en fortalecer en la coalición la posición estratégica y programática que la pre-candidatura del alcalde de Recoleta simbolizaba, con tal de dar, desde dicha sensibilidad, nervadura a un eventual gobierno de Apruebo Dignidad. Determinar los lineamientos del candidato desde la afinación táctico-estratégica, programática y orgánica del conglomerado es la tarea y, aunque él ya tenga nombre (Gabriel Boric), no dar, por su identidad, trayectoria o domicilio, dichos lineamientos por determinados.

Arnaldo Delgado
Licenciado en Artes y magíster en Filosofía. Autor del libro "Abecedario de octubre".