Opinión

Los pactos de impunidad y el sacrificio de la rebeldía juvenil

Por: Cristhie Mella | Publicado: 30.07.2021
Los pactos de impunidad y el sacrificio de la rebeldía juvenil | Agencia Uno
El gran problema de los acuerdos políticamente correctos a que nos hemos acostumbrado es la neutralización y muerte prematura de las demandas de cambio levantadas. Se pasa al atávico juego de la negociación política. Cambiar para no cambiar nada, es el riesgo. Tomás Moulian analizaba el gatopardismo de los años de transición y otros pensadores han analizado los procesos históricos como vueltas en espiral, volver a encontrase en un mismo punto de partida, en contexto distinto, pero repitiendo patrones ya ensayados en etapas anteriores. Volvemos al punto en que el orden tal y como estaba ya no resiste y la élite política debe ceder a un cambio. Sin embargo, nuevamente se urden los nudos del amarre sobre la base de la impunidad y el sacrificio de los y las jóvenes.

Parece un sino o una suerte de pacto tácito el sepultar la inquietud de transformaciones profundas, la rebelión juvenil que hace cuerpo las demandas postergadas. El estallido de octubre fue una mecha que prendió con la iniciativa y el sacudón artero de las y los estudiantes. De esos estudiantes, muchos conocen de la instalación de la Convención Constitucional desde la prisión. El debate se ha querido llevar desde sectores reaccionarios a la negación de la condición de prisión política, discurso que no es nuevo. Sólo el contexto.

Pareciera que los acuerdos para salidas a las crisis de representatividad y gobernabilidad derivan siempre en la marginación y castigo de quienes han impulsado esos puntos de inflexión. Los excluidos de lo que en Chile denominamos “la cocina política”. Hay que recordar que la dictadura fue también particularmente dura con la juventud, con los y las jóvenes luchadore(a)s que encontraron tortura, prisión política y muerte. Pero de la misma forma, el pacto de impunidad de la transición posteriormente vuelve a la persecución de la juventud, como ocurriera en los años de la transición y el legado de la Oficina, el nuevo aparato de inteligencia de la “democracia” que buscó anular la resistencia al manto de impunidad impuesto. El sacrificio de los jóvenes insurrectos. La salida de la brutalidad de la dictadura fue, por cierto, gestada en un pacto de impunidad y bajo la condición del desmantelamiento y aniquilación de los movimientos juveniles de resistencia. Por lo tanto, ha habido entrenamiento en la disuasión vía castigo severo.

El gran problema de los acuerdos políticamente correctos a que nos hemos acostumbrado es la neutralización y muerte prematura de las demandas de cambio levantadas. Se pasa al atávico juego de la negociación política. Cambiar para no cambiar nada, es el riesgo. Tomás Moulian analizaba el gatopardismo de los años de transición y otros pensadores han analizado los procesos históricos como vueltas en espiral, volver a encontrase en un mismo punto de partida, en contexto distinto, pero repitiendo patrones ya ensayados en etapas anteriores. Volvemos al punto en que el orden tal y como estaba ya no resiste y la élite política debe ceder a un cambio. Sin embargo, nuevamente se urden los nudos del amarre sobre la base de la impunidad y el sacrificio de los y las jóvenes.

Siempre las salidas han dejado atrás, y en la invisibilidad, a los jóvenes y sus luchas, para que sean una vez más las madres quienes deben salir al grito de libertad a los presos(as) político(as). Son nuevamente en su mayoría mujeres madres las que irrumpen la quietud del nuevo pacto envuelto de impunidad, por las violaciones a los derechos humanos y castigo político a la insurrección popular del estallido social de octubre. Repetimos nuevamente la secuencia, porque lo permitimos.

Como país profundamente clasista, para otros jóvenes está el navegar las aguas del juego político, de las oportunidades reservadas en el mar del oportunismo, o en el río revuelto, la ganancia para los pescadores de las ilusiones devenidas en promesas vacías de transformación que no alteran el orden de impunidad en un Chile aún dictatorial.

Cristhie Mella
Psicóloga. Magíster en Criminología y Psicología Forense y doctora en Políticas Sociales por la Universidad de Bristol.