Opinión

La Rebelión de los Canuts y la Convención chilena

Por: Carlos González Guzmán | Publicado: 12.09.2021
La Rebelión de los Canuts y la Convención chilena Rebelión de los Canuts, Lyon,1831 |
Volviendo a la Convención, bueno, los tiempos han cambiado, pero debe haber un punto medio entre, por una parte, la ejecución de esos 4 o 5 obreros en la revuelta de Lyon en 1831 y, por otra, afirmar que «si bien es cierto que no tiene cáncer, no es menos cierto que está enfermo, y es súper buena persona». El «desde» de este punto medio no puede ser menos que una exclusión de este constituyente de la Convención.

A propósito de los últimos eventos de la Convención Constitucional en Chile, hay una historia de la ciudad donde vivo (Lyon, en Francia) que es muy potente e instructiva.

En 1831 se produjo la Rebelión de los Canuts, los obreros que trabajaban en las innumerables hilanderías de seda de la ciudad que, concentradas en el barrio de la Croix-Rousse, constituían el centro de su actividad económica. Se trata de una de las primeras rebeliones obreras de Europa, sobre la cual se fundaron las primeras teorías socialistas utópicas. Por entonces, 40 mil hombres, mujeres y niños (un cuarto de la población) trabajan allí en condiciones cada vez más miserables. Presionan y logran que la Prefectura (Intendencia) revalorice un poco el valor del trabajo. Pero esto no es respetado por los ricos negociantes de la ciudad. Por ello los obreros detienen su trabajo y ocupan el barrio. Algunos obreros mueren, pues los negociantes forman milicias armadas, pero son derrotados por los obreros, quienes ocupan toda la ciudad durante algunos días. Para gran sorpresa de los negociantes, durante la ocupación los obreros no saquean ni sus mansiones ni sus tiendas ni ningún comercio. «No somos ladrones, sólo queremos que se respete el acuerdo», alegan. Sólo 4 o 5 obreros no obedecen esta consigna: fueron ejecutados por los mismos obreros en huelga. Estaban dañando al movimiento, la dignidad del objetivo. El gobierno envió al ejército y recuperó el control de la ciudad, con un saldo de 500 obreros muertos. La actitud de los obreros durante la toma de la ciudad sólo hizo más ignominiosa esta matanza y, por tal motivo, dio inicio a un poderoso movimiento obrero que librará otras batallas más adelante. No se trataba de lumpenproletariat.

Volviendo a la Convención, bueno, los tiempos han cambiado, pero debe haber un punto medio entre, por una parte, la ejecución de esos 4 o 5 obreros en la revuelta de Lyon en 1831 y, por otra, afirmar que «si bien es cierto que no tiene cáncer, no es menos cierto que está enfermo, y es súper buena persona». El «desde» de este punto medio no puede ser menos que una exclusión de este constituyente de la Convención.

Carlos González Guzmán
Doctor en Filosofía.