Opinión

Carozzi y el extremismo empresarial

Por: Carlos Cea | Publicado: 15.09.2021
Carozzi y el extremismo empresarial Imagen de La batalla de Chile |
Se trata de un grupo empresarial que lleva décadas financiando la telebasura, avalando que se aturda a la audiencia con contenido farandulero, ramplón y tendencioso. Ese grupo empresarial aduce que «no anuncia sus productos en programas de contenido político». Con esto, pretende hacer despuntar la primera flor de su jardín, disfrazando de virtud una incipiente monstruosidad. Pero lo que ha hecho el señor Gonzalo Bofill –el mandamás del holding Carozzi– es un acto muy político. Es un acto de extremismo empresarial.

Miles de personas y de familias chilenas esperaron décadas para poder ver y comentar, como comunidad, una pieza fundamental de su historia y del repertorio cultural del país: La batalla de Chile, del gran documentalista Patricio Guzmán. Justo entonces, un grupo empresarial contacta a la estación televisiva que se atreve a romper el cerco informativo, y exige retirar intempestivamente su avisaje en segmento «prime», comprometido desde antes y otorgado gratuitamente, en el momento preciso que se exhibe la obra maestra del documentalismo chileno, consagrada a nivel mundial como uno de los 10 mejores documentales de la historia, aunque censurada por la televisión abierta chilena.

Lo que la estación televisiva había hecho no sólo fue ponerse a la altura de los tiempos, de una vez por todas, en esta época crítica y transformacional de nuestra historia; sino que, asumiendo menores ingresos, le dio una oportunidad, a un grupo empresarial de perfil oligárquico, para empezar a comportarse democráticamente, con responsabilidad social y no sólo alineados con las camarillas aristocráticas que insisten en concentrar el poder económico y financiero, y desde allí seguir corrompiendo a los medios y la política.

Obviamente, el canal no lo hizo por ser samaritano, sino que, al superar el cortoplacismo, apunta a consolidar una oferta programática en que la estación se sustente y los avisadores también expandan nichos de mercado hacia audiencias que hoy ya no aprecian especialmente la televisión, sino que confían más en medios ciudadanos y digitales. Pero gracias a esta escaramuza (sumada a las presiones anteriores desde la Presidencia de la República), hoy ha caído el velo, dejando a la vista los intereses que se mueven detrás de la articulada trama que día a día desinforma a la opinión pública. Y como resultado, una conocida marca de alimentos se ha autoexcluido de muchas mesas y cocinas del país.

Se trata de un grupo empresarial que lleva décadas financiando la telebasura, avalando que se aturda a la audiencia con contenido farandulero, ramplón y tendencioso. Ese grupo empresarial aduce que «no anuncia sus productos en programas de contenido político». Con esto, pretende hacer despuntar la primera flor de su jardín, disfrazando de virtud una incipiente monstruosidad. Pero lo que ha hecho el señor Gonzalo Bofill –el mandamás del holding Carozzi– es un acto muy político. Es un acto de extremismo empresarial.

Carlos Cea
Escritor y docente. Vive en la ribera sur del río Biobío.