Opinión

La crisis de refugio en Chile

Por: Raoní Beltrão do Vale | Publicado: 27.09.2021
La crisis de refugio en Chile Piñera y Guaidó en Cúcuta |
Sebastián Piñera y otros presidentes de la región hicieron campaña explotando esa crisis de refugio, al sindicarlas como chivo expiatorio de los problemas sociales, criminalizándolas a la vez que difunden el miedo en la población al asociarlas a la delincuencia. “Chilezuela” es el término que marcó esa estrategia política en Chile y eligió Sebastián Piñera. Repiten la fórmula para las próximas elecciones. Al asumir, Piñera empezó inmediatamente a reprimir las personas extranjeras a través del aparato estatal. Por medio de la burocratización de visas, retrasos infundados, denegación de solicitudes de refugio, establecimiento de visas consulares y un discurso de odio que asocia personas extranjeras al narcotráfico, la epidemia del VIH y del Covid-19, entre otros ataques. La crisis humanitaria fue catalizada por el gobierno de Piñera, al bloquear ilegalmente las solicitudes de refugio. Aunque sea obligado por ley a acoger solicitudes de refugio en su territorio, hasta las paredes del DEM saben que no se permite a las personas siquiera presentar la solicitud. Y los números del propio gobierno lo corroboran.

El pasado miércoles, imágenes de personas haitianas siendo hostigadas por latigazos de la Policía de Estados Unidos, en el Río Grande, repugnaron al mundo. Fueron repudiadas por la propia Casa Blanca. El sábado 25 de septiembre, las imágenes de manifestantes chilenos, con el aval de Carabineros, quemando las únicas pertenencias de personas venezolanas en Iquique, generaron repudio similar, menos de La Moneda. Esos dos eventos ilustran la más grande crisis de refugio de la historia de las Américas. Sí, refugio. No migración. En este caso, las razones hacen toda la diferencia.

Migración es un término genérico para flujos poblacionales. Refugio es algo muy distinto, aunque, desde lejos, se confundan. En las Américas (Declaración de Cartagena) y en Chile (Ley Nº 20.430), el concepto de refugio incluye a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.

Violaciones masivas y perturbación del orden sirven para describir la situación en Haití y Venezuela. El primero, azotado por la explotación económica, golpes de Estado, terremotos y epidemias. El segundo, perturbado gravemente por inestabilidad política, bloqueos, desórdenes públicos y violaciones masivas de derechos humanos. Las evidencias no faltan. El propio presidente Sebastián Piñera, en agenda oficial en la ciudad fronteriza de Cúcuta (Colombia), reconoció los disturbios y violaciones que sufren las personas venezolanas. En Haití, el propio presidente Jovenel Moïse murió víctima de un magnicidio perpetrado por mercenarios, dada la inestabilidad política en el país.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) declararon el flujo venezolano como mayoritariamente de personas refugiadas. Debido al racismo estructural e intereses geopolíticos, las personas haitianas no tuvieron la misma suerte, aunque huyan de la peor crisis humanitaria del continente. A los gobiernos conservadores del continente, les da lo mismo. Tratan a personas que huyen por sus vidas como criminales, traficantes, etc. Las personas que deberían ser protegidas internacionalmente viven en la clandestinidad, siempre huyendo de un Estado u otro, que les persigue hacia donde vayan, sin visa, sin RUT, sin dignidad.

Sebastián Piñera y otros presidentes de la región hicieron campaña explotando esa crisis de refugio, al sindicarlas como chivo expiatorio de los problemas sociales, criminalizándolas a la vez que difunden el miedo en la población al asociarlas a la delincuencia. “Chilezuela” es el término que marcó esa estrategia política en Chile y eligió Sebastián Piñera. Repiten la fórmula para las próximas elecciones. Al asumir, Piñera empezó inmediatamente a reprimir las personas extranjeras a través del aparato estatal. Por medio de la burocratización de visas, retrasos infundados, denegación de solicitudes de refugio, establecimiento de visas consulares y un discurso de odio que asocia personas extranjeras al narcotráfico, la epidemia del VIH y del Covid-19, entre otros ataques. La crisis humanitaria fue catalizada por el gobierno de Piñera, al bloquear ilegalmente las solicitudes de refugio. Aunque sea obligado por ley a acoger solicitudes de refugio en su territorio, hasta las paredes del DEM saben que no se permite a las personas siquiera presentar la solicitud. Y los números del propio gobierno lo corroboran.

Durante la más grande crisis de refugio de las Américas, el gobierno de Piñera suspendió ilegalmente el derecho al refugio, transformando a Chile en el asilo a favor de la opresión, conduciendo devoluciones masivas. Infringiendo así el mayor principio del Derecho de Refugio, incorporado por la Ley N° 20.430: la No Devolución. Las niñas y niños refugiados huyen porque sus vidas están amenazadas. Atraviesan el continente a pie, sólo con algunas pertenencias. Son explotadas por coyotes y criminales. La mayoría de las mujeres y niñas sufre algún tipo de violencia sexual en la ruta. Es como si María, José y Jesús fueran detenidos por la policía y devueltos forzosamente a Egipto, de donde huyeron de la matanza de los inocentes.

El ataque xenofóbico ocurrido este sábado, en contra de personas refugiadas venezolanas, es resultado directo de las acciones y omisiones del gobierno de Piñera, a través de la propagación de discursos de odio e incitación en contra de personas refugiadas y migrantes.

Para que se tenga una idea de la dimensión del sufrimiento de millones de personas refugiadas de las Américas, varias de las personas haitianas que están, en este momento, retenidas en la frontera de Estados Unidas, vienen de Chile. Imaginemos: ¿qué es huir desde Haití hacia Chile, sufriendo toda clase de violaciones y encontrarse con la opresión de un gobierno que propaga discursos de odio? Ser devuelto forzosamente, huir nuevamente, para ser recibidas a latigazos por policías montados blancos. Así como a las víctimas chilenas de las graves violaciones de derechos humanos de la Revuelta de Octubre, que soñaron por una vida mejor, debemos justicia y reparación a miles de víctimas extranjeras. Sebastián Piñera debe ser investigado y juzgado por esas violaciones.

Raoní Beltrão do Vale
Defensor de derechos humanos brasileño residente en Chile, experto en Derecho Internacional de los Derechos Humanos, Humanitario y de Refugio.