Opinión

Cuando el pasado es futuro: Hispanoamérica vs. Indoamérica

Por: Jorge Calbucura | Publicado: 12.10.2021
Cuando el pasado es futuro: Hispanoamérica vs. Indoamérica 12 de octubre de 1492 |
Nuestra herencia y pensamiento ancestral es el pasado, que se construye en el ahora, con un horizonte donde el pasado es el futuro. De este modo, las visiones de los pueblos indígenas se sitúan en la lógica de posicionar sus conocimientos frente al racismo epistémico originado en torno a los malditos 12 de octubre.

Cada 12 de octubre se reaviva la guerra cultural entre los que argumentan la vigencia del legado hispanoamericano y los indoamericanos. En esta ocasión la iniciativa la tomó el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con el envío de una carta a la Corona española, exigiendo una disculpa por la masacre de los pueblos prehispánicos y por los abusos cometidos en la Conquista. La iniciativa fue bien acogida por El Vaticano: el Papa Francisco –siguiendo el ejemplo de sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI– en carta dirigida a la Iglesia mexicana, con motivo de los 200 años de la independencia, pidió perdón “por los errores del pasado y por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”.

No se hizo esperar la reacción de parte de los que reivindican el legado hispánico de la Conquista. Un no tan connotado grupo de representantes del gobierno regional de Madrid (presidenta de la comunidad autónoma y alcalde), el portavoz de un partido de ultraderecha y un ex Presidente de España, a través de la prensa internacional, expresó su disconformidad con las declaraciones vertidas por el Papa y el mandatario mexicano. Allí destacan que, si bien pueden existir «claroscuros» en esta epopeya de la historia, es necesario hacer un balance más positivo que negativo de los cinco siglos de colonialismo. Enfatizan el hecho de que España fue capaz de descubrir otro continente, fundar una región unida por una cultura, lengua, tradiciones y evangelización que relaciona a 23 naciones. Todo esto consagrado con el hecho más importante: el mestizaje y la fusión de dos culturas.

Se culpa al mandatario mexicano y al Papa de que, con su defensa del indigenismo, contribuyen a crear una falsa historia, de intentar deshacer el legado de España, al promover un conocimiento desde la mirada de quienes padecieron la Conquista. Afirman que la masacre de los pueblos prehispánicos y los abusos cometidos en la Conquista son hechos que acontecieron hace siglos, por lo que no corresponde analizarlos en la actualidad; que es más bien materia de análisis de los historiadores. Reclaman porque los países latinoamericanos reivindican el legado de las culturas ancestrales y buscan sus raíces en la historia de sus pueblos originarios. Afirman que esos países hacen una revisión maniquea e imputan al movimiento indígena de ser parte de una componenda para «promover un indigenismo, que es el nuevo comunismo».

El mensaje, ahora como antes, va orientado a enaltecer el rol de la élite colonial de 1492 en la construcción de Hispanoamérica. Es un mensaje dirigido a los criollos y mestizos. Para el caso, no consideran que los criollos, los hijos de españoles nacidos en América –los depositarios del legado hispánico–, han sido desplazados de la élite latinoamericana en favor de los mestizos, europeos, asiáticos e inmigrantes de Oriente Medio americanos por nacimiento. Estos, por destino, no se identifican con un legado histórico y cultural común supuestamente compartido. Lo que no es un fenómeno fortuito, sino que responde a condiciones estructurales propias de la historia colonial que incorpora un legado vasto, diverso y contradictorio.

Dicho esto, los hispanoamericanistas deberían aceptar que el llamado “legado hispánico” no es una dimensión para explicar el pasado de Afroamérica, Indoamérica y Latinoamérica. El legado hispano no contempla la fraternidad inter-étnica. Es una narrativa estéticamente mediocre y moralmente repulsiva. Ningún indoamericano o afroamericano se siente identificado con el legado cultural español. El discurso hispanoamericano conlleva una imagen estática de un pasado anclado en un lapso de 500 años que gira en torno a “descubrimiento”, o en versión adaptada ideológicamente “encuentro de dos mundos”. No se toma en cuenta que este concepto de pasado estático se diluye y paulatinamente pierde sentido a medida que en el paso del tiempo se hilan sucesos, se teje la narrativa plurinacional y se revitaliza la noción de memoria indígena.

Si las comunidades de fe han de escribir la historia de Abya Yala, se necesitará de un hilo conector en la representación de la memoria indígena y en torno al concepto “descubrimiento” y “encuentro de los mundos”. En términos prácticos, el pensamiento local-global define a Indoamérica como un yo-colectivo; una colectividad, fundada por el principio del conocimiento colectivo, territorio-espiritualidad-conocimiento. Desde esta perspectiva se ha de superar el concepto “descubrimiento de América” y visibilizar un continente descubierto por sus primeros pobladores: los amerindios de origen siberiano que hace unos 20 mil años migraron durante la última glaciación Würm a través del Puente de Beringia.

Desde tiempos ancestrales se verifica el descubrimiento y de Abya Yala, a partir de la sacralización del tiempo y espacio que llevaron a efecto nuestros ancestros. Son los arquitectos de la geografía simbólica que nos sitúa en el mapa mental, donde la topografía de los espacios sagrados nos describen la relación ancestral con el territorio, el entorno natural y relación con los que la poblaron. Es una narrativa ancestral sobre la relación histórica entre identidad, cultura y espiritualidad.

Diferenciando estos conceptos, comenzamos a visibilizar el hecho de que el “encuentro de los mundos” se lleva a cabo en el presente, en este continente de enorme variedad de pueblos americanos; donde más de 400 pueblos indígenas, que suman alrededor de 50 millones de habitantes, coexisten como colectividades con identidad y cultura propias. Colectividades que en un “conocimiento propio-ancestral-nosotros” han ido cambiando y entretejiendo nuevas historias y generando vínculos entre lugar y espíritus locales, e interrelacionando este permanente encuentros de los mundos.

En este sentido, nuestra herencia y pensamiento ancestral es el pasado, que se construye en el ahora, con un horizonte donde el pasado es el futuro. De este modo, las visiones de los pueblos indígenas se sitúan en la lógica de posicionar sus conocimientos frente al racismo epistémico originado en torno a los malditos 12 de octubre.

Jorge Calbucura
Licenciado en Historia y doctor en Sociología. Coordinador del Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu.