Opinión

Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios: historia con final abierto

Por: Miguel Albacete | Publicado: 14.10.2021
Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios: historia con final abierto |
El impacto de la pandemia no ha sido el mismo para todos. A medida que los medios de vida se han visto amenazados, la inseguridad alimentaria y la pobreza han aumentado entre los grupos más vulnerables, entre ellos las mujeres, los trabajadores informales y las poblaciones rurales. Necesitamos comenzar por proteger a estos grupos y hacerlo como un componente clave de una estrategia más amplia de reconstrucción y mejora para transformar los sistemas alimentarios, de modo que estos sistemas puedan proporcionar alimentos para todos de una manera sostenible y socialmente justa.

La Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, convocada por la ONU, finalmente tuvo lugar el 23 de septiembre, cuando jefes de Estado, organizaciones de la sociedad civil, académicos y empresas se dieron cita en un evento virtual que dio cierre formal a un largo proceso. Sin embargo, la Cumbre debe concebirse más bien como un comienzo y no como un punto final. Y ese es tanto su mayor éxito como su debilidad.

En el lado positivo, la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios realmente ha creado un impulso para los sistemas alimentarios y ha popularizado una nueva forma de abordar la alimentación y la agricultura. Si en algún momento del pasado hablamos de nutrición, sin tener en cuenta el origen de la producción o de los productos alimenticios como cualquier otro commodity, ahora los vemos como dos caras de una misma moneda que debemos analizar de manera integral. La Cumbre ha contribuido así a difundir este enfoque sistémico y a colocar los sistemas alimentarios en el corazón de la Agenda 2030.

Más allá, ha constituido una valiosa plataforma para reunir a personas de diferentes sectores, a nivel local, nacional e internacional, para discutir y explorar cómo transformar los sistemas alimentarios. Así, se han producido simultáneamente discusiones académicas, debates políticos y foros de la sociedad civil que han permitido avanzar en estrategias y recomendaciones. Incluso aquellos que no se sintieron invitados o se mostraron reacios a involucrarse en el proceso se han reunido en diálogos alternativos paralelos para desafiar la Cumbre y, a fin de cuentas, discutir también cómo avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos y resilientes.

Como resultado, se han presentado muchas ideas y recomendaciones basadas, sí, en el reconocimiento claramente expresado de que no existe una solución única para todos. El reconocimiento y la aceptación de la complejidad de los sistemas alimentarios, así como de la amplia diversidad de contextos, ha sido también uno de los grandes logros. Los diálogos independientes han jugado un papel importante en ese sentido. La necesidad de descentralizar los apoyos y adaptar las intervenciones, adecuándose a las particularidades de los contextos, fue también uno de los resultados principales del Diálogo Independiente convocado por Rimisp y Fundación Superación de la Pobreza sobre asociatividad en Chile.

Así, como resultado de la Cumbre, se ha logrado impulso, ideas y mucha gente a bordo. Ahora es el momento de zarpar. Por el momento, más de 80 países (no aún Chile) ya han presentado borradores de hojas de ruta nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios. Muchos más han emitido o declarado compromisos específicos para los próximos años. Queda, no obstante, por ver cómo las hojas de ruta y los compromisos se llevarán a la práctica. La voluntad y capacidad de los países para asimilar verdaderamente el enfoque sistémico de los sistemas alimentarios, para seguir apoyándose en diálogos amplios y para adaptar estrategias e intervenciones a los contextos locales determinarán si el barco de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios llega a buen puerto o queda a la deriva.

Con suerte, no pasará mucho tiempo para ver cómo la Cumbre de Sistemas Alimentarios se traduce en políticas y acciones concretas en los países, ya que el tiempo se agota para lograr, o al menos avanzar, hacia el cumplimiento de la Agenda 2030. Más aún desde el inicio de la pandemia, que ha puesto en evidencia la fragilidad del progreso registrado en las últimas décadas y ha creado numerosas necesidades inmediatas que debemos atender. Responder a estas necesidades es, sin embargo, una buena oportunidad para dar los primeros pasos hacia la transformación de los sistemas alimentarios.

Sabemos por dónde empezar. El impacto de la pandemia no ha sido el mismo para todos. A medida que los medios de vida se han visto amenazados, la inseguridad alimentaria y la pobreza han aumentado entre los grupos más vulnerables, entre ellos las mujeres, los trabajadores informales y las poblaciones rurales. Necesitamos comenzar por proteger a estos grupos y hacerlo como un componente clave de una estrategia más amplia de reconstrucción y mejora para transformar los sistemas alimentarios, de modo que estos sistemas puedan proporcionar alimentos para todos de una manera sostenible y socialmente justa.

Miguel Albacete
Investigador de Rimisp (Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural).