Opinión

Lacrimógenas invisibilizadas: de la urbe a nuestras viviendas

Por: Carmen Luz Melo y Diego Moya | Publicado: 28.11.2021
Lacrimógenas invisibilizadas: de la urbe a nuestras viviendas | Agencia Uno
Podríamos decir que el uso de bombas lacrimógenas impacta de manera indirecta en la higiene interior del aire, puesto que, al desarrollarse manifestaciones en el exterior y bajo la lógica de control y orden público, se utilizan insumos con variados gases que permanecen en el ambiente durante horas, generando, en los habitantes del área, el cierre de ventanas por periodos prolongados de tiempo, evitando los gases presentes en el exterior, los cuales, luego de horas en el ambiente, se asientan en forma de polvo en el pavimento.

Durante los meses de septiembre de 2020 a enero de 2021, y en medio del escenario de pandemia y confinamiento que vivíamos en Chile y el mundo, en la comuna de Providencia, específicamente en el Barrio del Vaticano Chico, sector adyacente al área de Plaza Baquedano, se desarrolló un estudio de medición de la calidad del aire interior en 8 de las viviendas colectivas presentes en el barrio, investigación financiada por la Universidad de Santiago a través de su Departamento de Vinculación con el Medio y apoyada técnicamente por el Departamento de Física Ambiental.

El estudio surge como una interrogante respecto al impacto que podría tener en la salud física y emocional de los habitantes del área cercana a Plaza Baquedano los gases lacrimógenos presentes en el ambiente desde octubre de 2019, de forma consecutiva, producto del control de las manifestaciones que fueron presentándose cada día viernes y/o sábado de ese año, durante horarios específicos de la tarde. Se esperaba que el año 2020 se iniciara con manifestaciones más fuertes en el área, las cuales fueron amainadas debido a las cuarentenas realizadas para enfrentar la pandemia del Covid-19, lo que llevó a un sostenido confinamiento en la mayoría de las viviendas. A partir de ello, los objetivos del estudio mutaron, abriéndose a la perspectiva de monitorear la higiene del aire interior de las viviendas, asumiendo que muchos de los gases encontrados en ellas serían producto del encierro, la falta de ventilación y la máxima ocupación del espacio interior residencial, producto de la mutación de nuestras viviendas hacia nuevas dinámicas productivas laborales y de cuidado.

El análisis de datos evaluó la presencia de Co2 y Pm2,5 con sensores ópticos presentes en cada vivienda. Se estudió la posible relación con los eventos, según las horas informadas y los promedios diarios analizados para Co2 y Pm2,5. De los 8 casos de estudio, todos próximos a una distancia no superior a 1 kilómetro, se identificaron un total de 3 viviendas con condiciones regulares a deficiente, 1 vivienda con condiciones buenas, con algunos episodios regulares, y 4 viviendas con buenas condiciones de calidad del aire interior. Los casos de estudio que presentaron niveles altos de MP2,5 y/o CO2, que se deba a contaminación intradomiciliaria de las viviendas.

Un hallazgo destacable del estudio, pese a no poder relacionar de manera directa los eventos y el uso de gases lacrimógenos en el sector (por el prolongado uso de las viviendas en confinamiento y lo dificultoso de la higienización del aire por el escenario de la pandemia), fue darnos cuenta de que los peak de valores en algunas viviendas ubicadas en áreas urbanas de mayor tráfico eran en horarios de la madrugada, mientras se descansa, apoyando la tesis de una acumulación de gases hasta el final del día, por la falta de una ventilación adecuada, entendiendo que esta última dinámica se posibilita según condiciones favorables en el exterior.

En este sentido, podríamos decir que el uso de bombas lacrimógenas impacta de manera indirecta en la higiene interior del aire, puesto que, al desarrollarse manifestaciones en el exterior y bajo la lógica de control y orden público, se utilizan insumos con variados gases que permanecen en el ambiente durante horas, generando, en los habitantes del área, el cierre de ventanas por periodos prolongados de tiempo, evitando los gases presentes en el exterior, los cuales, luego de horas en el ambiente, se asientan en forma de polvo en el pavimento.

Parte de la reflexión es darnos cuenta de que las bombas lacrimógenas impactan en las dinámicas interiores de habitabilidad de las viviendas del área y estas acciones inciden en la higiene de la calidad interior del aire. No es una consecuencia directa entre el uso de gases y la higiene: existe un componente humano que es afectado y, desde ahí, acciona producto de un exterior con altas concentraciones de gases. Por lo mismo, hay que considerar la importancia de revisar las políticas públicas respecto a los temas de seguridad y orden, ya que es hay que pensar en los efectos e impacto en quienes residen en las áreas aledañas, a quienes se puede estar afectando su bienestar físico, emocional y sanitario.

La ventilación como dinámica de habitar se encuentra cada vez más presente en nuestra rutina, producto del Covid-19, siendo hoy uno de los más grandes privilegios en torno al diseño, edificación y orientación. Lo que antes parecía no importar es hoy una prioridad, por la dirección del viento, orientación, cercanía a áreas de arborización, cantidad de ventanas, altura, entre otras. Todo esto afecta al sistema interior de higienización de una vivienda de manera pasiva, impactando en el uso y las dinámicas que se accionan en ella.

Carmen Luz Melo y Diego Moya
Docentes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Santiago.