Opinión

Sudoku ministerial

Por: Rodrigo Mayorga | Publicado: 28.01.2022
Sudoku ministerial |
El Sudoku es un juego de ingenio, pero es también un juego de paciencia. Trazados ya los números sobre el papel, ahora queda a esperar al 11 de marzo para ver cómo se desempeñarán cada uno de estas nuevas ministras y ministros. Por el bien del país y por el bien suyo, esperemos que cumplan las expectativas que han generado. Nunca hay que olvidar que un gabinete ministerial es un Sudoku que siempre está escrito con lápiz a mina y que es el Presidente quien sostiene (y de tanto en tanto, incluso se ve obligado a usar) la goma de borrar.

Armar un gabinete es un poco como hacer un Sudoku: tienes un número limitado de espacios y en ellos debes ubicar una cantidad también limitada de elementos, siempre cuidando que no se repitan con otros de la misma línea o provoquen conflictos con otros sectores del mismo juego. El objetivo es siempre mantener un equilibrio prácticamente perfecto. El viernes que recién pasó, Gabriel Boric nos presentó su primer gabinete ministerial y nos demostró también sus habilidades para el Sudoku. Si algo prima en el gabinete anunciado es justamente el equilibrio: entre hombres y mujeres (estas últimas en mayoría por un total de 14 contra 10), entre metropolitanos y oriundos de regiones, entre políticos y expertos, entre profesiones y disciplinas, e incluso entre millenials, genexers y boomers.

De todas las combinaciones de este Sudoku, sin embargo, la que más destaca es la hecha con los partidos políticos que apoyaron, en primera y segunda vuelta, al mandatario electo. Con 8 sillones ministeriales para independientes, 4 para el partido del Presidente, 3 para el PC, 2 para Revolución Democrática y el PS y 1 para Comunes, el FRSV, el PPD, el Partido Liberal y el Partido Radical respectivamente, Boric parece haber logrado una combinación que refleja los equilibrios de poder dentro de su coalición y, a la vez, confirma que sus acercamientos a la centroizquierda no fueron sólo una estrategia electoral.

Pero, a diferencia del Sudoku, un gabinete ministerial sirve también para enviar mensajes. Este, sin duda, lo ha hecho. El primero de ellos es una declaración clara del rol que se espera dar a las mujeres durante este gobierno, lo que no sólo se expresa en la mayoría femenina del gabinete, sino que en la importancia de los ministerios que ocupan, incluyendo a Izkia Siches como la primera ministra de Interior del país, y a Antonia Orellana, como ministra de la Mujer, ingresando al comité político de La Moneda. Ante el avance en el Congreso de posturas que cuestionan los derechos de las mujeres y los logros de la lucha feminista, el futuro gobierno de Gabriel Boric ha dejado claro que es este un campo de batalla en el que no pretende retroceder ni medio milímetro.

El segundo mensaje, en tanto, es que, así como hay aspectos en los que el gobierno no dará su brazo a torcer, existen otros en que sí está dispuesto a hacerlo. El nombramiento de Mario Marcel en el Ministerio de Hacienda es el mejor ejemplo de ello. Marcel, hasta ahora presidente del Banco Central, refleja más el continuismo económico con las reformas bacheletistas de mediados de los 2010 que el giro radical que algunos esperaban. Su presencia en el gabinete confirma que el gradualismo propio del Gabriel Boric de la segunda vuelta no fue parte de un fashion emergency efectista sino que una muestra clara de realismo político. Demuestra también que el nuevo gobierno sabe cuáles son los frentes que sus adversarios esperan poder abrir y que no pretende darles la oportunidad de hacerlo.

El Sudoku es un juego de ingenio, pero es también un juego de paciencia. Trazados ya los números sobre el papel, ahora queda a esperar al 11 de marzo para ver cómo se desempeñarán cada uno de estas nuevas ministras y ministros. Por el bien del país y por el bien suyo, esperemos que cumplan las expectativas que han generado. Nunca hay que olvidar que un gabinete ministerial es un Sudoku que siempre está escrito con lápiz a mina y que es el Presidente quien sostiene (y de tanto en tanto, incluso se ve obligado a usar) la goma de borrar.

Rodrigo Mayorga
Historiador y antropólogo educacional. Académico de la Universidad Católica. Director de Momento Constituyente.