Opinión

Éxito de la Convención e intrigas palaciegas de la campaña del Rechazo

Por: Gemita Oyarzo Vidal | Publicado: 15.05.2022
Éxito de la Convención e intrigas palaciegas de la campaña del Rechazo María Elisa Quinteros y Gaspar Domínguez, presidenta y vicepresidente de la CC | AGENCIA UNO
El trabajo de la Convención Constitucional ha sido increíblemente exitoso. En 103 sesiones del Pleno, los y las convencionales han trabajado de lunes a domingo y hasta altas horas de la madrugada para poder cumplir con un plazo imposible. Con todas las dificultades, el primer borrador estará listo este lunes 16 de mayo.

Que la Convención Constitucional ha fracasado en su tarea de escribir una Constitución que sea la “casa de todos”, dicen desesperados los agoreros del Apocalipsis para desprestigiar el trabajo del único órgano democrático, paritario y con escaños reservados que hemos tenido en 200 años de historia republicana. Una profecía autocumplida de los mismos sectores políticos que querían verla fracasar y que les sirve para generar un clima favorable a la campaña del Rechazo, antes de que salga a la luz el primer borrador terminado de la Constitución.

Sin duda, la instalación de la Convención Constitucional y su proceso deliberativo ha sido un proceso complejo y difícil de asimilar, partiendo por la interrupción de la ceremonia inaugural, la que salió adelante por la atinada gestión de la recordada funcionaria del Tricel, la abogada Carmen Gloria Valladares. Luego vino el inolvidable y emotivo discurso de la presidenta Elisa Loncon, quien abrió la Convención en compañía de su autoridad ancestral, la machi Francisca Linconao.

La derecha, petrificada e irrelevante, no daba crédito a lo que estaban viendo. Llegó el lunes 5 de julio de 2021 y los convencionales recién asumidos no podían sesionar porque el gobierno de Piñera no tenía el espacio habilitado. ¿Simple inoperancia o sabotaje encubierto? Nunca lo sabremos, pero lo que sí es claro es que este acto fallido del gobierno anterior cumplió su objetivo central: opacar el triunfo de la Convención y generar la sensación de desorden.

Luego se destapó la mentira de Rodrigo Rojas Vade y el escándalo de la Lista del Pueblo, que desperdiciaron su capital electoral apoyando a un candidato presidencial cuyas firmas eran falsas. La justificación de estos actos es un despropósito, sin embargo, vale la pena preguntarnos si estas prácticas fueron tan distintas al financiamiento irregular de la política de los partidos tradicionales. No eran distintas, pero comparadas con el origen corrupto de la Ley de Pesca, con el “raspado de olla” del senador Iván Moreira, con el perdonazo a Ponce Lerou y con los fraudes millonarios del Ejército y Carabineros, resultaron más bien de poca monta. Al menos Rojas Vade devolvió la plata, cosa que no pueden decir los otros mencionados. ¡Por eso estamos en crisis y las élites políticas y económicas lo olvidan convenientemente!

En este contexto complejo de crisis y refundación institucional, no deja de ser sorprendente el infantilismo político con que los sectores conservadores juzgan el trabajo de la Convención Constitucional, acompañados del coro de intrigas y otras, simples y burdas mentiras de sus medios de comunicación.

Me abstengo deliberadamente de usar la expresión atenuada de los anglosajones (fake news) para designar la mala fe: que la ex presidenta de la Convención se bañó desnuda en la piscina de un hotel en Concepción; que los convencionales estaban borrachos en el bar del hotel (mentiras). Hace unas semanas, resaltaron la frase descontextualizada que el secretario le dijo a María Elisa Quinteros: ¿Qué hacemos con este circo, señora presidenta?, decía el malicioso titular.  Últimamente, han destacado que una convencional hizo un sahumerio en la sala del Pleno y que otro votó mientras se duchaba. ¡Qué escándalo! ¡Qué fracaso más grande del órgano que era la esperanza de Chile! ¡Crece el Rechazo, dicen las encuestas!

Pero esos mismos medios nunca se escandalizaron por el fascismo y el fanatismo religioso de Jaime Guzmán, quien en 1980 se creyó tan moralmente superior que estaba llamado a corregir los “vicios” de la democracia. No sabemos si los abogados de la Comisión Ortúzar hicieron un sahumerio para exorcizar el comunismo de Chile o si rezaron para inaugurar su trabajo constitucional. Tal vez no hizo falta, pues la glorificación de la “mística” del golpe de Estado la hicieron masivamente en Chacarrillas (1977). Esos abogados trabajaron varios años puertas cerradas, mientras la DINA y la CNI secuestraban y eliminaban a todos los que opusieran a la refundación institucional impuesta por la dictadura.

Los grandes medios de comunicación tampoco se escandalizaron en 2018, cuando el Comando Jungla asesinó por la espalda a Camilo Catrillanca, ni cuando el entonces ministro Andrés Chadwick le mintió una y otra vez a la ciudadanía para ocultar el crimen. No lo hicieron en 2019 cuando, mandados por el Estado, Carabineros de Chile le sacó los ojos a más de 400 personas, incluida la actual senadora Fabiola Campillai. Tampoco se escandalizan hoy, cuando la derecha entera se abstiene de votar el artículo que prohíbe la tortura, ni cuando votan en contra de la norma que consagra el derecho a la memoria. Las violaciones a los derechos humanos nunca han sido escándalo para los grandes medios. Importan más las intrigas del Palacio Pereira, las presenciales y las telemáticas.

La Convención Constitucional está lejos de ser perfecta y sus conflictos no hacen sino reflejar el cruce de intereses que están en juego en el proceso. Después de la crisis política y social más grande de los últimos 30 años, parece increíble que alguien realmente esperara que la Convención fuera el espacio del feliz reencuentro de una sociedad fragmentada por la desigualdad, la corrupción y por 30 años de clientelismo político.

Sin embargo, con todas sus tensiones y errores comunicacionales, el trabajo de la Convención Constitucional ha sido increíblemente exitoso. En 103 sesiones del Pleno, los y las convencionales han trabajado de lunes a domingo y hasta altas horas de la madrugada para poder cumplir con un plazo imposible. Con todas las dificultades, el primer borrador estará listo este 16 de mayo.

Que la votación de las normas haya alcanzado holgadamente amplias mayorías de 2/3, con un promedio de 119 votos, habla de la capacidad de actores diversos de negociar y ponerse de acuerdo. Justamente, porque la derecha y la ex Concertación no lograron controlar el órgano, hoy hemos avanzado por fin a un texto constitucional que consagra derechos sociales universales de salud, educación, vivienda y seguridad social; que garantiza los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; que mandata la paridad de género en los organismos del Estado; que reconoce los derechos políticos y territoriales de los pueblos originarios.

Tenemos una Constitución del siglo XXI, democrática y descentralizada que empodera a las regiones; que promueve la participación ciudadana y donde el Estado ya no tiene un rol de Seguridad Nacional. Ese es el triunfo de mayorías políticas que se expresaron en la Convención Constitucional y que debemos votar el 4 de septiembre. ¡Ahí está plasmado el verdadero trabajo de la Convención! Todo lo demás son intrigas palaciegas, rumores que se olvidarán si el Apruebo gana por amplia mayoría.

Gemita Oyarzo Vidal
Socióloga, doctora en Estudios Americanos. Investigadora de ICSO-Universidad Diego Portales.