Opinión

¿Oficialismo criticón u oposición constructiva?

Por: Iván Ojeda Pereira | Publicado: 03.06.2022
¿Oficialismo criticón u oposición constructiva? Gabinete del presidente Boric |
Cuando se desean realizar transformaciones profundas se construyen amplias alianzas políticas con la lógica de “establecer los mínimos”. El problema es que la historia nos ha enseñado que estas coaliciones son inestables en la medida de que la forma, “los medios”, el ritmo en el que se espera que se realicen los cambios son heterogéneos, y desde allí comienzan a surgir las tensiones tectónicas que finalizan en “sacudones”.

Los retos que hoy en día enfrenta el gobierno de Gabriel Boric son múltiples. Si uno quisiera hacer una lista, probablemente debería distinguir entre aquellos con raíz nacional de otros con origen internacional, y luego, por lo menos entre desafíos en el ámbito social, ambiental, legal, político, cultural y económico.

Pareciera un consenso que a Boric le tocó asumir un país complejo, con múltiples tensiones, controversias y demandas. Si entre los y las lectoras de esta columna, existen personas fanáticas de Star Wars, me imagino que estamos ante el episodio 2, el ataque de los Clones, un momento de inestabilidad general que pareciera próximo a explotar en cualquiera de sus dimensiones.

Entendiendo este entorno hostil, en este texto me gustaría enfocarme en el ámbito político de escala nacional, y aún con mayor especificidad, en la relación oficialismo-oposición, la debilidad que manifiesta la coalición de gobierno y la necesidad de que cese “el fuego amigo” y se transforme en colaboración.

La relación entre el oficialismo y la oposición es necesaria en sistemas políticos que se autodescriben como democráticos. La existencia de dos o más partidos políticos que se agrupan en estas coordenadas, potencian la discusión y los contrapesos de poderes en la toma de decisión. Ahora bien, llama la atención que Boric encuentre oposición dentro del oficialismo y esto manifiesta un problema bastante complejo porque no siempre va de la mano con propuestas que realmente sean aplicables al contexto nacional.

Dentro del oficialismo uno podría encontrar la primera esfera menos porosa a los intereses de los partidos políticos, personeros de gobierno ligados al presidente por experiencias vitales que probablemente le deben mayor lealtad a Gabriel que al líder de Apruebo Dignidad. En un segundo nivel encontramos representantes de los partidos y a los propios partidos que componen la coalición, con sus parlamentarios y parlamentarias, líderes y militantes de bases. Aquí no sólo pienso en Apruebo Dignidad, sino que también con mucha fuerza en el Partido Socialista que ha articulado la musculatura del ejecutivo en distintas regiones del país.

Finalmente, en la tercera esfera, observamos a los múltiples partidos de la exConcertación que si bien no son oficialismo de manifiesto, tienden a intentar estrechar lazos y confluir mediante la negociación parlamentaria, en este sector, también encontramos lo que Aldo Mascareño ha llamado una izquierda decolonial, que desde mi perspectiva se vincula con muchos movimientos sociales y probablemente, una izquierda más allá de los partidos, más allá del PC y más allá que el propio Boric que pareciera muy presente en redes sociales.

Me parece que la complejidad política interna que enfrenta el presidente no es una novedad y pareciera que el “millenialismo” (del cual me considero parte) que prima en La Moneda, no se ha tomado el suficiente tiempo de revisar, además de las tensiones que provoca la derecha, el fuego amigo, el oficialismo criticón al borde de ser oposición, dejan sin respaldo a un gobierno que apunta a amplios cambios. Le pasó al Frente Popular antes de Allende, al propio Allende e incluso a Bachelet.

Cuando se desean realizar transformaciones profundas se construyen amplias alianzas políticas con la lógica de “establecer los mínimos”. El problema es que la historia nos ha enseñado que estas coaliciones son inestables en la medida de que la forma, “los medios”, el ritmo en el que se espera que se realicen los cambios son heterogéneos, y desde allí comienzan a surgir las tensiones tectónicas que finalizan en “sacudones”. Situación que esperamos no suceda, por lo que se requiere urgentemente que se coordinen estas esferas y se robustezca el piso político del gobierno.

Ahora bien, el problema se vuelve aún más complejo cuando se añade la variable de redes sociales y de la nueva izquierda millenial -de la cual nuevamente me hago parte-, acostumbrados a escribir grandes textos en Instagram o Facebook, atentos y atentas a la última copucha de Twitter, pensadores de grandes manifiestos políticos sin likes, “seco” o “seca” en los comentarios y en su gran mayoría descendientes de una elite que les permitió educarse en los más costosos colegios de la capital. Este nuevo sector es una gran piedra en el zapato para la toma de decisión concreta y pragmática. En este caso, ya no se trata de repartirse los cargos de una federación de estudiantes, ni de la pelea de Twitter, ni tampoco de quién controla el centro de estudiantes. Esto ya no es un movimiento estudiantil, es un país que requiera que las cosas se hagan más allá de las redes sociales.

En este sentido y a modo de cierre, creo que las legítimas críticas que permiten que el gobierno mejore su desempeño, son bastante inútiles y poco fructíferas si no van acompañadas de una propuesta concreta de solución, que, además, sea aplicable en consideración de las posturas de los diversos actores. Un ejemplo, perfectamente yo puedo decir “que Chile produzca autos” pero si aquello genera la oposición del 100% del empresariado y el Estado se encuentra con la soga al cuello de endeudamiento, probablemente, mi súper declaratoria se transforme en hoja muerta, porque en la práctica es mucho menos concreta que una propuesta pausada y paulatina de transformación. En el fondo, la crítica se vuelve “humo”.

A modo de proposición, creo que en la sociedad civil (Fundaciones, ONG’S y otros), empresariado (sobre todo empresas pequeñas y con mucho énfasis) y en el mundo de la Investigación existen ideas y proposiciones valiosísimas para afrontar los distintos desafíos, propuestas que en ocasiones ya han sido validadas por otros y otras expertas, o que han sido testeadas en otros países del mundo. Así, propongo que el Gobierno implemente mesas con actores público-privadas y diálogos ciudadanos en donde se recopilen propuestas concretas, no declaratorias y grandes principios, sino que alternativas para abordar, por ejemplo, la reforma del sistema de Salud, Pensiones, Fuerzas Armadas, Trabajo, Extractivismo, Minería, entre otras. Si es que no existen los recursos, tal vez, se podría solicitar del apoyo de organizaciones internacionales o incluso a las mismas instituciones de educación superior, como fue el caso de “Tenemos que Hablar” al alero del proceso constitucional. En sociedades cada vez más diferenciadas y complejas, se requiere de instituciones flexibles y porosas, que posean mecanismos de interfaz con sensibilidad al cambio y a las ideas innovadoras.

Iván Ojeda Pereira
Licenciado en Sociología. Coordinador del Laboratorio de Sociología Territorial de la Universidad de Chile.