Opinión

Notas sobre el tiempo, o el problema de “aprovecharlo mejor”

Por: Luis Felipe Revuelto | Publicado: 29.06.2022
Notas sobre el tiempo, o el problema de “aprovecharlo mejor” |
Que haya entrado en discusión la reducción de la jornada laboral guarda mucha relación con estas líneas, pensando que esta se enlaza con las posibilidades y disposiciones para ciertas formas de vida y las formas de su malestar: cansadas, aceleradas, productivas y eficaces.

Días atrás, llevando a mi hijo al colegio en el taco de siempre, a la hora de siempre y en el lugar de siempre, con el temor a llegar tarde por la premura del tiempo y, con ello, el señalamiento de la falta (que no considera ni las condiciones ni el espacio) me hice la pregunta: ¿y si me levanto más temprano, a eso de las 5 de la mañana para pasar a hacer vida social al consultorio, después paso a comprar flores y también aprovecho de llegar a abrir el colegio? Porque el problema no es el taco, la cantidad de autos o las calles que no estén preparadas para recibir tantos vehículos, sino que, al parecer, es nuestro.

La pregunta por el tiempo guarda relación también con sus transformaciones, volviéndose necesario el cuestionamiento con lo que podemos hacer con él, porque no es algo que podemos palpar como la cantidad de agua que hay en un vaso, sino que guarda relación con su uso. Las transformaciones que ha sufrido en la cultura de la inmediatez podrían caracterizarse en lo común que se ha vuelto la experiencia de aprovechar el tiempo -lo que nos queda-, alejándonos cada vez más de la posibilidad de disponer de él.

De esta forma, cuando la relación y la preocupación del tiempo consiste en aprovecharlo y no en por qué disponemos de tan poco, surge un boom masivo de prácticas de entrenamiento o asesoramiento que nos enseñarían a utilizarlo mejor. Levantarse cada vez más temprano para hacer cada vez más cosas, haciendo hincapié siempre en una lógica que tiende a la productividad porque si no se produce, si no se logra, si no se aprende no pareciera ser provechoso. Lo curioso y peligroso de estos discursos es que tienden a negar de una forma casi maníaca las formas productivas del cansancio y, por otro lado, desconocer que el tiempo hoy es un privilegio.

¿Por qué el tiempo es un privilegio? Porque no podemos disponer de una manera equitativa del mismo. Si bien las condiciones del tiempo son homogéneas entre las distintas clases sociales, las formas en que es posible acomodarlo o aprovecharlo se distancian. Cuestiones tales como ganar, conservar o disponer del tiempo se ha convertido también en un objeto de consumo, que además no todos podemos consumir del mismo modo porque está condicionado también por las posibilidades de pago: por ejemplo, tener vehículo y hacer uso de las carreteras para ganar más tiempo en contraste con el uso del transporte público; comprar alimento y que éste sea entregado por alguien o incluso pagar porque el despacho de un producto se ofrezca en un máximo de 48 horas o incluso durante el mismo día, que por sí solo adquiere un plus de valor.

Sumado a lo anterior y considerando que las condiciones de la vida social han cambiado, podemos señalar, por ejemplo, que las ciudades cada vez más están más llenas y los desplazamientos son cada vez más largos, resultando paradójico que la aceleración del tiempo y la cultura de la inmediatez no nos haga disponer cada vez más de él (sino todo lo contrario), pero que sí se nos exija más durante el mismo.

Durante los días previos a la celebración del “Día de la Madre” se escuchaba por altoparlante en un centro comercial (e imagino que en todas sus dependencias) el eslogan que decía algo así como “porque madre se hace, no se nace”, que sí, su contenido es correcto, que madre se llega a ser. El problema aparece bajo las condiciones donde esto se escucha: en un horario extendido -más del habitual- de personas que maternan disponiendo de un tiempo cada vez más escaso para hacerlo, como si la experiencia y posibilidad de maternar, cuidar, criar o descansar de ella no necesitase del mismo.

Por otro lado, es en los espacios en que vivimos donde el tiempo va incidiendo, interviniendo y subjetivándonos en esta lógica. Por ejemplo, en el ámbito escolar, tiempo atrás, que se cuestionara la extensión de la jornada escolar completa, lo que podría implicar pasar tanto tiempo en la escuela y, sin embargo, desde hace un tiempo hasta ahora lo que nos encontramos es un incremento exponencial de los dispositivos llamados after school, que parecieran volverse una necesidad, que las condiciones de trabajo requieran de un tiempo adicional al de la escolarización.

En otros espacios, las plazas o parques se ven cada vez más vacías, los encuentros cada vez son más distantes y, en su defecto, aparecen cada vez más talleres extra curriculares, dificultándose la posibilidad de los encuentros que no estén necesariamente mediados por una tarea porque es el mismo tiempo el que se vuelve escaso ¿o improductivo?

Es tal el impacto en esta lógica que las mismas formas de producción apuestan con empresas que se encargan justamente de este problema. Ante la escasez de tiempo de ser, por ejemplo, eco friendly (y la culpa que conlleva no poder serlo) se constituyen empresas cuyo servicio es ir a retirar a tu casa las cosas reciclables por la dificultad que pareciera hacerlo de otra manera. Más arriba ya hablamos de hacer las compras que también llegan a la puerta de la casa, pagar por servicios de armado de muebles, que vengan a retirar tu vehículo para llevarlo a hacer la revisión técnica y sin duda que se podría seguir.

Que haya entrado en discusión la reducción de la jornada laboral guarda mucha relación con estas líneas, pensando que esta se enlaza con las posibilidades y disposiciones para ciertas formas de vida y las formas de su malestar: cansadas, aceleradas, productivas y eficaces. En definitiva, pagamos por el tiempo al que accedemos, al tiempo que podemos aprovechar con nuestro cuerpo y su valor.

Luis Felipe Revuelto
Psicólogo clínico.