Avisos Legales
Opinión

La Nakba palestina, la catástrofe de la sociedad actual

Por: Macarena Chahuan | Publicado: 16.05.2024
La Nakba palestina, la catástrofe de la sociedad actual Imagen referencial – Marcha por Palestina | AGENCIAUNO
Después de todo esto las sanciones a Israel son escasas, las declaraciones se diluyen y son muy pocos los Estados que han roto relaciones con el estado genocida. Hoy es más atingente que nunca, de hecho es urgente la adhesión de la ciudadanía a la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel. Porque esto no es sólo una cuestión humanitaria, es una cuestión política.

La Cuestión Palestina bajo ocupación israelí es por mucho uno de los procesos más prolongados del planeta, con devastadoras consecuencias para la población civil palestina, que ha sido masacrada, forzada a dejar sus hogares y han visto restringidos por décadas sus derechos humanos más fundamentales, ante la mirada cómplice de organismos internacionales y los estados más poderosos del mundo. Hoy, y desde hace siete meses, nos tiene mirando en vivo y en directo un genocidio.

Más allá de las consideraciones sociopolíticas, históricas o culturales que han modelado la situación de Medio Oriente en las últimas décadas, cabe preguntarse: ¿Porqué nadie hace nada al respecto?. Se podría decir que es una pregunta justa, pero la verdad es que hay muchas personas que están haciendo algo por cambiar esta realidad, especialmente, los propios palestinos. Así como también se ha sumado una gran oleada de adherencia e implicancia de la sociedad civil en la causa palestina, como podemos ver hoy en cientos de universidades y diversas instituciones en todo el mundo.

El abandono de la mal llamada comunidad internacional ha sido compensado con una fuerte identidad nacional, que se manifiesta en un pueblo orgulloso y resiliente que ha resistido con inteligencia, fuerza y mucho coraje el expansionismo y la invasión de sus territorios por parte de Israel. Un pueblo que día a día se levanta y desde los campamentos de desplazados en Gaza, nos demuestra que los palestinos “enseñamos vida, señor”(1).

Bisan Owda, la periodista que acaba de ser galardonada con el Premio Peabody, por la cobertura del devastador genocidio del régimen sionista en contra de los ciudadanos de Gaza, nos recuerda que es urgente parar, presionar, denunciar para que se detenga esta masacre.

El 15 de mayo de 1948, lo que los israelíes celebran como la “Declaración de su Independencia”, es para los palestinos la catástrofe, Al Nakba.

En menos de ocho meses las fuerzas para-militares sionistas lograron desalojar y arrasar por la fuerza 531 localidades palestinas, dando como resultado en términos humanos más de 15.000 muertos y la expulsión y el desplazamiento forzoso de cerca de 800.000 palestinos que conformaban en ese entonces casi el 70% del pueblo palestino; así como también la creación de forma ilegal del Estado de Israel, ocupando el 78% (y no el porcentaje que había asignado la ONU para el Estado judío) de la superficie de la Palestina Histórica bajo la idea de un proyecto colonial.

Y desde la Nakba, el año 1967, la potencia ocupante se adueñó de prácticamente toda la Palestina Histórica, dejando cada vez más el territorio palestino como islotes segregados de pueblos resultando la separación definitiva de Gaza con el territorio conocido como Cisjordania.

En el seno de la ONU no hubo representantes palestinos y su voz fue transmitida por medio de los países árabes miembros, que con sus recientes creaciones de Estado, velaron más por sus intereses personales.

Han pasado 76 años y estamos en el peor momento de la cuestión. Al parecer teníamos que llegar a un genocidio de este calibre (mientras hacen lo que quieren con el resto de los palestinos de territorios ocupados y bajo administración palestina) para que la ONU recién presione por la integración plena de Palestina en dicho organismo.

¿Serviría de algo esa integración en términos prácticos? ¿Dejaría de existir un régimen de apartheid? ¿Se botaría el muro de más de 700 kilómetros que desde los 2000 recorre ilegalmente territorios palestinos bajo el pretexto de seguridad israelí?

A casi 76 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en Palestina se siguen violando indiscriminadamente los derechos más básicos, a pesar de que este acuerdo es aceptado por cientos de naciones en el mundo. Resulta, a lo menos sospechoso que dicha declaración cumpla los mismos años de la creación de un Estado que ha sido protegido, por la mayoría de las potencias mundiales y especialmente por su patrocinador: Estados Unidos.

Desde un principio, desde la Nakba, el Estado de Israel se construyó con andamios de racismo y discriminación; no ha sido sólo la extrema derecha israelí que gobierna hace algunos años la que ha generado un régimen de apartheid, ocupación ilegal y máquina de exterminio a un pueblo invisibilizado.

La colonización sionista se diferencia de las formas clásicas de colonización europeas: estas últimas mantenían una separación territorial y política entre la potencia y sus colonias, buscando «integrar» a los nativos en su sistema «civilizado». En cambio, la colonización de Israel no intenta convertir a los palestinos en ciudadanos “civilizados” israelíes, sino que busca eliminarlos por completo, busca hacerlos desaparecer.

La colonización de Israel termina coincidiendo con una política del exterminio, de limpieza étnica. La Nakba entonces, no ha dejado de ocurrir en ningún rincón de Palestina, ni en el mundo.

La Nakba es la catástrofe de la sociedad actual: es el resultado de que en siete meses de ataques veamos cerca de 40 mil personas asesinadas, casi dos millones de personas desplazadas viviendo en condiciones infrahumanas, más de dos mil niñas amputadas y la mayoría sin anestesia, más de 17 mil niños huérfanos.

Hordas de fanáticos criminales -como son los llamados colonos- que interceptan camiones de ayuda humanitaria, una lista interminable de aberraciones a la humanidad que no pueden seguir siendo sólo cifras desgarradoras.

Después de todo esto las sanciones a Israel son escasas, las declaraciones se diluyen y son muy pocos los Estados que han roto relaciones con el estado genocida. Hoy es más atingente que nunca, de hecho es urgente la adhesión de la ciudadanía a la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel. Porque esto no es sólo una cuestión humanitaria, es una cuestión política. La ciudadanía tiene el deber de presionar a sus gobiernos, el deber de dejar de normalizar relaciones con cualquier ente que avale la existencia de Israel en tanto régimen de exterminio de la población nativa de Palestina.

Es indispensable reconocer la valentía de los estudiantes universitarios que se han levantado para no seguir normalizando el actuar de Israel. Para que sigan sumándose cada vez más instituciones de toda índole para combatir en todas sus aristas la limpieza étnica de Palestina. Campañas como el boicot contra Starbucks, contra McDonald’s y varias transnacionales que patrocinan el genocidio han dado resultado y fue el mismo camino el que liberó a Sudáfrica del régimen de apartheid.

En este contexto, se celebró por estos días la Primera Conferencia Global anti Aparhteid en Sudáfrica, en donde personalidades académicas y políticas se juntaron para diseñar y actualizar planes para aunar esfuerzos de la sociedad civil ante la pasividad de los Estados. Para que cada espacio cultural, institución académica, cada gobierno local y cada rincón del mundo se declare en contra del exterminio de una población que lleva sufriendo la opulencia de Israel desde hace 76 años.

La catástrofe de Gaza es hoy, y desde hace 18 años de bloqueo, la catástrofe es Palestina hace 76 años de colonización. La catástrofe son todos los niños huérfanos, la catástrofe es un genocidio transmitido por redes sociales, son los deshumanizados, olvidados, exiliados, expulsados y condenados a morir lejos de su tierra. La Nakba es responsabilidad de todos, debe afrontarse como ciudadanos y el boicot es lo que nos queda.

 

Nota al pie de página

(1) Nosotros enseñamos vida, Rafeef Ziadah, 2011

Macarena Chahuan
Periodista