País Desconcertado

Toni Negri: «La democracia chilena parece más europea que latinoamericana, con los mismos límites espantosos»

Por: Francisco Parra | Publicado: 09.05.2017
El reconocido filósofo italiano estuvo de visita en Valparaíso para un coloquio internacional de Teoría Crítica. En el intertanto, se dio el tiempo de conversar con El Desconcierto sobre el complejo panorama geopolítico del mundo en la era Trump y la actualidad de América Latina.

Antonio Negri recuerda sus tiempos de activista y líder del movimiento Autonomía Obrera en los 70 cuando habla de Chile. En 1979 fue condenado a 30 años de cárcel por diversos delitos, incluido su supuesta autoría intelectual -nunca comprobada- en el asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moro. Pero también se le acusó de otro delito: el incendio a una fábrica norteamericana de Italia, la que había apoyado expresamente el golpe militar en Chile.

«Nos mandaron a quemar el depósito. Digo esto y pareciera que esa fue nuestra contribución a la resistencia chilena», afirma entre risas el filósofo italiano mientras cuenta la anécdota. Reconocido como una de las voces más autorizadas para hablar de marxismo y teoría crítica en la academia occidental, «Toni» Negri estuvo de visita por Valparaíso para un coloquio internacional de Teoría Crítica, organizado por el Instituto Internacional para la Filosofía y los Estudios Sociales IIPSS, junto a la Universidad Federico Santa María, la Universidad Nacional Andrés Bello, la Universidad de Playa Ancha y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

En conversación con El Desconcierto, recuerda que en su última vez en el país dio una conferencia en una universidad tomada y le llamó la atención las revueltas estudiantiles, las barricadas y todo el movimiento social en torno a los liceos. «Conozco poco esta democracia chilena, parece más una democracia europea que sudamericana, a veces da esa impresión, y con los mismos límites que están resultando espantosos en Europa. Aquí también hay una social democracia en profunda crisis con movimientos que intentan construirse, un autonomismo que busca emerger, una forma de organización nueva», afirma.

La autonomía, uno de los conceptos más desarrollados en la teoría de Negri, trata simplemente de la «creación de un nuevo orden constitucional». El italiano, a sus 81 años, no pierde la claridad con que forjó su repercusión en las izquierdas del mundo. «Es fundamentalmente una concepción de democracia, una concepción nueva, de un contrapoder efectivo, popular, capaz de contravigilar el poder central. Se trata de romper marcos constitucionales clásicos en los que el contrapoder es representado por el gobierno o el parlamento, aunque nunca funcionan en esos términos y devienen corruptos y guiados por los intereses capitalistas que los componen. Sobretodo hoy, con esta formación enorme del capital financiero omnipotente», explica

El imperio en la era Trump

Imperio debe ser una de las obras más comentadas del siglo XX. Escrita por Antonio Negri y Michael Hardt, aborda cómo los Estado-Nación modernos han perdido su rol en la política para dar paso a formas de poder global difuso y descentralizado.

La tesis no ha estado exenta de polémica. Publicado en el año 2000, fue inmediatamente cuestionado tras los hechos del 11 de septiembre en Estados Unidos y cómo este país inició importantes e unilaterales acciones militares en Medio Oriente. Además, desde este lado del mundo se le cuestionó la mirada eurocéntrica y colonial de mirar el mundo.

Pero para Negri, el «imperio como aquel que comenzó de un orden sobrenacional, tentativo de construir una regla del mercado global», sigue bastante vigente.

En esta era tan particular en la que estamos, con nacionalismos tipo populismos criollos estilo Trump y Le Pen, además de una crisis económica mundial no resuelta. ¿Cómo entendemos los conceptos de Imperio e Imperialismo que presentó hace casi 20 años?
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Este es un tema que continua abierto y es irreversible, pueden nacer todos los nacionalismos, pueden nacer todas las soberanías que se quieran, pero no se va a retroceder respecto del mercado mundial. Lo que se ha modificado son una serie de condiciones que resguardan las formas de organización de este mercado, es claro que los norteamericanos han intentado una regulación lineal unilateral del orden mercado mundial, del mercado global, pero no lograron determinar una hegemonía total sobre este terreno. La serie de guerras que ocurrieron, el nacimiento y el desarrollo enorme de la economía China sobre la esfera mundial, la reorganización rusa y varias tentativas también en América Latina muy importantes en los últimos veinte años de construcción de un proyecto unitario, han prácticamente bloqueado lo que yo he llamado el golpe de estado americano sobre el Imperio, sobre el mercado global, un golpe de estado que intenta tomar el poder. La referencia del Estado-Nación a un espacio externo respecto al cual producir la propia explotación y la propia soberanía ha terminado.

¿Pero se va reconfigurando? La crisis sigue vigente, los países crecen a tasas bajas, Estados Unidos tiene además tasas de desempleo altísimas. Y se suma la crisis de la socialdemocracia europea tras los fracasos electorales en Francia, España, Grecia…
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Es claro que en este orden global e irreversible se han determinado una serie de consecuencias totalmente graves, y en consecuencia son graves no simplemente en relación al orden global, sino también en que el orden global permitió un aumento de la ocupación de la productividad general del sistema. Piensa en las ventajas que la globalización determinó para los países en otro momento subdesarrollados como China y Brasil, grandes países que vieron salir de la miseria a millones de personas sobre la base de esta globalización. Es claro, también, que los países más desarrollados han sufrido consecuencias extremadamente graves, consecuencias que se resumen en un fenómeno fundamental: el aumento de la riqueza exagerada por parte de las clases dirigentes, y por otra parte una condición de miseria de expulsión del trabajo, aunque aumentada en manera desproporcionada sobre la base del acto proletario del mundo central en particular. Esto determina reacciones, que son reacciones de resistencia completamente enervadas por modelos que son fascistas y parafascistas, nacionalistas, soberanistas completamente organizados en torno a una nostalgia del pasado, que es una tentativa de reinventar un mundo absolutamente finalizado.

¿Es una crisis del trabajo, entonces?
– Es necesario considerar que tras las grandes modificaciones geopolíticas que trajo el imperio y la construcción del mercado mundial y las luchas a través de la hegemonía sobre el mercado mundial, asistimos al fenómeno de la transformación del trabajo. Hoy la desocupación no depende de localizaciones, depende del hecho que una automatización absolutamente fundamental y una informatización de lo social absolutamente determinante y totalizante también, que han intervenido desde hace treinta o cuarenta años como consecuencias de la derrota de la línea de explotación capitalista, por parte de luchas obreras y por parte de las luchas de liberación anticolonial. Hubo una modificación de la estructura del trabajo, que trajo de un lado el crecimiento del trabajo intelectual respecto del trabajo material, y por otra parte, una difusión social del trabajo, que quedó peor pagada y la incomprensión que las fuerzas de izquierda han tenido de esta extraordinaria modificación de la estructura del trabajo. Han seguido pensado que la clases obrera era el elemento hegemónico, cuando en cambio, la clase obrera era atacada, deslocalizada, expulsada de la fábrica, constreñida a la desocupación. Al contrario, la sociedad era llamada a trabajar, a partir esencialmente de los mecanismos de la informatización global, que esta sociedad estaba llamada a trabajar gratuitamente, ¡gratis! Hoy el capitalismo produce a través de lo que es una extracciones de valores, que son valores creados en la sociedad y desde la sociedad desde estratos extremamente difusos del trabajo social. Ahora este trabajo social no se puede codificar, y esta es una situación dramática, porque es una situación donde el trabajo gratis es fundamentalmente precario, completamente sujeto a una flexibilidad y una movilidad que son incontrolables, donde la producción no es simplemente producción de mercancías, sino que son producciones de vida, de pensamiento, de producciones digitales, de producciones inmateriales.

«América Latina también vive la crisis del socialismo»

«Dice Toni Negri, Barreto. ¿No? ¿Está Toni Negri allí? Toni, how are you. Vamos a saludar a Toni Negri. Yo no sabía que estuviera por allí. El Poder Constituyente de Toni Negri, filósofo italiano, revolucionario y pensador sobre lo que es el poder constituyente, su naturaleza, sus contradicciones, su potencia. (…) No le tengas miedo al poder constituyente originario, no tratemos de encerrarlo en leyes rígidas, en constituciones rígidas, no tratemos de congelarlo, poniéndolo a depender del poder constituido, no (…) El poder constituyente originario, sólo ese poder puede continuar impulsando la Revolución Bolivariana, no nosotros en lo individual ni nosotros desde estos espacios».

El autor de la frase no es otro que Hugo Chávez Frías, el fallecido líder de la revolución bolivariana en Venezuela. Era el 15 de mayo de 2007 y Chávez presentaba -con Negri en el público, encogiéndose de vergüenza cada vez que lo nombraba- su reforma constitucional.

Diez años después, es su nombrado sucesor, Nicolás Maduro quien llama al pueblo venezolano a que redacte una nueva Constitución mediante una Asamblea Constituyente. Las condiciones, eso sí, son distintas. Negri, autor del libro El poder constituyente en 1994, el anuncio del mandatario llegó muy tarde.

Para Negri, el impulso de Chávez y la fuerza de la Revolución Bolivariana se sostenía sobre «la exageración del momento caudillístico». El filósofo, valorando todos los cambios en el país, considera que hubo una «incapacidad de trasponer la ganancia energética sobre el plano de una reorganización industrial del país, una reorganización productiva del país» Y esto fue central «para cuando murió el elemento de equilibrio».

El filósofo dice que la respuesta de Maduro hay que verla con mucha atención, «porque es una reacción a una vulgaridad y un fascismo profundo latente. Pero, digamos, existe una clase media más o menos democrática que está involucrada en este proceso. La situación en Venezuela es muy grave, precisamente por esto, porque es una situación en la que hay una división en la mitad, la oposición es un mundo que puede representar una violencia completamente fascista, pero por debajo de eso también existen razones».

Usted ha mirado con mucha atención a los movimientos sociales en América Latina y su relación con el Estado, su relación con el poder constituido. Alguna vez los usó como ejemplo de cómo se puede estar adentro del Estado y contra el Estado. Con los últimos acontecimientos, el golpe en Brasil, Macri en Argentina, la crisis en Venezuela, ¿cómo ve ahora esa relación de los movimientos sociales con el Estado?
– Yo creo efectivamente que también en América Latina existió una crisis del socialismo. Precisando, hay una primera fase muy importante impulsada fundamentalmente por el partido PT brasileño, y por otra parte retomada luego de forma muy diversas, con una reflexión profunda en las repúblicas andinas, y con un formidable avance después de la crisis de principio de siglo en Argentina y con el chavismo. Aquí hubo un gran movimiento que por primera vez transforma -creo en forma irreversible- a estos países en países democráticos, en alzamientos democráticos. Yo siempre estoy muy optimista en estas cosas, creo que es difícil volver a los fenómenos de dictadura militar, de caudillismo de derecha dura en América Latina -es mi ilusión, probablemente-, pero pienso que este pasaje democrático entre estos dos siglos en América Latina ha sido decisivo, desde este punto de vista. Y lo fue por ser sostenido por fuerzas sociales, rebeliones, revueltas, a través de un mecanismo continuo de revuelta de interposiciones.

¿Qué pasó, entonces?
– Este mecanismo se interrumpió, por un lado evidentemente por la crisis mundial que ha gravitado de manera decisiva en alguna situaciones como en Venezuela, de manera absolutamente determinante. En otras situaciones como en Argentina o en Brasil a través del enlace de esta crisis de fondo con los fenómenos de corrupción y de profundo vaciamiento de la capacidad directiva. Desde mi perspectiva el punto esencial fue la caída, la caída de Dilma y el inicio de la crisis brasilera como punto, si quieres un poco, digamos característico, típico, ha sido la incapacidad de entender que una nueva generación política y social -se podría decir- había sido creada por la revolución, por este mecanismo profundamente revolucionario, que había sido echado a andar desde 1990. Y tuvo la incapacidad de hacer coincidir, por parte de las viejas estructuras políticas socialistas, de hacer coincidir con lo nuevo que ellas mismas habían creado. La discronía, disimetría profunda entre el movimiento que lo había originado y la capacidad de seguirlo, de organizarlo, de interpretarlo, de leerlo. Creo que esta es la razón central de la crisis actual, con la combinación de una crisis económica grave y radical sobre los mercados de las materias primas como son éstos.

Para muchos, este socialismo o bienestar dependiente del extractivismo es parte de las razones de la fragilidad de los modelos progresistas, la dependencia de las materias primas. A esto se suma la crisis política y la incapacidad, en algunos casos, de abordar una reforma profunda al sistema que se mantuvo corrupto, cooptando incluso a fondo a dichos gobiernos. ¿Cómo lo ve usted?
– Estoy completamente de acuerdo con esto. La crisis económica por un lado y por otra parte dos fenómenos: una corrupción que no es sólo una corrupción moral, esto es, yo tomo el dinero y me lo guardo en el bolsillo, porque muchas veces, como en Brasil, el sistema constitucional es el que está corrompido. En Brasil, como me lo explicaron la primera vez que llegué a inicios del 2000, estaba claro que no se podía gobernar sino corrompiendo. Tienes, por ejemplo, un tercio de la asamblea que está constituida por evangélicos… evangélicos ladrones. La corrupción en Brasil no sólo toco simplemente a algunos diputados y algunas fuerzas políticas que se robaron el dinero. Incluso para hacer pasar el proyecto de la «bolsa familia», era necesario corromper. Hay hechos que están ahí y son la enorme corrupción de los sistemas constitucionales completamente inadaptados para hacer surgir un desarrollo coherente democrático, progresivo. Al lado de esto la incapacidad política de seguir los efectos de lo que se había producido, y esta es la cosa esencial. Cuando el alcalde Haddad (Fernando Haddad, edil de Sao Paulo), no entiende que la lucha por la reducción de las tarifas en esa ciudad de 8 a 10 millones de personas, es un elemento absolutamente fundamental para crear y mantener una tensión política de izquierda abierta, de esperanza. Cuando no se entiende esto se está fuera del juego y ellos no entendieron esto.

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