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“El ‘relato de guerra’ ya no identifica”: Artistas e historiadores analizan la disputa simbólica por la estatua de Baquedano

Por: Natalia Figueroa | Publicado: 23.10.2020
“El ‘relato de guerra’ ya no identifica”: Artistas e historiadores analizan la disputa simbólica por la estatua de Baquedano Instalan un ojo gigante en monumento de Baquedano | 18 de octubre del 2020/ SANTIAGO , durante instalación de un ojo gigante en el monumento de Baquedano en la celebración de un año desde el estallido social, en medio de la pandemia de COVID-19. Fotos: JOSÉ FRANCISCO ZUÑIGA/ AGENCIAUNO
La disputa que se ha dado durante los últimos días en torno al monumento emplazado en la Plaza de la Dignidad, ha mostrado, según artistas visuales e historiadores, el rechazo a relatos belicistas, grandilocuentes y nacionalistas que no generan identificación con la ciudadanía. Los nuevos símbolos que han aparecido en las manifestaciones, como la bandera Mapuche, la bandera chilena de luto, las banderas feministas, entre otras luchas sociales, para los expertos, son también parte de la transformación de una sociedad que cuestiona un orden de épocas anteriores y que está generando nuevos relatos comunes.

La estatua del general Baquedano se ha convertido en el centro de las manifestaciones en la Plaza Baquedano, conocida desde el 18 de octubre de 2019 como Plaza de la Dignidad, donde generalmente se observa a un grupo de manifestantes montado sobre el caballo enarbolando banderas alusivas a las causas sociales que se han demandado desde el estallido social.

El monumento fue erigido en 1928 por el escultor Virginio Arias y se instaló en este lugar como un homenaje que se le rindió a Manuel Baquedano porque pasaba a caballo por el lugar para ir a La Chimba, al otro lado del río Mapocho, y por su participación en la Guerra del Pacífico.

Este lugar, que se ha convertido en el lugar ícono de la protesta social, por estos días ha sido motivo de una disputa entre los manifestantes y las autoridades. El viernes pasado la estatua fue pintada roja por los manifestantes y, al día siguiente, la Intendencia pintó los rayados en la antesala de la conmemoración del primer aniversario del estallido, el 18 de octubre. Precisamente, ese día ‘el caballo’ fue pintado otra vez. En esta suerte de “batalla” por no “dejarse vencer”, el gobierno anunció mayor resguardo policial en el perímetro donde está instalada la figura del militar.

Es así como este espacio de confluencia y de debates ha dado pie a un análisis sobre la identidad y la resignificación de los monumentos en el espacio público.

Francisco Sanfuentes, profesor del Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, explica que, más allá de la calidad del artista detrás de la obra, es relevante analizar qué tanto sentido hace a la ciudadanía la figura que representa dicha pieza, si es que forma parte del “relato común” de la ciudadanía respecto a ese espacio. Particularmente, con la figura del general Manuel Baquedano cree que no existe ese arraigo. “Son generalmente símbolos que se levantan desde la tradición del poder, que son sus próceres y grandes personajes en la construcción de la República, pero como sabemos, quienes estuvieron en ese proceso fueron parte de la oligarquía chilena. No es algo que se funda en una ciudadanía más amplia o una soberanía popular”, explica el académico. Además, agrega que la escultura, en sí, “es en un elemento arrogante en la ciudad porque se levanta por sobre nosotros”.

Este espacio se asocia a un punto de encuentro y a la reivindicación de causas sociales donde han sido protagonistas la bandera Mapuche, Wenüfoye, las banderas negras simbolizando la patria de luto, las banderas moradas por la lucha feminista, entre otras demandas sociales. Pero también históricamente ha representado un “límite cultural”, explica Ariadna Biotti, doctora en Historia de la Universidad de Chile y la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Francia e investigadora del Archivo Central Andrés Bello (ACAB) de la Universidad de Chile. “Siempre se habla de ‘la Plaza Italia hacia arriba’ o de ‘Plaza Italia hacia abajo’”, dice.

Para ella también hay una disputa por la memoria histórica porque, de alguna manera u otra, todas las estatuas que se han derribado han sido la representación de la historia oficial, de los vencedores y de los conquistadores, como ocurrió con la figura de Pedro de Valdivia en Temuco. “Lo que se está reclamando es un acto de apropiación de otra historia, la que no se cuenta oficialmente”, acota.

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Cambiar el relato de guerra

Consuelo Figueroa, académica de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales (UDP) e integrante de la Red de Historiadoras Feministas, dice que estos monumentos son expresiones de la identidad moderna, pero que, en realidad, es más una síntesis de quienes lideraban el Estado. «No era más que una muestra de violencia, en términos de género, clase, raza. El siglo XIX fue particularmente bélico, el estado nacional se construyó sobre la base de guerras internas y externas. Baquedano aparece como héroe de una guerra del Pacífico que no fue más que una invasión militar a los países vecinos para extender la jurisdicción nacional y, luego se hace una expansión militar hacia el sur que se reconoce eufemísticamente como la “pacificación de La Araucanía”. Baquedano participó en ambas”, explica.

Además, precisa que las figuras que se eligen se basan en la exclusión de quienes pertenecen a la nación. «Son figuras masculinas, militares, ‘blancas’ y emulan el ideal europeizante de la aristocracia, muy heteronormada. La estatua de Baquedano condensa conflictos mucho más profundos, son disputas que tienen que ver con qué entendemos con la nación”, agrega.

Los nuevos símbolos que reconocemos en esta expresión social, para los expertos también son parte de la transformación que cuestiona un orden de otras épocas. Biotti, por su parte, explica que esos relatos belicistas, grandilocuentes y nacionalistas no explican el acontecer actual. “La función de la historia es explicarte por qué vivimos en esta actualidad, porqué estamos en estas circunstancias. Y estos relatos no dan cuenta de ello, no dan cuenta de nuestros dolores, de nuestros sufrimientos. Es muy simbólico que pintaran de rojo la estatua porque es una expresión que viene también desde el dolor”, plantea. Además, cree en la necesidad de construir otros “mitos”. “Es muy natural que la sociedad necesite mitos para existir culturalmente, para darle sentidos a la existencia”, dice.

Por otro lado, que el gobierno anunciara mayor resguardo policial de la escultura también refuerza ese “relato beligerante”. Para Sanfuentes será un motor de mayor violencia y, en términos simbólicos, proteger de manera armada una estatua es nuevamente una demostración de fuerza. “Se va a transformar en un botín mucho más preciado y un símbolo de la lucha de la conquista porque se ha transformado un poco en eso, en quién conquista el centro de la plaza”, sostiene.

Restauración

Cuando la Intendencia pintó nuevamente la estatua, algunos medios informaron que la obra había sido “restaurada”. Sin embargo, utilizar este concepto, según los expertos, es un error. La estatua solo fue pintada porque el proceso de restauración es de mayor complejidad y está normado bajo criterios éticos, patrimoniales, arquitectónicos y científicos, como lo ha hecho el Consejo de Monumentos Nacionales.

Manuel Concha, artista visual  y director del proyecto “Conservar”, explica que antes de intervenir una escultura se presenta un protocolo exhaustivo sobre la intervención, se propone el tipo de restauración y, luego, debe ser visado por el Consejo. “La normativa es súper estricta, si bien está bajo la responsabilidad de la Intendencia y los municipios, también señala que solo pueden limpiarla con un plumero, pasarle un paño húmedo o sacarle la tierra. Cualquier intervención mayor debe pasar por el Consejo”, precisa el también académico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. 

Bajo su mirada la insistencia de seguir pintando la estatua demuestra la «ceguera del gobierno» y su «actitud patriarcal» al imponer su visión sin reconocer que la escultura, en el lugar que está emplazada, ha perdido la significancia patrimonial que tenía. “Quizás en algún momento la tuvo, a comienzos del siglo XX, pero hoy la identificación sobre esa pieza es otra y eso es comprensible porque tenemos que entender que esos íconos patrimoniales son el registro de la institucionalidad del siglo XIX. Hay textos que hablan de cómo se instala la estatuaria pública, que son pro hombres, militares que hicieron gestos heroicos que constituyeron la nación. Si hacemos recuerdo, ¿cuántas esculturas de mujeres en el espacio público podríamos reconocer? Son muy pocas”, reflexiona.

La encrucijada sobre este tema para los restauradores es precisamente esa: la significancia que adquiere dicha obra en el espacio público. La opinión de Concha es que ahora esta estatua es significativa en la medida que sea rayada. “Si esa pieza se mantiene en el lugar debería dar cuenta del proceso social del país, por tanto, debería quedar rayada. Cuando nosotros decidimos restaurar, decimos que vamos a mantener lo que hizo el tiempo sobre las cosas y que conserven la lectura histórica. Entonces, cuál es esa lectura hoy, estamos muy encima, necesitamos un poco de distancia. También necesitamos diálogo social antes de que definamos el cambio de esa pieza”, explica.

En el caso hipotético de trasladarla, que ha sido una de las opciones que se ha barajado, Concha dice que, en la Escuela Militar, por ejemplo, probablemente se logre restaurarla al punto de dejar el bronce a la vista porque tendría sentido para ese entorno. De lo contrario, sostiene que “hay que entender que las comunidades hacen intervenciones y hay que respetar eso”.

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