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María Emilia Tijoux por ataque a migrantes: “Es responsabilidad política del gobierno”

Por: Rubén Escobar Salinas | Publicado: 28.09.2021
María Emilia Tijoux por ataque a migrantes: “Es responsabilidad política del gobierno” María Emilia Tijoux. | Foto: Universidad de la Frontera.
Tras el violento ataque xenófobo ocurrido en Iquique el pasado sábado, donde una turba de manifestantes quemó las pertenencias de ciudadanos migrantes, la académica María Emilia Tijoux apunta al discurso que ha instalado el gobierno y acusa que la frase “poner orden en la casa” es una máxima racista. En conversación con El Desconcierto, la doctora en sociología sostuvo que el Presidente Sebastián Piñera cierra su mandato con un “ataque frontal a las migraciones para un propósito político”. Además, advierte que “el peligro está porque el fascismo es peligroso, el racismo es peligroso. La violencia que contiene puede llevar a cualquier lado”.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo. El pasado sábado se realizó una marcha en la ciudad de Iquique en “contra de la inmigración irregular”, como la catalogaron sus organizadores. La manifestación reunió a miles de personas que salieron a la calle con banderas chilenas, carteles y lanzaron gritos como “no más migrantes”.

Al final de la marcha una turba se dirigió hasta uno de los puntos donde ciudadanos migrantes habían instalado sus carpas y armaron una barricada para arrojarlas al fuego. Bolsos, ropa, documentos, hasta juguetes de niños y hasta un coche para guaguas fueron quemados mientras decenas de personas animaban a quienes destruían los objetos. Las personas extranjeras huyeron y algunos fueron acogidos por vecinos del sector para protegerlos ante el temor de que fueran linchados.

En conversación con El Desconcierto, la doctora en sociología y coordinadora de la Cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Universidad de Chile, apunta por estos hechos al discurso que ha instalado el gobierno y su responsabilidad política por acuñar frases como “ordenar la casa”, la que considera una máxima racista “muy potente que tiene efectos electorales y políticos en las campañas. No solo en las de su partido, sino que también en las de los partidos de la extrema derecha”.

La académica cree que es preocupante lo que está pasando en el norte. «Creo que se expandiendo a todo Chile” y señala que ese tipo de discursos, sumados a lo que entregan los medios de comunicación tradicionales, “generan sentidos comunes muy potentes que terminan azuzando o atizando, dándole fuego a los discursos de odio que las personas comunes y corrientes después repiten”.

“No se dan cuenta del peligro de que organizaciones de extrema derecha, fascistas o neonazis puedan entonces en la calle sentirse libres de atacar, de dañar, de cometer delitos, contra hombres, mujeres, niños y niñas”, advierte.

-¿Qué nivel de responsabilidad tiene gobierno de Sebastián Piñera en lo ocurrido el sábado pasado?

-Primero, es una responsabilidad política, no quiero individualizar. Es una responsabilidad política del gobierno y al nivel en que las cosas se han presentado y han desembocado en esta violencia de carácter racista que se dio este sábado contra las personas migrantes en Iquique, es la consecuencia de una propuesta que él (Piñera) trajo cuando comenzó en 2018. Cuando planteó el «ordenar la casa». Incluso se transforma en su campaña presidencial, ya estaba esta máxima, que yo la considero una máxima racista. Tiene toda esa potencia que tiene una máxima cuando se aprende, como de memoria. Lo que contiene son una serie de elementos vinculados a la historia, a la política, a la economía, que luego se condensan en la ley.

-¿En qué cree que falla nuestra legislación?

-Es una ley que se hace completamente de espalda a las organizaciones de migrantes. No responde al derecho de las personas migrantes, en los términos de la igualdad ante la ley. Por ejemplo, nosotros tuvimos que ir a pelear para que se considerara a los niños, porque sino los niños quedaban completamente desprotegidos. Si bien todavía no lo están, el carácter de apátrida de los niños es un carácter tremendamente complicado y grave. Es una ley que no responde a lo que es el Siglo XXI, lo que sería una sociedad moderna y democrática, que comprendiera en torno a que son personas que llegan al país a formar parte de la sociedad, a ser parte de una clase trabajadora. Necesitamos una ley que reconozca también lo que le pasa a los chilenos que viven en el extranjero. Tiene que considerar quién está fuera y quién está dentro, por lo menos en otros países es así. Que sea pensada, elaborada y trabajada con las comunidades migrantes. En la comunidad migrante hay abogados, profesores, hay gente que puede participar plenamente en la construcción de una nueva ley. Espero que con la Constituyente tengamos ahí una posible esperanza, pero hasta ahora todavía las personas migrantes no están consideradas. De a poquito estamos intentando entrar pero es muy difícil todavía.

-El Presidente salió este lunes a repudiar los hechos, asegurando que el gobierno está “haciendo todo lo necesario para que este crimen no quede impune”, sin embargo vuelve a utilizar el discurso de “poner orden en nuestra casa”. ¿Qué opina de esta declaración del mandatario?¿Cuáles son las señales que está dando?

-Está cerrando su ciclo con esa máxima, porque esta máxima muy potente tiene efectos electorales y políticos en las campañas. No solo en las de su partido, sino que también en las de los partidos de la derecha y por supuesto la extrema derecha. Sigue un efecto populista en la gente. Ya se ha hecho una construcción negativa respecto a las personas migrantes, separando y diferenciando en un imaginario, pero que luego se ve en la realidad, lo que es un migrante de lo que es un extranjero. En ese sentido habría personas deseables e indeseables. Curiosamente las comunidades migrantes a las que hago referencia son vecinos de la región. Hay aquí un desprecio por la región que es histórico, no es de ahora. Un país que siempre se consideró homogéneo. El desarrollo lo hizo mirando Europa y por eso que no ha firmado una serie de cosas en este Cono Sur. Cierra (Piñera) con el “ordenar la casa” un ataque frontal a las migraciones con un propósito político que lo deje puesto en un lugar “positivo”. Cuando es, diríamos, el representante de un gobierno nefasto. El desalojo de la plaza Brasil se da en el mismo momento en que comienza la campaña electoral, entonces las personas migrantes sobre todo en condiciones de precariedad, soledad y de abandono son utilizadas como un instrumento para poder conseguir determinadas políticas.

Lo que se ha dicho es que se vincula la migración, como en todo el mundo, con delincuencia, con malas cosas, con lo negativo. Sin considerar que hay un montón de gente trabajando en este país, produciendo, apoyándonos durante tantas cosas. Durante la pandemia la presencia migrante fue una presencia extremadamente importante, pero hoy día se generaliza, se coloca a toda la población migrante como en un solo paquete de personas a las que se les quita su humanidad, eso es lo más grave. No se dan cuenta del peligro de que organizaciones de extrema derecha, fascistas o neonazis puedan entonces en la calle sentirse libres de atacar, de dañar, de cometer delitos, contra hombres, mujeres, niños y niñas.

-¿Ese es el peligro que hay?

-Claro, pienso en qué es lo que va a pasar si cerca de una marcha pasa una persona migrante que va a trabajar y, además, que sea afrodescendiente, por ejemplo, y que sea reconocible negativamente, como se ha hecho hace tanto tiempo en un país como el nuestro, que es bastante racista. Los pueden atacar. La gente está en peligro y en un peligro que ha sido construido, eso es lo que encuentro más grave. No se dan cuenta que esto del racismo está anclado en la historia, proviene desde la constitución del Estado nación, con los olvidos de lo que ha pasado con la colonización, del olvido del pueblo tribal afrodescendiente, del ataque contra el pueblo Mapuche, del desprecio al pueblo Aymara. Si uno va juntando, obviamente hoy día, que hay personas que vienen del exterior, que además no tienen bienes, no tienen dinero, vienen a vender su fuerza de trabajo, es sobre ellos y ellas que caen estos discursos de odio que terminan con acciones violentas. Lo que encuentro muy grave es esta deshumanización. Que los niños se eduquen en esa idea y que no se plantee como una enseñanza en las escuelas, las universidades y en los hogares el reconocimiento de una persona por el solo hecho de serlo.

iquique

Agencia Uno.

Se consume a cada rato el morbo, el odio”

-¿Cuál ha sido el rol de los medios de comunicación en esta crisis humanitaria?

-Los medios de comunicación oficiales responden a los mandatos que provienen del gobierno y de las voces que están en el poder político. También tienen que responderle a los dueños de esos medios, que generan formas de entregar la información. Hay muchas perversión ahí porque también difunden y producen verdades. Producen mitos, diríamos. Esas verdades tienen que ver con cómo se plantea una palabra, por ejemplo, cómo se repiten determinados conceptos, frases, una y otra vez, que la gente termina escuchándola sobre todo si vienen desde la pantalla. Chile es un país que mira muchísima televisión, que ve los matinales. El otro día eran cuatro canales transmitiendo exactamente lo mismo, con las mismas palabras. Efectivamente se generan sentidos comunes muy potentes que terminan azuzando o atizando, dándole fuego a los discursos de odio que las personas comunes y corrientes después repiten. Nosotros en el trabajo que hacemos con nuestro Proyecto Anillo lo que vemos es que si conversamos con una persona, que podríamos llamar una persona que tiene este discurso, rápidamente uno puede desarmarlo. Comienzas a preguntarle una y otra vez, le das vuelta un poco los diálogos y rápidamente se caen esos discursos. Uno le pregunta a la persona quién es su abuelo, de dónde vienen y también se dan cuenta que tienen ancestros indígenas o negros y también desde sectores pobres. El populismo es una cuestión muy peligrosa, porque está muy vinculada con el fascismo.

En televisión muchas de las personas que se manifestaron insistieron en que no estaban en contra de la migración, sino que de la “inmigración irregular”. ¿Sería un ejemplo de ese tipo de discursos?

-Es un ejemplo de lo que estamos hablando porque, y esto lo señalan varios autores, uno no puede detenerse solamente en el discurso de la persona que en un momento tiene propósitos racistas, hay que buscar de dónde vienen rápidamente. Esto se puede desarmar porque lo que está detrás es una producción. Yo diría una producción espectacular. Cuando digo espectacular me refiero a lo que sucedió durante la pandemia, cuando todos los canales se fueron a filmar de una manera realmente desastrosa a una comunidad haitiana en Quilicura. Se produce espectáculo. No olvidemos que este es un país donde se lee cada vez menos, donde la televisión hace parte de la vida de la gente que ve todos los matinales y determinado noticieros donde se consume a cada rato el morbo, el odio. Por otro lado, cuáles son los autores haitianos que están como bibliografía obligatoria en las universidades, nosotros tenemos algunos pero es impensable y por qué no intelectuales y filósofos. Porque se coloca a Haití como un lugar negativo inmediatamente. Es curioso que haya tanto desconocimiento. Tiene que ver con características del racismo y la migración a nivel mundial, pero en Chile tiene particularidades que tienen que ver con lo que somos históricamente. Hay que hacer un ejercicio intercultural, comenzar por un auto análisis, mirarse uno mismo y una misma para ir a buscar la historia.

En ese sentido, el hecho de que estemos en campaña política, ¿exacerba este tipo de situaciones?

-En distintos países del mundo la “moneda migratoria” tiene muy buen cambio en los momentos electorales. Porque es populista, atiza el nacionalismo, por ejemplo el “Chile para los chilenos” que están gritando tanto, que es una cosa absurda porque estamos llenos de población migrante en Chile, de todas partes. Pero es una muy buena moneda de cambio al momento electoral, cumple de manera muy efectiva ese objetivo de calar hondo en lo que es el nacionalismo chileno, la “chilenidad”. Después la “chilenidad” se reparte por regiones: el iquiqueño, la iquiqueña, nada mejor Iquique, nada mejor que Temuco, etc. Sin embargo se les olvidó lo que ocurrió con la matanza de la escuela Santa María de Iquique, donde participaron peruanos y bolivianos, fueron todos masacrados junto a los chilenos en una lucha de los trabajadores. Iquique ha sido históricamente una ciudad de mucha lucha y de muchos sacrificios y sin embargo ese día (sábado) no eran solamente tres o cuatro personas las que estaban en esa marcha, era mucha gente, que venía distintos lugares. Vuelvo a lo que señalaba, cuando le preguntas a la persona y dice “no estoy contra los migrantes, pero…”, cuando dice “pero” estamos en un problema.

-Una de las imágenes que más se compartió en redes sociales es la de una niña mirando los restos del incendio. También la de un hombre con una camiseta de Chile lanzando un coche para guaguas a las llamas. ¿Cómo afecta a la niñez una situación como la vivida en Iquique este fin de semana?

Esa imagen yo las vínculo mucho con el concepto barbarie, lo que trabajó (Walter) Benjamin, lo que se ha planteado cuando han ocurrido las grandes masacres a nivel mundial. El no detenerse frente a lo que le puede pasar a un niño. A una niña le quemaron los juguetes mientras estaba mirando, los pañales, los documentos a los padres. Lo poco que habían conseguido tener en ese lugar ya tan inhóspito donde estaban fue destruido. Son imágenes que han recorrido el mundo, nos han llegado de todas partes, están en Europa, en Estados Unidos, incluso en el Asia la imagen de la niña y de la quema de un coche. A mi modo de ver retrata la barbarie por un lado y la miseria humana. No la miseria económica, la miseria de un ser humano que se permite un momento de furia colectiva y de furia racista, porque eso sí que lo fue.

-Otro problema humanitario tiene que ver con los migrantes haitianos que están saliendo de Chile y que se han encaminado a EE.UU. y México. Se ha apuntado, entre otras cosas, a las dificultades que tienen para regularizar su situación acá, ¿coincide con ese análisis?

-Lo que ha pasado con nuestros hermanos haitianos ha sido muy grave. He escuchado por parte de gente del gobierno una suerte de satisfacción para decir que hay menos haitianos que vienen a Chile y más se van de Chile. El castigo a la población migrante es de tal envergadura que incluso los critican por el hecho de entrar a Estados Unidos después de haber vivido en Chile, como si los acusaran de ser mal agradecidos de lo que Chile les brindó. El sufrimiento haitiano en Chile ha sido feroz. El hecho de ser negro, mujer, pobre, yo diría que acumula una serie de cuestiones que hace que el maltrato haya sido permanente. Se han ido también por el terror al maltrato cotidiano que tienen, por una parte. O las derivas de que tienen que andar de un lado para otro. Los que han estado en condición de situación regular y tienen que renovar algo nunca se lo dan, y se pasan de ser regular a ser irregulares. Por otro lado la gente que está en situación de irregularidad está hace años solicitando sus papeles y no se los entregan. Están como permanentemente irregulares. Además las cédulas de identidad que mucha gente ha ido a buscar se las han entregado vencidas, como una última burla, como un último atentado a la esperanza de tener una cédula de identidad chilena.

Es muy doloroso -decirlo así puede resultar cruel-, pero mucha gente ha venido a morir a Chile. La muerte de Joane Florvil, que todos sabemos lo que le ocurrió. Pero junto a Joane Florvil está Rebeka Pierre que era médico, trabajaba para la Cruz Roja y que murió esperando micro. Tengo un montón de nombres en la cabeza de gente que vino a morir a Chile en condiciones de tanto maltrato. Cómo es posible que alguien quiera salir de un país donde hay muchas dificultades políticas y económicas para mejorar su vida, que tengan que llegar a enfrentarse a ese maltrato.

La solidaridad ha sido gigantesca”

Como contra cara de lo ocurrido en Iquique el sábado pasado, la académica destaca la capacidad de articulación y la solidaridad que se generó de inmediato después de los hechos. Desde distintas partes surgieron apoyos para reunir víveres, ropa y dinero para aquellos ciudadanos extranjeros que lo perdieron todo.

-La solidaridad que se ha construido en estos días es gigante. Eso nosotros lo hemos vivido personalmente con el Proyecto Anillo y la Cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Universidad de Chile que están dentro de la red de organizaciones migrantes y promigrantes. La solidaridad ha sido gigantesca, tanto del punto de vista de lo que se ha denunciado como del punto de vista de los aportes para ayudar a la gente. Y eso también es interesante, no se dice mucho pero me parece que esa fuerza que tiene este país de solidarizar por abajo, podríamos decirlo así, el apoyo de las ollas comunes, que ha sido enorme en los campamentos. A mí me llamó la atención porque fue muy rápido, se difundió muy rápidamente y la gente también reaccionó. Yo también agradezco esa solidaridad, pero sin embargo el peligro está porque el fascismo es peligroso, el racismo es peligroso, la violencia que contiene puede llevar a cualquier lado. La amenaza y la violencia de los insultos, de los golpes, de las persecuciones, está en la puerta de la casa.

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