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El caso de Estéfano, el joven trans encarcelado por homicidio y que clama legítima defensa

Por: Edgar Pfennings de la Vega | Publicado: 27.06.2022
El caso de Estéfano, el joven trans encarcelado por homicidio y que clama legítima defensa Estéfano González | Foto: Cedida
Más de dos meses en prisión preventiva tiene Estéfano González por el crimen del padrastro de una conocida. Su abogada asegura que actuó en legítima defensa ante un ataque transfóbico, y reclama que el Ministerio Público no está considerando todas las versiones. Esta es la historia que llevó a un joven trans a dar ocho puñaladas en una plaza en Pudahuel.

A sus 19 años Estéfano González lleva más de dos meses en prisión preventiva imputado por el delito de homicidio. Desde el primer minuto, su versión y la de testigos ha sido que el hecho ocurrió porque se defendió de un ataque transfóbico del padrastro de una conocida, en una plaza de Pudahuel. Sin embargo, la Justicia ha desestimado en diversas ocasiones catalogar el hecho como legítima defensa.

Ocho puñaladas tienen a Estéfano hoy privado de libertad en el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel. Sin embargo, la defensa y cercanos del joven acusan que el fiscal Marcelo Soto Álvarez no estaría considerando los antecedentes que exculparían al imputado y cuestionan que no aborda el caso con perspectiva de género. Es más, testigos han denunciado que el persecutor penal se ha burlado de algunos relatos.

«El Ministerio Público en esta etapa del proceso tiene la obligación se ceñirse al principio de objetividad, es decir, investigar todos los antecedentes que existan en la causa, ya sean incriminatorio o exculpatorios. Eso es algo que no está pasando y es gravísimo, porque incumplen la obligación constitucional del Ministerio Público«, afirma la abogada de Estéfano, Francisca Millán Zapata.

Un joven trans en Pudahuel

Estéfano González Garcés nació la tarde del 11 de septiembre de 2002 en la comuna de Independencia, hijo de un padre y una madre de 18 años. Cuando Estéfano llegó al mundo tenía otro nombre, que ya no utiliza, también otro género, que no lo identificaba y prefirió cambiar.

Desde sus primeros años de vida, el joven vivió en Pudahuel junto a su familia, comuna donde asistía a la Escuela Evangélica Ejército de Salvación y fue instruido en la fe protestante a seis cuadras de su casa. Luego, concluyó sus estudios básicos en diversos colegios de Cerro Navia y Pudahuel. En esta última comuna llegó el 2017, en primero medio, al Colegio Pudahuel, establecimiento en el que estuvo hasta que intentó sacar un título técnico industrial en Recoleta. Sin embargo, finalmente terminó sus estudios en un «dos por uno» el 2020, durante el primer año de la pandemia de COVID-19.

Fue el Colegio Pudahuel el que finalmente marcaría la vida de Estéfano, aunque probablemente, cuando cursaba sus estudios ahí, no lo sabía. Era el periodo en que estaba consolidando su identidad de género y reconociéndose como un hombre, tal como 37,8% de la población trans que empezó a vivir de acuerdo a su identidad de género entre los 12 y los 18 años, según datos de la «Encuesta T» de la organización OTD. En el centro educacional de la zona norponiente de Santiago, el joven conoció a Rayén Valenzuela Vargas. En 2018, ambos coincidieron en este liceo: él iba en el segundo medio A, ella en el primero medio B y forjaron una amistad.

Rayén no estaba pasando por un buen momento familiar y se apoyó en Estéfano. Tenían una amistad cercana. Vivían solo a algunas cuadras y, en ocasiones, cuando ella tenía problemas con su mamá, se iba a quedar a la casa de su amigo. Fue un vínculo que duró un tiempo, hasta que, al finalizar el año, la joven dejó sus estudios, después de reprobar primero medio. En distintos colegios, los amigos tomaron distancia. Los años siguientes, no se vieron.

Estéfano salió del colegio y empezó una relación con Martina Adad Casanova, quien también era vecina del barrio y en 2021 se fueron a vivir juntos. En ese tiempo, la pareja sufrió diversos casos de hostigamiento con motivaciones transfóbicas, especialmente en la calle, aunque ninguna de estas situaciones pasó de los insultos y comentarios.

Por su parte, Rayén siguió sufriendo algunos problemas familiares, los que incluso terminaron con su mamá, Magelyn Vargas Galaz, y su padrastro, Camilo Jara González, detenidos por violencia intrafamiliar. Pese a que fueron dejados en libertad, este incidente inició una causa en el 5° Juzgado de Garantía de Santiago por lesiones, daños y amenazas, el que finamente no continuó debido a que la Fiscalía Metropolitana Centro Norte decidió no perseverar en las indagatorias bajo el argumento de que «no se han reunido antecedentes suficientes». No obstante, mientras duró el proceso, los familiares de la joven tuvieron que asistir a «talleres de desarrollo de habilidades parentales».

A principios de este año, Rayén Valenzuela volvió a contactar a Estéfano González porque estaba mal anímicamente, le dijo que había terminado con su pololo y necesitaba conversar. Después de ese encuentro, Martina, la polola de Estéfano, empezó a tener conflictos con Rayén.

«Un día me llamó ella insultándome, diciéndome que me iba a matar, que me iba a rajar la cara, que ella estaba enamorada de Estéfano y que se iba a quedar con él. Unos meses después me la topé en la calle y le pregunté qué onda, qué tenía contra mí. Me quedó mirando y se fue. ‘Ya, no hay drama’, hasta aquí quedo el problema”, relata Martina Adad a El Desconcierto. Pero el problema fue solo un adelanto de los hechos que ocurrirían el 8 de abril.

Ese día Martina se reunió con Estéfano en una plaza ubicada en la intersección de las calles La Unión y Lo Espejo de la comuna de Pudahuel, en el barrio donde vivían, a solo una cuadra del liceo evangélico donde había estudiado durante su educación básica.

El joven estaba junto a Diego Oyarzo, un amigo que lo estaba acompañando mientras esperaban que la hermana de Estéfano saliera del colegio media hora más tarde. A ellos se les sumó Martina, con quien, según su versión, compartieron un cigarro. Eran las 5 de la tarde, había algunas personas esperando la salida de los colegios de la zona y otros hacían algunas compras. El grupo estaba sentado en los pastos frente a dos chemamull, estatuas mapuche, cuando apareció un ruidoso vehículo Chevrolet Sail Rojo en el lugar. Era Rayén junto a su mamá y su padrastro.

Ocho puñaladas y un ataque

Las versiones de lo que ocurrió en ese momento se contraponen, pero coinciden en que, tras llegar a la plaza, Rayén comenzó una discusión con Estéfano y sus acompañantes. El relato del Ministerio Público indica que fue la primera quien fue insultada por el joven «señalándole frases tales como ‘vo gila culiá qué andai hueviando aquí, qué te pasa fea culiá’» y luego la habría empujado, «instante en el cual Camilo Jara González (padrastro de Rayén) decide ir a separarlos y llevarse a Rayén del lugar, sin embargo, Kiara (nombre registral de Estéfano) extrae desde un banano que portaba un cuchillo con el que lo atacó en diferentes partes del cuerpo, cabeza, tórax y extremidades, causándole 8 lesiones».

El problema en este caso es que, de acuerdo a Estéfano y su defensa, la Fiscalía omitió en su narración que previo a las puñaladas Camilo Jara habría emitido insultos transfóbicos contra el joven y lo habría golpeado, al igual que a su amigo, quien escapó del lugar después de recibir el primer golpe. Además, los jóvenes aseguran que el puñal que le quitó la vida a Camilo lo portaba él mismo. Sin embargo, pasó a manos de Estéfano, quien asustado se lo quitó y los usó en su contra.

Según los antecedentes incluidos en la carpeta investigativa del caso, Diego Oyarzo declaró que «el hombre se bajó del auto y dirigió a mí y me dio un empujón y yo le dije que no tenía nada que ver y después lo quedó mirando. Le dije que no tenía nada y no sabía qué problemas tenían, entonces el hombre se da media vuelta y golpea a Estéfano en la cara (…) Se pone a pelear con Estéfano, en ese momento yo me voy».

Por su parte, Martina complementa que «se acerca la mamá de Rayén y me empieza a decir que ella era chora, que no sabía con quién me estaba metiendo, que tenía pistola, me mostró pistola incluso, cuchillo igual. Yo le dije que no sabía por qué estaba pasando eso (…) La cosa es que se acabó el tema. El tema entre mujeres se terminó. Rayén con la mamá se iba yendo. Iban directo al auto. En ese momento se baja el tipo«.

«Se baja insultando: ‘Maracas culiás, lesbianas culiás’. En ese momento se acerca a Diego, nuestro amigo. Lo empieza a golpear varias veces en el rostro y en el pecho. Fueron más de diez combos. Mi amigo no hizo nada (…) En ese momento se acerca a Estéfano y le empieza a pegar. Fueron más de 20 combos los que Estéfano recibió: en la cara, en el abdomen, en el pecho. (…) Camilo se acerca, como que se va a cargar, a buscar un arma, al auto. La mujer de él estaba abajo del auto y ella le pasó un cuchillo y le dijo ‘mata a esta maricona culiá‘», prosigue la pareja de Estéfano.

Martina Adad afirma que posteriormente su pololo le quitó el cuchillo a Camilo mientras este último lo golpeaba: “Cuando Estéfano le quita el cuchillo, las tipas se van con el puro Estéfano; Rayén y la mamá. En ese momento me metí a separarlos, porque querían botar a Estéfano, obviamente, y a mí, para apuñalarnos. Yo la saqué de encima de Estéfano y ellas me empezaron a quemar con cigarros«.

Estéfano

Plaza donde ocurrió el hecho en Pudahuel

«Rayén y la mamá, gritaban que lo matara, (Camilo) las tenía haciéndole barra (…) Lo único que veo es que Estéfano cierra los ojos y empieza a propinar puñaladas. Camilo le intenta quitar las cadenas. Camilo suelta a Estéfano y fue la única oportunidad que nosotros tuvimos para arrancar», concluye Martina en conversación con este medio.

Según las declaraciones de Estéfano González, no imaginaban con Martina que las puñaladas le podrían haber quitado la vida a Camilo. Él solo había actuado como reacción a los golpes y comentarios. Recuerda en sus declaraciones posteriores ante Carabineros que la última amenaza que recibió fue: «Te voy a matar. Te voy a enseñar a ser mujer».

El temor que el joven sintió en este caso es algo común en la comunidad trans. De acuerdo con las pocas investigaciones disponibles sobre ataques contra este grupo de la población, 40% de las personas transgénero ha experimentado violencia en la calle, siendo el espacio donde más frecuente ocurre esto, seguido por los centros comerciales, donde 34% la ha vivido.

Estas cifras fueron expuestas por la «Encuesta T», hecha a población trans en Chile por la organización OTD, una de las pocas instituciones que tiene datos sobre estos episodios. Otra agrupación de este tipo es la Corporación Chilena de Personas Trans «Amanda Jofré», cuya presidenta, Alejandra Soto, fue brutalmente agredida en un ataque transfóbico ocurrido la madrugada del 9 de octubre en el límite entre las comunas de Independencia y Recoleta, algunos meses antes del ataque que denuncia Estéfano.

Fiscalía en la mira

Después del hecho en la plaza de Pudahuel, Estéfano escapó a la casa de su mamá junto a Martina. «Yo le vi unos golpes en la cara. Me dijeron que estaban bien, que el tipo había quedado herido en la plaza. Le dije que hay que arrancar porque van a venir a vengarse. Después calmé a la chiquilla y fuimos a dejar denuncia. Incluso no sabía si ir a constatar lesiones o ir a la comisaría», declaró su madre en el proceso.

Al acercarse a Carabineros a poner la denuncia, en la comisaría le informaron al joven que ya tenían conocimiento de la situación y le notificaron que Camilo Jara había fallecido a las 17 horas y 35 minutos a causa de un «traumatismo torácico por objeto cortopunzante».

Desde ese día, Estéfano quedó en prisión preventiva luego de que el Ministerio Público desestimó que haya actuado en legítima defensa en la audiencia de formalización, argumentando que la cantidad de puñaladas desacreditarían esta versión, al igual que el testimonio de Diego Oyarzo, quien, según el persecutor, negó haber escuchado insultos transfóbicos.

La medida cautelar ha sido cuestionada inmediatamente por su defensa, a cargo de la abogada Francisca Millán Zapata de AML Defensa de Mujeres, quienes cuestionan duramente que el fiscal Marcelo Soto Álvarez no considere en su versión el ataque previo que habría realizado el fallecido. «El fiscal incurre en un simplismo absoluto y utiliza una afirmación que desde la criminodinámica es absolutamente falsa», opina la abogada.

“La cantidad de puñaladas en ningún caso es una contradicción a la teoría del caso, porque la cantidad de puñaladas es algo que no se ha puesto en discusión en ningún momento y eso no implica que necesariamente sea distinto a una legítima defensa, sobre todo porque quedan pendientes en el proceso hacer peritajes que pudieran ser más concluyentes, de acuerdo a la dinámica de los hechos y si efectivamente podría considerarse una dinámica defensiva o no», agrega Millán Zapata.

Respecto al testimonio de Diego, la abogada expone que «los testigos que fueron a declarar señalan haberle dado información al fiscal que él no consignó en las declaraciones. Por eso mismo, nosotras estamos solicitando que se vuelva a citar a los testigos, porque los testigos sí hicieron referencia a los gritos y a las expresiones de odio que hubo desde un principio».

Por otro lado, Martina Adad asegura que el fiscal Marcelo Soto se burló de ella cuando la entrevistó. «Me preguntaba si Estéfano con Rayén habían tenido algo. Yo le dije que no, que nunca habían tenido nada. Yo vivía con Estéfano hace más de un año, entonces de eso se burlaba. Me decía: «Yo creo que te puso los cuernos». Eso no es de un fiscal”, sostuvo a este medio.

El Desconcierto contactó a la Fiscalía Metropolitana Occidente, quienes declaran que «el Ministerio Público tiene la obligación de investigar todos los hechos bajo el principio de objetividad. Este principio sí o sí debe considerar la perspectiva de género, tanto en la investigación como el análisis de estos hechos».

«En el caso en particular, la identidad de género del imputado sí ha sido un antecedente de suma relevancia para orientar las diligencias y establecer las circunstancias en que se cometió el crimen», agrega el ente persecutor.

Respecto a la acusación de que el fiscal se habría burlado de la pareja de Estéfano, el Ministerio Público no se refirió, pese a haber sido consultado.

Estéfano González

Foto: Cedida

La coordinadora de la unidad de políticas públicas de la organización OTD, Ignacia Oyarzún, analiza respecto a este caso que «tomando en cuenta que Estéfano se defendió de un ataque, en el contexto de que las personas trans somos constantemente atacadas, replica esta violencia estructural que existe, no solamente por parte de la sociedad en los ataques de odio, sino que también en el no reconocimiento de nuestras vivencias y nuestras identidades por parte de los órganos públicos, en este caso la Fiscalía«.

«La Fiscalía no ha hecho lo necesario para establecer un fiscal o una fiscala que tenga enfoque de género, que tenga conocimiento sobre este tema y tenga finalmente perspectiva de género y de esa forma no pasar a llevar a vulnerar los derechos de Estéfano. Porque, finalmente, no hay una justificación razonable para que Estéfano esté cumpliendo esta medida cautelar en un penal, siendo que no es un peligro para la sociedad», concluye la dirigenta trans.

La defensa de Estéfano ha intentado en dos ocasiones revertir la prisión preventiva argumentando las carencias en la investigación al no considerar el ataque previo contra el imputado, sin embargo el 1° Juzgado de Garantía de Santiago lo ha rechazado en ambas ocasiones. Incluso, la Corte de Apelaciones de Santiago ha revisado dos recursos de apelación que buscaban medidas cautelar menores, pero tampoco los aceptó.

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