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Ernesto Holman explica cómo el etnojazz lo conecta con la tierra: «Cuando toco bajo me transformo en un árbol»

Por: core | Publicado: 03.08.2019
Ernesto Holman explica cómo el etnojazz lo conecta con la tierra: «Cuando toco bajo me transformo en un árbol» Holman-deraiz-TNA-02-850×564 |
El ex bajista de Congreso presentará su nuevo disco «Árbol» este tres de agosto en el Teatro Nescafé de las Artes, luego de la gira internacional que lo llevó al Lincoln Center de Nueva York.

El destacado bajista Ernesto Holman (65) desarrolló su propia teoría para explicar cómo su música llegó al Lincoln Center de Nueva York el pasado 2 de julio. El músico no le entrega todo el mérito solo a sus composiciones y la calidad de su banda, sino que también cree que hay energías espirituales que lo llevaron a lanzar su último disco en el extranjero.

«Árbol» es el nombre de la última placa del ex bajista de Congreso, quien afirma cada vez que toca genera una conexión profunda con la tierra, que se ha traducido en su estilo personal: el «etnojazz».

Holman afirma que le gusta el jazz, pero se resiste a tocar este estilo «igual que los gringos«. En su música hay algo que, según su visión, es el canto propio de la tierra, lo que es realmente «chileno».

El estilo de Holman puede ser catalogado como complejo, pero él afirma que en lo simple y lo cercano está lo más fundamental. «Cuando tú tocas los ritmos de la tierra, te conectas con la tierra y no solamente como cuando metes las manos en la tierra, sino que con el concepto espiritual profundo. Por eso nuestro último disco se llama ‘Árbol'», sostiene.

-¿Cómo ha sido para ti desarrollar esta conexión profunda con la tierra? ¿Cómo has llevado eso a tu interpretación en el bajo?

-En la cultura mapuche el árbol representa al Wenu Mapu, que es el cielo; el Nag Mapu, que es donde estamos parados; y el Mincha Mapu, que es la tierra de abajo. Hay tres planos. El árbol representa esto con la raíz, el tronco y las ramas. ¿Qué pasa cuando toco esos ritmos? Me pasa eso: me transformo en árbol. Me conecto con todos los planos. Y eso ha desarrollado en mí otra visión. Los chilenos estamos desconectados del ombligo hacia abajo porque nos hemos puesto mentales, estamos tiesos. Eso hace que nos desarrollemos de manera más intelectual. Y la música es para eso: para conectar, para hacer danzar a la gente.

-¿Nos falta identidad?

-Todos los músicos chilenos deberíamos tocar nuestra música, tal como los brasileños tocan su samba. Allá aunque canten reggaetón, el reggaetón es «asambado». Pero nosotros no, tocamos jazz y rock igual que los gringos, no tocamos nada como chileno.

-¿Cómo es tu relación con ritmos como la cueca?

-El otro día íbamos viajando a Nueva York y me puse a escuchar la cueca del guatón Loyola. Y la escuché con sentido y me corrían las lágrimas, me emocionaba. Ahí decía, ‘qué belleza más grande escucharla con sentido’. Y otros piensan que uno está loco y dicen ‘cómo te va a gustar al lado de Chick Corea’. A mí me fascina. Creo que si un chileno se va a vivir a otro país un par de años y le pones este tema, se pone a llorar a mares. Recién ahí lo valoras, porque tiene un valor que es invisible porque estamos tan deslumbrados por los otros, que no vemos el valor que tiene lo nuestro, que es elemental. No tiene que ser virtuoso o maravilloso. Basta que exista para que te guste.

-Hay personas que dicen que existe algo que está detrás de la melodía y la armonía que vendría a ser la pura vibración.

-El espíritu. Eso no tiene forma. Es que nosotros miramos todo a nivel de lentejuelas, de brillos. Eso es lo que llama la atención. Sin embargo, a veces lo simple es tan grande que no lo ves. Y no todo lo que brilla es oro. Estamos rodeados de mucha parafernalia, pero lo más simple, lo que tienes al lado, nunca lo aprecias.

-¿Cómo fue la experiencia de tocar tu nuevo disco en el Lincoln Center?

-Tiene varias miradas. Una mirada humana y egocéntrica en la que me lleno de orgullo porque viví en Nueva York del 84 al 85, y estuve en otra oportunidad también y dije ‘la tercera vez que venga, voy a volver con algo bajo el brazo’. Entonces ahora lo cumplí y me siento satisfecho y regalón. Son batallas ganadas para uno. Fue maravilloso.

-¿ Y cuál es la otra?

-La otra es la parte que tiene que ver con una misión espiritual, porque están desarrollándose cambios en el planeta. Tiene que ver con que nuestro continente del hemisferio sur hace música ternaria y el hemisferio norte, por el cual nosotros hemos sido colonizados e invadidos, hace música de forma binaria. Ahora hay una saturación de todo eso en el planeta y se están necesitando ritmos ternarios como los que hacemos nosotros.

-¿Se necesita una apertura a otras formas de ver el ritmo?

-En la dualidad existen dos tipos de ritmo. La dualidad tu la ves en distintas cosas: izquierda-derecha; positivo-negativo; macho-hembra; todo en la naturaleza es dual y en ella solo hay dos tipos de ritmo, binarios y ternarios. Principalmente, el hemisferio sur es ternario y el hemisferio norte es binario. Pero así como tú eres hombre y tu rasgo principal es masculino, tú tienes un lado complementario que es femenino. Esto se expresa también en el ritmo. Pero el hemisferio norte, que ha saturado todo planeta, necesita ahora un equilibrio ternario. La naturaleza no crece solo con una polaridad.

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