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RESEÑA| El exilio de los niños y el mito de un futuro mejor

Por: Juan Ignacio Colil, escritor | Publicado: 22.10.2021
RESEÑA| El exilio de los niños y el mito de un futuro mejor ©Paulo Slachevsky |
El título «Mi exilio dorado» del escritor Marco Fajardo apunta de manera sarcástica a esa idea que la dictadura pregonaba sobre el mundo de oportunidades que abría el destierro, y que en el fondo había sido mejor para ellos irse al extranjero que quedarse porque así pudieron aprovechar las bondades y oportunidades de los países a los cuales llegaron. 

Se ha escrito bastante sobre la dictadura de Pinochet, desde diversas perspectivas: de cómo se gestó el golpe, de los organismos represivos, de las víctimas, de los civiles que estaban en el poder, de las transformaciones económicas llevadas a cabo, el rol de los estudiantes, el de los trabajadores, la cultura y un largo etcétera, que pareciera de nunca terminar porque una puerta lleva a un camino con más puertas y cada una de ella muestra una dimensión de la dictadura que se coló hasta los lugares más íntimos.

En Mi exilio dorado (LOM Ediciones, 20121) Marco Fajardo da cuenta de una nueva perspectiva que quizás para muchos ha pasado desapercibida; se trata la vida de los niños y niñas nacidos en el exilio y del posterior choque con la realidad.

El libro está estructurado en nueve capítulos y un epílogo, en los cuales el autor realiza un intenso ejercicio a través del cual asistimos a las diferentes aristas de su encuentro y desencuentro con Chile; con su gente, su historia familiar, personal y con la historia del país, con sus quiebres, olvidos y también con las reflexiones acerca de su propia identidad, de su dolor, de las consecuencias permanentes del exilio.  

El título Mi exilio dorado apunta de manera sarcástica a esa idea que la dictadura pregonaba acerca que el exilio había significado, para quienes lo vivieron, un mundo de oportunidades y que en el fondo había sido mejor para ellos irse al extranjero que quedarse, porque así pudieron aprovechar las bondades y oportunidades de los países a los cuales llegaron. 

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El exilio fue otra de las tantas medidas represivas implementadas por la dictadura. El exilio significó otro quiebre en las vidas de quienes lo sufrieron, porque en esos años el mundo parecía más ancho y ajeno. Los viajes no eran tan frecuentes como hoy, y supongo que en muchos casos el choque cultural fue violento, sin contar la carga de los exiliados: la derrota, el horror, la violencia, el despojo, el fin de un sueño. Los hijos e hijas del exilio constituyen otra de las cicatrices dejadas por la dictadura, una cicatriz que ha costado dimensionar y solo ha sido posible ver gracias a esos mismos niños y niñas que han hecho visible su experiencia. 

Cobro revertido de José Leandro Urbina y Morir en Berlín de Carlos Cerda son dos excelentes novelas sobre el exilio chileno, pero ellas están centradas en la figura del exiliado, el que sufrió en primera persona la represión. Recuerdo también la obra de teatro A fuego lento de Gregory Cohen, que trata sobre el retorno de un exiliado y el encuentro conflictivo con su familia. En Mi exilio dorado, una crónica íntima, Fajardo nos muestra la visión de un niño que nace en un país que no es el suyo, y que debe ir comprendiendo el mundo que lo rodea y situarse en esas coordenadas. Cómo se vive con el país de sus padres y con un país imaginario a cuestas, cómo se vive siendo niño en un lugar distinto. Pero no solo se trata del lugar, sino también de las relaciones personales, de las familias inexistentes, de ser distinto, del choque con el país imaginado. Se trata de la identidad y de ese lugar en el mundo que todos buscamos (como dice el título de la película argentina).

En el capítulo llamado “Estadio Nacional”, Fajardo señala. “Parafraseando a Ballard, uno podría decir: ‘¿Cuál es la tragedia de Chile? Que en el Estadio Nacional violamos, torturamos y matamos, pero después limpiamos la sangre y seguimos jugando fútbol y vitoreando a nuestra selección allí’” (p. 37). Entonces, recuerdo las imágenes post golpe de Estado, y me veo niño pasando por afuera del Estadio y fijándome en los familiares amontonados en sus puertas.

El exilio marcó a una generación, al menos dos veces, ya que los que regresaron se encontraron con un país distinto, en el que muchos no tenían cabida. Pero el choque fue más brutal para esos niños y niñas nacidos en el extranjero, que debieron enfrentarse a un Chile de carne y hueso; un Chile transformado por los años de dictadura y neoliberalismo.

El exilio no solo afectó a quienes tuvieron que refugiarse en otros países, afectó a sus familias, pero también nos afectó al resto que lo naturalizamos y lo vimos solo como una medida más, ignorando las consecuencias que acarreaba.

Esta obra nos hace mirar el exilio de otra forma, con sus problemas, con su pesada carga y con la larga sombra del equipaje del destierro que aún se proyecta, además nos hace preguntarnos por nuestros propios recuerdos, nuestra memoria y nuestro rol en la historia reciente porque el presente está lleno de pasado. 

Mi exilio dorado

Marco Fajardo

LOM Ediciones, 2021

115 páginas

Precio de referencia: $10.000

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