Por Benoit Hervieu Encargado para las Américas de Reporteros Sin Fronteras (RSF)

¿Rumor o una broma pesada? La detención del periodista mapuche Pedro Cayuqueo Millaqueo, el 24 de noviembre pasado en la región de Temuco, parecía a primera vista una pesadilla. ¿Se trata en realidad del desafortunado azar de un control carretero? Esa tarde, cuando viajaba en automóvil con su hija y dos sobrinos –los tres menores de edad– en los alrededores de la comuna de Teodoro Schmidt, el director de las revistas Azkintuwe y Mapuche Times fue detenido por dos carabineros que mencionaron una orden de arresto en su contra. Poco importó que el caso fuera antiguo y ya hubiera sido juzgado, Cayuqueo tuvo que esperar hasta la media noche para que lo dejaran en libertad. La “pesadilla” muestra a la vez un escándalo judicial y una persecución política: una revela la otra. El escándalo judicial ha durado más de una década. En octubre de 2003 Cayuqueo fue sentenciado a una pena de 61 días de prisión y a pagar una multa por “usurpación de tierras” y “encubrimiento de robo de madera”. Esto, por una causa iniciada en 1999, durante una ocupación de tierras expropiadas a las comunidades mapuches y cedidas a la empresa maderera Forestal Mininco en Traiguén. El periodista purgó la condena dictada: fue encarcelado en 2004. También le confiscaron doscientos ejemplares de Azkintuwe –revista que fundó tras la ocupación de tierras de Traiguén– que nunca le fueron devueltos. Primera encarcelación. Primera censura. Se empleó la misma lógica cuando Cayuqueo fue detenido una segunda vez por el mismo caso, en junio de 2005. Lo condenaron a 41 días de reclusión nocturna por no haber pagado la multa que le había sido impuesta. Obligado a dormir en una prisión ubicada a 90 kilómetros de su casa, tuvo que esperar diez días para que lo trasladaran a un lugar más cercano a su domicilio. Segundo arresto. Segunda censura. Este retorno a la prisión tuvo lugar poco después de que el periodista solicitara su visa para viajar a Vancouver, Canadá, donde planeaba participar en un encuentro de periodistas indígenas del continente. Aunque esta vez se libró de una larga estancia carcelaria, no se salvó de padecer otro embrollo jurídico. Pese a que ya había purgado su pena, fue detenido de nuevo por una orden de aprehensión caduca, que databa del año de su primera encarcelación. Más grave aún, este 24 de noviembre los carabineros se negaron a liberarlo pese a la orden de una jueza de Traiguén: llamaron a la jueza de esa comuna, quien les ordenó liberar al periodista; sin embargo, no accedieron indicando que requerían una orden por escrito. ¿Los carabineros están al tanto de los cambios del sistema penal de su propio país, que hace poco pasó del sistema de tipo escrito al sistema penal oral? Incluso aquí, la sombra de la censura se cierne sobre la “simple” medida administrativa, pues la voz de Cayuqueo llega a Chile y más allá de sus fronteras. El director de Mapuche Times acaba de publicar el libro “Sólo por ser Indios”. Su detención ocurrió poco después de que el periodista visitara Argentina –viaje que realizó sin problemas– para debatir con otros comunicadores indígenas sobre diversos temas que constituyen el corazón de la situación actual mapuche, pero que identifican a todo el continente: atentados al medio ambiente; violaciones a los derechos de las poblaciones nativas y a sus territorios; acceso limitado –o inexistente– a los medios de información y a las frecuencias de difusión de estas mismas comunidades. ¿Qué revela el caso Cayuqueo? Sin duda, los límites de un Estado de Derecho, pero también y sobre todo, la persistencia de una negación anclada a la sociedad chilena desde el final de la dictadura. Su detención constituye una siniestra advertencia para Elena Varela, documentalista encarcelada en 2008; para Marcelo Garay Vergara, periodista de El Ciudadano, detenido el 11 de septiembre de 2010; para Marcela Rodríguez, fotógrafa del sitio web Mapuexpres, detenida en junio de 2011, y para todos aquellos que se atrevan a informar sobre uno de los más antiguos conflictos sociales y medioambientales del continente. La detención de Cayuqueo también es una señal de discriminación dirigida a los medios de comunicación y digitales–en especial mapuches– que intentan desesperadamente obtener un lugar en un espectro mediático extremadamente concentrado. La detención de Cayuqueo es, finalmente, un insulto al pluralismo, que hoy se debate en América Latina. ¿Y en Chile?