Por Mónica Maureira y Tatiana Hernández

“Quiero ser muy enfático que frente al problema de esta magnitud es buscar soluciones y no aprovecharse de la situación pues es en estos momentos donde se ve la actitud democrática de los partidos. Las elecciones se ganan con los votos” (Pablo Longueira, 16 de Julio del 2001)

“Queremos más participación ciudadana el 30 de junio y el 17 de noviembre y la mayoría de los actores parlamentarios consideramos que legislar sobre una franja gratuita para fomentar la votación masiva e informada en las primarias del 30 de junio le hace bien a la democracia” (Jorge Pizarro, 16 de junio de 2013)

Las afirmaciones corresponden a dos destacados hombres de la clase política, quienes se manifestaron a favor de leyes express que tenían como destino “salvar nuestra democracia”. La primera corresponde al episodio liderado por el Partido Demócrata Cristiano, que tras un error inscribió mal la lista de parlamentarios para la elección de 2001. No hay democracia sin la Democracia Cristiana, fue el implícito que movilizó a la clase política a tomar acuerdos con la Unión Demócrata Independiente, compromiso que terminó en un Proyecto de Ley que el Gobierno de Ricardo Lagos presentó con urgencia, posponiendo la fecha programada de los comicios para que los demócratas cristianos pudieran inscribirse correctamente.

La segunda afirmación da cuenta del acuerdo al que se llegó para que las coaliciones políticas que fueron a primarias presidenciales, contaran con una franja electoral que permitiera informar a las y los ciudadanos sobre las ideas y proyectos que cada candidato (a) tenía. La intención fue votar de manera informada. No hay participación democrática sin franja electoral es el implícito. Oposición (Nueva Mayoría) y Renovación Nacional negociaron un acuerdo que concluyó con un Proyecto de Ley que el Gobierno de Sebastián Piñera presentó con urgencia y permitió contar con tres días de franja electoral.

Desde su conformación como Estado, Chile nunca ha garantizado la ciudadanía plena de las mujeres. Si nuestra memoria no falla, cada una de las leyes que ha significado avanzar en derechos para las mujeres han tomado tiempos insostenibles para atender con la debida premura el problema que tenemos hoy en Chile: el embarazo forzado de Belén, una niña de once años sometida a sistemáticos abusos sexuales por parte de su padrastro.

A las mujeres, al 52% del padrón electoral, se nos dirá que las leyes express citadas no tienen ninguna relación con la solicitud de una Ley urgente para resolver en derecho, sobre la vida e integridad de Belén. Ya se nos ha dicho que somos oportunistas y que nos estamos aprovechando de la situación de Belén para poner las demandas de las mujeres en la agenda político-legislativa.

Difícilmente las feministas podríamos ser oportunistas, no pasa ni un solo día sin que exijamos el derecho a que nuestros cuerpos estén libres del sometimiento patriarcal, cualquiera sea su forma. Se exige la libertad sexual, bien jurídico protegido desde la reforma al Código Penal, de 1999. Para Belén, su caso habla de una vida y un cuerpo violentado, con un embarazo forzado a cuesta, que pone en riesgo su vida, tanto física como mental.

La Ley que es urgente, hoy, busca que las mujeres puedan abortar bajo tres causales: riesgo de vida, inviabilidad fetal y embarazo producto de violación. Preliminarmente creeríamos que es innecesario justificar por qué también incluimos esta norma entre aquellas que buscan “salvar nuestra democracia”. Sin embargo, reconociendo la poca conciencia que existe en Chile sobre el derecho a tener derechos que tenemos las chilenas, va nuestra explicación.

Sin mujeres no hay democracia, mujeres conscientes y con el poder para decidir sobre lo que producen y reproducen nuestros cuerpos. Mientras quienes nos “representan” insistan en no considerar nuestras demandas por más derecho, más autonomía, difícilmente esta democracia será de calidad, entendiendo por calidad de la democracia al grado en que, dentro de un régimen democrático, una convivencia política se acerca a las aspiraciones democráticas de su ciudadanía.

Quienes deciden sobre nuestras vidas y futuro, siguen sin representar lo que las mujeres queremos: Aborto bajo las tres causales anteriormente expuestas (70% están de acuerdo a que se despenalice el aborto en estas tres causales, Encuesta Corporación Humanas 2011). Belén no puede esperar al compás del trabajo del Legislativo y del Ejecutivo cuando de leyes por los derechos de las mujeres se trata.. La vida de Belén corre a contratiempo. Y requiere de una clase política que tome acuerdos urgentes, exigiéndole al Gobierno un Proyecto de Ley o la urgencia a cualquiera de las cuatro iniciativas (tres en el Senado y una en la Cámara de Diputado) que hoy existen en el Congreso sobre Aborto, en estas tres causales.

Estamos conscientes, y nos duele, reconocer que para motivar estos acuerdos se requiere de fuerzas políticas con el poder de movilizarlos. Las leyes express descritas contaron con coaliciones políticas y partidos, que velaron por sus intereses. Belén nos encuentra con un movimiento de mujeres muy debilitado. Estamos en presencia de una fuerza sin cuerpo, que lucha por liberar los cuerpos de las mujeres. Una ironía política, un hecho grave, porque Belén no puede esperar. Habrá que confiar en los partidos políticos y en las alianzas de siempre en el Legislativo, confiar en sus capacidades de negociación y de acuerdos, en que a ellos y a ellas verdaderamente si les importa mejorar la calidad de nuestra democracia. Porque insistimos: Belén no puede esperar.