Por Mauricio Vico, Académico Dpto. de Diseño U. de Chile

Los movimientos sociales en Chile han tenido una ruta dislocada, de avances, retrocesos y estancamientos. Desde hace unos años, han tenido una presencia permanente. Dos hitos le han dado visibilidad en el espacio público, la movilización de estudiantes secundarios llamada “La revolución de los pingüinos”, y el resurgimiento de las movilizaciones estudiantiles el año 2011. La diferencia con el anterior es que se transformó en un movimiento social. Su sello, un cambio en los métodos de protesta. No sólo fueron las marchas, si no el despliegue creativo en los modos y exigencias en sus peticiones. Este movimiento se organizó bajo la consigna “educación gratuita y fin al lucro”. Aunque, su mayor impacto lo tuvo en ese año, las protestas han proseguido, aunque con menor impacto en los siguientes.

Uno de los aspectos más interesantes de las manifestaciones iniciadas por los estudiantes en mayo de 2011, diferenciándose de otras anteriores, es el gran despliegue de expresiones visuales. Asimismo, la fortaleza alcanzada por el movimiento estudiantil tuvo a los medios digitales como principal sostén comunicacional. A través de las redes sociales, logró un impacto y una organización nunca antes vista, distanciándose de los medios tradicionales: periódicos, revistas y canales de televisión, pero en esa rara dialéctica, estos últimos colaboraran aún más en su difusión. Claro, varios de ellos con la pretensión perversa de desvirtuarlo y desprestigiarlo, dando cabida en sus noticias a los hechos de violencia, más que a las cuestiones de fondo que originaron dicho conflicto. En el escenario de las comunicaciones, resurgió una de las “viejas” formas de expresión como cimiento difusor: el afiche.

La lógica de esta producción sólo se puede explicar en el azar, lo imprevisto, lo improbable, surgiendo de la nada, de lo espontáneo y transitando trasversalmente lo sociopolítico, aunque pueda ser calificado por sus actores como no-político; sin embargo, su trayectoria tiene un efecto en este aspecto, además, rebelde, y libertario.

El afiche de corte contestatario y confrontacional reapareció, pero no en el sentido partidista, sino el de la consigna de conciencia social, identificando el interés general y promoviendo ideas y acciones que abarcan un espectro más amplio de receptores. En este afiche vuelven a coincidir características de otros periodos históricos, una sociedad que se activa y que denota signos de inestabilidad social. Así, como lo fueron en su momento las reformas universitarias chilenas que comenzaron en 1967 y el movimiento obrero-estudiantil de mayo del 68 en París. El afiche político vuelve a identificarse con los mensajes de adhesión, libertad, patria y la acción ética; los héroes, la solidaridad; la fraternidad, el humor; la mujer y el hombre común que componen la multitud. Surge del anonimato y encarnando los valores de la manifestación, de la marcha o el ideal de la sociedad, en la imagen del ciudadano común. Invoca, además, una de las representaciones esenciales que han marcado las tendencias contraculturales y de rebeldía de una parte de la sociedad chilena, la injusticia social.

Las características que lo han definido desde el 2006: el uso de la imagen irreverente, la utilización de códigos visuales reconocibles por todos, la marginalidad iconoclasta. Darán cuenta de los fenómenos del lenguaje visual en la contingencia y el apuro, muchas veces, a través de la precariedad de la impresión. Está presente la crítica social, el diseño colectivo, la simplicidad de los mensajes, el rechazo de ciertos códigos estéticos academicistas. Se destacan por la espontaneidad, el derecho a expresión de una ciudadanía que recupera el espacio público y frente a la contingencia, resurge un afiche de expresión política y popular.

En este grupo se aprecian ciertas convergencias y divergencias: creación colectiva-autoría individual, el muro-el obsequio y la ficción idealismo-contingencia política. También, instalándose en definitiva el concepto de ciudadanía separado de pueblo, que en el espacio de la historia política local, connota los discursos de la izquierda chilena.

La marcha, característica de todo movimiento social que busca cambios, ha sido transfigurada en una estética de la creación artística del colectivo. Ahora, la protesta y lo que sucede al interior de ella transformada en espacio de creación, en expresión estética individual como masiva. Es lo original que marcará a los movimientos sociales de los últimos años. La acción se vino a transformar en espectáculo. La protesta de carácter político transformada en una política de expresiones estéticas, desde la performance individual a los happening colectivos. De allí, algunos afiches adquirirán otra función, más allá que se peguen en la muralla, muchos de ellos se regalarán en las marchas, dejando de tener un destino efímero, para no olvidar que la educación es un problema de todos.