Uno de los grandes problemas que tiene la sociedad actual, donde imperan la competencia, lo superfluo y lo inmediato, es que no se toma en cuenta la opinión de los niños. Sus pensamientos y su sentir se asumen como variables inmaduras de percepción de la realidad, se dice que ellos “no saben, porque son muy chicos”.

Lo cierto es que la sensibilidad infantil nos acerca muchas veces a lo verdaderamente humano, a eso que todos olvidamos una vez que nos enfrentamos a este escenario individualista y agresivo. Por eso, cuando hablamos de educación, nos acordamos de todos quienes participan, menos de sus protagonistas más pequeños.

¿Se sienten felices los niños al  ir al colegio?¿Qué sentido le otorgan al conocimiento que reciben? Son preguntas amplias y complejas, con muchos matices, pero para acercarme a sus respuestas, entrevisté a uno de los expertos más ignorados del país: un niño de 9 años.

– ¿Te gusta el colegio donde estudias?

Más o menos, porque la tía, cuando nos portamos mal, pone el cronómetro y perdemos tiempo del recreo para recuperar. Cuando nos portamos mal nos ponen cronómetro y nos quitan recreo, ¿cachai’? No me gusta.

– ¿Te gustaría tener más contacto con la naturaleza durante el día?

Sí, hacemos mucho en la sala y cuando vamos a Artes igual nos encierran. Salimos pa’ ir a la sala de Artes y de nuevo encerrados. Estamos casi todo el día encerrados. En el recreo salimos pero…seguimos encerrados.

– ¿Cómo te gustaría que fuera el colegio ideal?

Que tuviera piscina… que hubiera una parte de colegio y otra parte como para un…no sé…un lugar de pasto y árboles…el pastito que tenemos en el colegio no es mucho y además no nos dejan ponernos ahí.

– ¿Le has dicho a tus profesores lo que piensas, tienes la confianza?

No…

– ¿Por qué no?

No sé…como que me van a retar, nos van a castigar, nos van a pedir la libreta.

– ¿Te gustan las clases? ¿Te gustan las cosas que te enseñan?

Me  gusta Artes…emm, recreación…emm y las otras son un poco aburridas.

– ¿Las otras las encontrai fomes?

Es que matemáticas son puros números y me aburren. Una vez casi me quedo dormido…

– ¿Cómo te gustaría que te enseñaran las materias más fomes?

Más chistosas y con un, por ejemplo, 3 pasteles…3 dividido en 2, con pasteles, y que nos pasen pasteles.

– Tú querís comer pasteles….

Es que como es matemáticas, los dividimos para el curso y así comemos todos..¿cachai’?

– ¿Por qué los castigan en el colegio?

Por una acumulación de anotaciones negativas y porque nos portamos mal. Nos mandan el sábado a tal sala y tenemos que hacer como una guía o hacer la agenda…

– ¿Te gustaría que te enseñaran más experimentos en ciencias ?

¿Naturales? Es que eso me molesta porque yo quiero hacer eso pero la sala es para la media. Nosotros tenemos que copiar lo que nos dice el profesor y en la pizarra no hacemos na’…solo tenemos..nos pasan cosas, pero fomes. Por ejemplo, hay una lagartija , un cráneo y es fome porque no los podemos ocupar.

– ¿Te dejan ir al baño en clases?

Pocas veces…

– ¿Por qué?

Porque un niño va y “todos quieren ir”, dice la profe.

– ¿Cuántas veces han perdido recreo por esa cuestión del cronómetro?

Antes muchas veces, ahora no tanto… antes, entre medio no y ahora más o menos.

En Chile, más de la mitad de los niños y niñas de entre 3 y 4 años asiste a un jardín infantil. Entre los 4 y 5 años de edad, esa cifra aumenta cerca del 90%. (Fuente: Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia 2010). Pareciera que nos ponemos a estudiar desde muy chicos, ¿no?

Loreto Egaña, Doctora en Educación

Loreto Egaña, Doctora en Educación

Luego, se entra en la etapa escolar primaria, cuya cobertura alcanza un 99,7%. Hasta aquí ya tenemos casi 15 años de nuestras vidas dentro de un sistema de encierros y castigos que, incluso para algunos, podría ser catalogado de carcelario.

Loreto Egaña, profesora del Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE) y Doctora en Educación, explica el rol que le otorga la sociedad a las escuelas y colegios: “el sistema escolar que está presente en todo el mundo tiene por fin socializar a las nuevas generaciones. Aceptando esa premisa, podemos decir que este sistema podría ser un potenciador de desarrollo integral en los niños, o podía ser solamente un autoritarismo represivo“.

Además, estando al tanto de los dichos de nuestro anterior entrevistado, agrega: “el sistema educativo no está hecho para que los niños sean felices. Ellos no lo pasan bien. Si bien hay colegios que generan climas más contenedores, la mayoría de los establecimientos viven en función de las pruebas estandarizadas como SIMCE y PSU, cosa que me parece una aberración”. Por si esto fuera poco, el actual gobierno de Sebastián Piñera no hizo más que multiplicar estos instrumentos de medición y competencia, instalando pruebas SIMCE ya no solo en 4to y 8vo básico, sino que en 2do, en 6to y en Kinder. La consecuencia más recurrente de esta evaluación es la comparación entre establecimientos educacionales.

“Si los niños no se siente contentos ni felices, esto va a influir en todo. Es probable que parte de su aprendizaje se vea disminuido. Hoy, el bullying es una manifestación exacerbada de sentirse mal. Los niños que abusan de otros no son felices”

Este ritmo de enseñanza y de constantes pruebas de rendimiento dejan tensa la relación entre el docente y el alumno. Ambos entran en un estado de estrés que, muchas veces, les hace caer en prácticas nerviosas. Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile realizado en 2011 reveló que un 19,6% de los profesores sufre ansiedad o depresión.

A diferencia de Finlandia y Canadá, países con la mejor educación del mundo según la OCDE, Chile impuso desde 1997 la Jornada Escolar Completa, con la promulgación de la ley 19.352. En primera instancia, esta nueva legislación traería consigo un aumento en la calidad de la educación y una clara mejoría en el rendimiento de los alumnos. En ese sentido, se pensó que a mayor cantidad de horas de clases, aumentaba también el aprendizaje de los alumnos. Hasta ahora, los resultados van en la dirección contraria, pues la brecha entre colegios municipales y particulares no hace otra cosa más que crecer.

Egaña pone énfasis en la idea de que un ambiente afectivo es crucial para el aprendizaje de los niños: “Si los niños no se siente contentos ni felices, esto va a influir en todo. Es probable que parte de su aprendizaje se vea disminuido. Hoy, el bullying es una manifestación exacerbada de sentirse mal. Los niños que abusan de otros no son felices“. Durante los primeros ocho meses del 2013, las denuncias por maltrato en establecimientos educacionales aumentaron en un 39%, llegando a 1.087 casos. (Fuente: Estudio Superintendencia de Educación Escolar)

El problema central de esta situación reside en el mal entendido concepto de calidad de educación. La simplificación de esta meta nos llevó a  buscar resultados donde debíamos atender procesos. “Eso es matar la educación y el desarrollo integral de los niños. Es reducirlo a su mínima expresión”, agregó Egaña.

“El futuro de los niños es siempre hoy, mañana será tarde”. Gabriela Mistral