Un Techo para Chile ha sido reconocido desde su fundación en 1997 como unas de las ONG’s más importantes del país en la lucha contra la pobreza. Para su surgimiento, de la mano del sacerdote jesuita Felipe Berríos, cerca del 40% de la población vivía de forma muy precarizada, de tal manera que sus ingresos no alcanzaban para obtener una canasta individual básica con víveres y útiles de primera necesidad.

Fue así como en conjunto con estudiantes de la Universidad Católica de Chile, Berríos dirigió la construcción de 350 mediaguas en Curanilahue y Lebu, Región de Biobío, para ayudar a familias que vivían en situación de extrema pobreza. Así nació Un Techo para Chile, que a través de un trabajo de casi 17 años, hoy se posiciona con una imagen corporativa en Latinoamérica y el Caribe, bajo la marca “Techo”.

Hasta hoy, la iniciativa que busca erradicar los campamentos y la pobreza se sostiene sobre el aporte de privados y grandes empresas, que a través de la donación de sus recursos financian la construcción de las estructuras habitacionales. ¿Es esto caridad macroempresarial?

¡Qué lindo es ser voluntario!

Los Trabajos Voluntarios se transformaron en un sello significativo de la etapa social y política que vivió el país durante el gobierno de la Unidad Popular. En la práctica otorgaron una visión nueva para aprender a diferenciar las gestas circunstanciales del trabajo de construcción política, con un propósito mayor a la mera satisfacción personal.

Para 1972 se habían generado más de cincuenta millones de horas de trabajo voluntario tanto en las industrias como en el campo, en las escuelas y las poblaciones. Así lo constataba Manuel Guerrero Ceballos, quien a la fecha era un destacado militante de las Juventudes Comunistas que se dirigió a sus compañeros en el VII Congreso de dicha organización.

“Es indispensable compartir la experiencia de la pobreza para poder conocerla mejor y para poder desde ahí impulsar a esas personas a trabajar por la solución de sus propios problemas” Jaime Guzmán.

La incorporación de estudiantes universitarios y de las instituciones de educación en general a este tipo de iniciativas fue un fenómeno propio de los años 60 y 70. Generalmente, estos eventos se basaban en la necesidad de los alumnos de proyectar las ideas  y el trabajo al ámbito social, a las poblaciones y a los vecinos.

En ese sentido, la mayor cantidad de proyectos impulsados en la época tenían un fuerte carácter político. Lógicamente, dicha realidad cambió de raíz con el Golpe Militar de 1973, llevándose junto con la democracia lo realizado con las clases populares mediante la vinculación generada por los trabajos voluntarios.

Con la dictadura, las vinculaciones entre estudiantes y pobladores decayeron. Para entonces, debido a la represión desplegada por agentes del Estado, fueron las juventudes gremialistas y otras afines a la derecha quienes empezaron a penetrar lentamente en las zonas populares de Chile.

¿La razón? Una lógica estratégica, para disputar espacios en aquellos sectores que históricamente habían sido bastiones de la izquierda, como zonas vulnerables, las tomas, las poblaciones callampas, entre otras.

La lucha por la hegemonía dentro de esos espacios sociales fue una de las prioridades en el proyecto político de Jaime Guzmán, quien aseveraba enfáticamente que la Unión Demócrata Independiente “buscaba enraizarse en los sectores más modestos del país”.

 

“Es indispensable compartir la experiencia de la pobreza para poder conocerla mejor y para poder desde ahí impulsar a esas personas a trabajar por la solución de sus propios problemas”, explicaba el otrora senador gremialista asesinado en 1991.

 

Trabajos Voluntarios post Pinochet

El presidente de la Federación de Estudiantes de la U. Católica de Valparaíso y tesista de la carrera de Historia y Geografía, Sebastián Vicencio, explicó en entrevista para El Desconcierto cómo, desde su perspectiva, evolucionaron estas formas de vincularse con los sectores populares: “Ya en los 90 y a principios de los 2000, las articulaciones con sectores pobres se fueron profesionalizando, dando lugar a Un Techo para Chile y otro sinfín de ONG’s que permiten establecer puentes con las dirigencias sociales, las que terminan siendo cooptadas en este caso por la UDI”.

Trabajos Voluntarios PUCV 2012

Trabajos Voluntarios PUCV 2012

En la primera década post dictadura, al alero de los gobiernos de la Concertación, empezaron pequeños esfuerzos por recuperar la tradición del Trabajo Voluntario. Ahora bien, en un nuevo marco político e institucional, primaron dos enfoques ideológicos: uno más bien de corte “asistencialista”, según Vicencio, donde entrarían a jugar un rol importante iniciativas como Techo; y otro de vinculación política, donde a la gente no se le entregarían “cosas” para enfrentar la pobreza, sino que se le se darían herramientas para que ellos mismos superaran situaciones problemáticas.

“El asistencialismo no es la vía correcta para llegar a las poblaciones ni a las grandes masas. En vez de otorgarle un pescado a la gente para que coma, hay que pasarle una caña de pescar”, explicó el presidente de la Fepucv.

“Se hacen trabajos voluntarios con una lógica de vinculación política mayor, se busca que los estudiantes se inserten en las problemáticas locales y logren un despertar de su conciencia social y política”

Para los trabajos universitarios, el acercamiento con los sectores populares dice relación con la necesidad de crear frentes multisectoriales de lucha. Por ejemplo, en la Universidad Católica de Valparaíso se hicieron trabajos en conjunto con Sindicato de Trabajadores Subcontratados de Cobre (SITECO) en Rancagua, acercamiento que resultó clave pues en la demanda por educación gratuita se logró incorporar también la necesidad de recuperar los recursos naturales, para así vincular el financiamiento con las transformaciones sociales exigidas por las ciudadanía.

De la misma manera, le siguieron trabajos con Modatima para posicionar y denunciar la demanda por el recurso hídrico, que en la Provincia de Petorca ha motivado denuncias por robo contra empresarios y dirigentes políticos.

“Se hacen trabajos voluntarios con una lógica de vinculación política mayor, se busca que los estudiantes se inserten en las problemáticas locales y logren un despertar de su conciencia social y política, para que cuando ellos sean futuros profesionales y se inserten en el mundo laboral, generen nuevas prácticas con los trabajadores y el medio ambiente”, explicó Vicencio.

El “Techo”

La Directora Social de Techo, Pía Mundaca, se refirió a las causas estructurales que desde su punto de vista generan dificultades para superar la pobreza: “Hay una mala distribución de los recursos, y por lo mismo se hace más injusto que tengamos que construirle a familias que viven de forma precaria en un país donde esto no debería estar ocurriendo. No son factores externos, mas que la misma estructura en la cual vivimos en Chile”.

Las políticas públicas impartidas por el Estado muchas veces no llegan a las personas que, por ejemplo, viven en campamentos. El derecho a la vivienda no es concebido desde esta estructura como tal, sino que es un elemento que está sujeto también al ámbito privado. Es decir, a la voluntad del empresariado por ayudar a quienes lo necesitan. 

El doctor en Teología y académico de la Universidad Católica Raúl Silva Henríquez, Jaime Galgani, hace la siguiente distinción filosófica: “Santo Tomás planteaba que hay que diferenciar el fin de la obra y el fin del operante. En esa distinción es donde se dan generalmente los problemas éticos, porque a veces las obras en sí pueden tener un fin válido, positivo. Pero las motivaciones de quienes la realizan pueden ser un poco más torcidas”.

Dichas obras tienen en principio un aspecto positivo, en tanto sensibilizan a gran parte de la población. Esto se replica en otros eventos de la misma magnitud, como la Teletón. Esto lleva a que las personas se comprometan con ciertas tareas y, en algunos casos, sirven como factor determinante para que algunos descubran en ellas una vocación real de servicio social.

Sin embargo, un país que dice estar en vías de desarrollo debiese contar con mecanismo de solución estructural para los problemas más grandes que afectan a la sociedad: la pobreza, la vivienda, la salud, la inclusión.

foto1“Donde el mercado no puede obrar, estas ONG’s se hacen presentes para suplir las necesidades que el Estado debería cubrir. En ese sentido emergen ciertos discursos que tienen que ver con la meritocracia, la necesidad de capacitarse, el esfuerzo personal, etc., cosas que van calando en los líderes de las poblaciones donde se hacen los trabajos”, declaró Vicencio.

Al respecto, Galgani afirmó: “Por ese lado encuentro que son obras muy deficientes. Siempre el asistencialismo ha sido criticado de no responder radicalmente a problemas que existen en toda la sociedad“.

Pía Mundaca afirma que el papel que desempeña Techo es mucho más profundo. Su aporte está dirigido a la creación de identidad en la comunidad y a potenciar su capacidad de autogestión: “Ir semana a semana a campamentos o a villas de blocks o a diferentes comunidades con las cuales nosotros trabajamos, donde la cosa no es precisamente sentarnos a tomar tecito con la familia- obviamente si eso pasa bienvenido sea y lo pasamos muy bien también-, pero apostamos por una organización comunitaria con la participación de la familia, para que aquellas con las que nosotros trabajamos logren organizarse, tengan representantes, puedan acceder a redes, tengan capacidad de autogestión, que generen identidad.”

“Es un trabajo mucho más profundo, a mucho más largo plazo y que también nosotros hemos podido reformular de forma permanente”, agregó.

 

Procesos sociales y definiciones políticas

Techo es una organización apartidista, más no apolítica, según aclaró su Directora Social. Uno de sus objetivos principales es generar dinamismo en los procesos de los campamentos, esto a través de una forma de trabajo específica en el área de educación y en el ámbito laboral.

¿Cuál es la proyección política de la organización considerando el carácter ideológico de su trabajo? “El Techo es muy diverso y eso para nosotros es una riqueza, es algo que buscamos. Y diverso no sólo en los voluntarios sino que también las familias con las cuales trabajamos, los líderes comunitarios que tenemos, los dirigentes con los cuales participamos, corresponden a todos los colores políticos y eso es algo que para nosotros es importante que se siga manteniendo”.

Por su parte, los trabajos universitarios se definen de forma mucho más expresa al momento de establecer lineamientos políticos de su trabajo: “En ese punto político se puede hacer la ligazón entre las demandas del mundo de los estudiantes y trabajadores, y el puente, de confianza y fraternidad, son los trabajos voluntarios. Donde puedes vivir con ellos y además realizar trabajo territorial en las localidades donde los trabajadores están insertos”, explicó  Vicencio.

Los criterios para organizar trabajos de ayuda, sean estos de cualquier tipo, responden siempre a directrices ideológicas, políticas, estén asumidas o no. En ese sentido, Galgani dijo : “Hay una sensibilidad de carácter ideológico mezclada también son una sensibilidad personal o afectiva relacionada al tema de la ayuda social.”

Mundaca explicó que Techo genera críticas fuertes, pero desde la realidad que conoce a diario: “Para nosotros es muy importante que las críticas que realicemos estén ligadas a las cosas que hacemos y conocemos. Techo no es think tank, no es una institución que se maneje en todos los temas del país, por eso planteo que nuestras críticas están enfocadas a lo que nosotros vemos y compartimos con las familias con las que trabajamos”.

“Uno esperaría que desde el propio diagnóstico que ellos pueden hacer, dado el conocimiento concreto de la realidad, pudieran hacer una lectura más política, crítica y completa”, agregó Galgani.

Un Techo para Chile nació desde el impulso de la Compañía de Jesús. En honor a ello, cabe recordar las reflexiones del Padre Alberto Hurtado, cuyo discurso sociopolítico muchas veces ha sido mutilado: “La caridad empieza donde termina la justicia“.