boomeros-webNo fue  hasta que se inició la denominada corriente literaria del  boom latinoamericano –en la década del ´60– cuando en nuestra región empezamos a hablar sobre nuestros propios escritores de forma masiva y a  nivel mundial. Hasta ese entonces las influencias de narradores estadounidenses y europeos predominaba en el espectro literario local (hablo de Latinoamérica), por tanto la mayoría de las creaciones descansaba en la directa influencia  –tanto en temas como en estética– en nombres como Sartre, Camus, Grass, Salinger, Robbe-Grillet, Kerouac y, en clásicos como Kafka, Joyce, Proust, Faulkner, entre otros. La única relación directa con la lengua castellana venía dada por  las novelas españolas tanto clásicos como contemporánea de esos tiempos, en las que predominaba Azorín, Baroja, Pérez de Ayala y, por cierto, Cervantes.

En ese sentido, la incipiente novela hispanoamericana que intentaba buscar un espacio y una identidad propia antes de la década del ´60, obedece a una suerte de mestizaje, dada las lecturas que llegaban desde Norteamérica, Francia, Inglaterra e inclusive desde Italia. Por eso, hasta ese instante, la novela latinoamericana parecía ajena a los problemas que comenzaban a vislumbrarse en estos lados del planeta como la injusticia social, las desigualdades, el naciente capitalismo y su antípoda, el comunismo.

Además de Carlos Fuentes y de Mario Vargas Llosa, hay otro escritor que es fundamental para entender el éxito del boom latinoamericano: Gabriel García Márquez. Con Cien años de soledad, publicada en 1967, García Márquez no sólo logra la consolidación de la novela americana fuera de nuestras fronteras tercer mundista (previamente, en 1962, Vargas Llosa lo había conseguido con La ciudad y los perros logrando publicarla en España), sino que con la novela de “Gabo” se pudo hablar de un triunfo comercial, popular e intelectual para posicionar a Latinoamérica con su propia realidad y desligándose por completo de las influencias extranjeras, permitiendo de esta forma que el mundo conociera nuestros problemas nuestros paisajes, nuestra idiosincrasia, nuestra forma de hablar… nuestra forma de ser.

Para entender el éxito de Gabriel García Márquez y su importancia sobre el boom latinoamericano tenemos que hablar de tres momentos: el primero, por cierto encarnado en Carlos Fuentes, porque fue el primero en “profesionalizar” la carrera de escritor al manejar su obras con agentes literarios, se rodeó de grandes escritores tanto estadounidenses como europeos y, por tanto, tuvo muchísimo éxito entre los críticos norteamericanos. Esa suerte de relaciones públicas en lo que hoy conocemos como lobby, no sólo ayudó al propio Fuentes, sino que sin quererlo y sospecharlo, cimentaba el terreno para que los futuros novelistas de esta región pudieran penetrar con mayor facilidad –y sin ser juzgados– al competitivo ambiente literario de la época. El segundo momento es cuando –ya lo decía anteriormente– el jovencísimo Mario Vargas Llosa recibe el Premio Biblioteca Breve de la editorial barcelonesa Seix Barral, que le permite la oportunidad de publicar su novela breve La ciudad y los perros. Este hito, por cierto, permitió que por un lado la editorial se consolidara en Latinoamérica con la obra de un ciudadano de este lado del mundo, mientras que por otro, le otorgó a Vargas Llosa ganar una incipiente fama, aunque no del toda tremenda como lo hubiese esperado él. Y el tercer momento –y más importante a mi juicio– es el que encabeza Gabriel García Márquez con la publicación de Cien años de soledad, pues tanto la crítica como los lectores alabaron desde un comienzo la obra del hasta ese entonces desconocido escritor colombiano. Ha sido tanto su éxito que hoy, en pleno 2014, la novela sigue vendiéndose como si hubiese sido publicado hace sólo algunos meses.

Con la aparición del boom latinoamericano en base a estos tres momentos claves en la historia de la literatura en nuestra región, los escritores nos planteamos de una manera distinta la forma de abordar los hechos, acaso atreviéndonos a cuestionar a la sociedad, al statuo quo imperante, a la élite, a la política, a la vida en general. Gracias a García Márquez y su realismo mágico, proliferó un lector mucho más maduro e intelectual, pues las obras abordaron temáticas que bordeaban otras dimensiones. A decir verdad, el boom latinoamericano no sería propiamente tal sin la aparición de esta trascendental novela ni tampoco podríamos entenderlo sin la presencia y la figura de García Márquez; la letras latinoamericanas salieron al mundo, gracias al poderoso y asombroso éxito que tuvo Cien años de soledad, no en vano recibe el Nobel de Literatura en 1982. Por eso hoy todos lloramos su partida… estará viajando y descansando en el Macondo que siempre soñó. Que descanse paz, maestro.