??????????????????????El libro de Francisco Letelier se presentará este miércoles 14 a las 11 horas en Corporación Sur (María Luisa Santander 0440, Providencia), y será comentada por Paula Forttes, delegada presidencial para la Reconstrucción, y Tusy Urra, del Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa. Presentará Patricio López, editor general de El Desconcierto.

– ¿Por qué el formato de la novela para describir un hecho real como los efectos del 27F en la ciudad?

Durante más de cuatro años nos hemos esforzado por hacer un contrapunto de la voz oficial respecto del avance y la calidad del proceso de reconstrucción. Hemos visto una infinidad de injusticias. Hemos sido testigos de la incapacidad del gobierno de Piñera para dialogar. Hemos sido testigos directos del sufrimiento y la impotencia  de cientos de familias, a veces un sufrimiento muy silencioso. Cuando, discutiendo la reforma educacional,  la derecha dice que los niños pequeños no pueden marchar y poner sus demandas, se olvidan de los miles de adultos mayores afectados por el terremoto del 27F que tampoco salieron a las calles, pero eso poco les importó. Hemos escrito cientos de documentos e informes respecto a todo esto, están ahí,  y se los hemos entregado al nuevo gobierno, sin embargo, hay cosas que no caben un texto académico y hay mucha gente, la mayoría, que no los lee esos informes. La idea de la novela fue abrir la discusión de los efectos de la reconstrucción neoliberal a un público mayor, con un lenguaje de la vida cotidiana e incorporando las emociones de las personas, su vida y sus tremendos esfuerzos por ser dignos y ejercer la ciudadanía, cuestión que finalmente debería estar en el centro de todas las preocupaciones. Por otro lado, también fue una cuestión muy personal. Tenía tantas dolores y vivencias atorados en la garganta que necesitaba sacarlas por algún lado.
– ¿Cómo evalúas la gestión del Gobierno de Piñera en la reconstrucción?

Fue un proceso que combinó dos almas. La primera, la de las políticas de vivienda y ciudad que se vienen implementando en Chile hace más de 30 años. Políticas que entregan al mercado las decisiones de cómo se construyen nuestros barrios y ciudades y que han producido una profunda fractura social. Las ciudades, gracias a estas políticas, son hoy un reflejo muy claro de la desigualdad que agobia a Chile. La segunda alama es la del desprecio por las personas y su voz colectiva. Por los aspectos no materiales del desarrollo.

Fue un proceso que combinó dos almas. La primera, la de las políticas de vivienda y ciudad que se vienen implementando en Chile hace más de 30 años. Políticas que entregan al mercado las decisiones de cómo se construyen nuestros barrios y ciudades y que han producido una profunda fractura social. Las ciudades, gracias a estas políticas, son hoy un reflejo muy claro de la desigualdad que agobia a Chile. La segunda alama es la del desprecio por las personas y su voz colectiva. Por los aspectos no materiales del desarrollo: la identidad, el arraigo, los vínculos sociales. Pese a que el Plan Nacional de Reconstrucción consideró en su texto estos aspectos, en la práctica los despreció totalmente. La reconstrucción tuvo como resultado principal la creación de un nuevo mercado, el “mercado de la reconstrucción”. Aquello que era rentable se hizo, y todo lo demás no se hizo, se hizo muy mal o quedó a medias. Un hecho que refleja todo esto es que el 60% de los subsidios de reconstrucción que se entregaron tuvieron como consecuencia la relocalización de las familias, esto es, la pérdida de su geografía de oportunidades, de sus identidades, de sus vínculos y la profundización de la segregación y fragmentación urbana. Chile no ha visto en su historia una reconstrucción que produjera más desigualdad territorial que ésta.

– La presión inmobiliaria ¿de qué modo ha configurado la reconstrucción?

El mercado inmobiliario ha actuado por acción y omisión. Por acción lo ha hecho en ciudades grandes e intermedias donde los centros de las ciudades o las zonas costeras quedaron muy dañados. La presión inmobiliaria ha hecho que en esos casos las soluciones para los damnificados se localicen fuera de las áreas de mayor valor, lo que ha producido fuertes proceso de expulsión de los antiguos centros a la periferia de las ciudades. Por omisión, el mercado inmobiliario a producido que muchas damnificados de zonas rurales hayan tenido que buscar soluciones en las periferias de ciudades o pueblos cercanos, dado que no había muy poco interés en producir viviendas nuevas en zonas de baja densidad.

– ¿Qué patrones comunes ves entre el 27F, el terremoto del norte y el incendio de Valparaíso?

Primero, que los damnificados, en mayor proporción, son familias pobres y vulnerables, cuyas viviendas tenían menor calidad o ocupaban lugares de menor valor en la ciudad. Segundo, que al Estado le cuesta otorgar respuestas sistémicas. Es un estado débil en el ámbito de la planificación  urbana y de una estructura notablemente centralizada.  Respecto del rol de los medios de comunicación, me parece que el factor común es el sensacionalismo y la incapacidad de informar con profundidad respecto de los procesos. Esto produce un efecto de sensibilidad muy superficial y no logra aportar a la construcción de una ciudadanía más empoderada y verdaderamente solidaria con el otro y con las injusticias.

Lo más grave es que los tres eventos podrían repetirse en cualquier lugar del país, y siento que hemos aprendido poco.  Como estado, como ciudadanos, como medios de comunicación. En Talca, por ejemplo, el 70 por ciento de las viviendas se han reparado con recursos de los propios vecinos, el subsidio era extremadamente bajo. En veinte años más, cuando venga otro terremoto, esas casas caerán y nos sorprenderemos. Antes del 2010 fuimos con una dirigentas de un barrio histórico a pedir apoyo para mejorar las casas, la respuesta fue negativa. No eran sujetos de subsidio. Hoy el estado ha debido invertir mucho más recursos de los que hubiera desembolsado si la conciencia de prevenir el riesgo  hubiese existido.

El riesgo tiene que ver con muchos factores, pero el principal es la desigualdad. Un país desigual tiene mucho más riesgo de que un evento como un terremoto, una inundación, u otro, genere una catástrofe.