Andres Mora

El día de ayer 27 de mayo a las 22:30 horas Francisco Papas dio una entrevista realizada por Señal 3 La Victoria, en la que declara que deja la clandestinidad para volver a su casa para estar con sus perritos y familia.

Ya parece haber pasado, por lo menos momentáneamente, el shock mediático que la obra generó en redes sociales y prensa tanto chilena como internacional. Ahora bien, creo que no sólo debemos quedarnos con el espectáculo más inmediato –lo cual también es parte del trabajo- sino que es un buen momento para algunas reflexiones sobre lo Francisco está gritando y que no es distinto a lo que aqueja a miles y millones de personas de nuestro país. Curiosamente, aunque no es de extrañar, el trabajo de Francisco es visto con más seriedad en medios extranjeros o periódicos de menor difusión local, que por la prensa dominante chilena. Lamentablemente los medios oficiales prefieren quedarse con la anécdota “chora” del presunto delito, hacer un espectáculo de la clandestinidad del artista jugando a perseguirlo con cámara en mano, e incluso hacer incapié en lo llamativo de su apodo, como si eso fuera lo más importante. Al parecer ningún medio de prensa masivo o televisivo (me refiero a los más grandes) se ha detenido a reflexionar sobre los temas de fondo que el trabajo en sí plantean y denuncian, como son el lucro en la educación en Chile, la cuestionable legalidad que protege a los sostenedores de esta y otras casas de estudio, y más allá de esto, la violencia generalizada que implica la inequidad económica en el país, su consecuente segregación social y la condición permanente de deuda para el ciudadano medio, la cual se ha instalado con una por decir lo menos curiosa y a la vez aberrante normalidad.

A todas luces el trabajo de Francisco Papas Fritas no corresponde a un objeto como podría ser un cuadro o una fotografía, ni tampoco se reduce a la exposición concreta de la famosa camioneta kombi blanca que expusiera las cenizas de los documentos quemados junto al video de su autodenuncia. Si no se trata de un objeto concreto ¿podríamos pensar entonces que nos encontramos frente a una acción de arte, lo que suele llamarse performance en términos académicos? En este caso al parecer no es sólo eso. En efecto, la obra de Papas Fritas va más allá del objeto y la performance, porque no solamente se trata de la acción presunta de robar estos papeles, quemarlos y exponerlos, es más bien el accionar del artistas y todas las consecuencias que conlleva, en este sentido la obra se manifiesta como proceso que acontece y continúa, generando cambios en la vida de todos nosotros, en tanto nos vemos afectados, reaccionamos o interactuamos. Esta es nuestra primera pista, la obra no es un objeto sino un proceso social.

Yo conocí a Francisco Papas personalmente al interior de un curso que él impartió durante el año 2013. Este taller llevaba por título “Des-academia” y buscaba potenciar el proceso creativo de personas ligadas al arte y otras disciplinas, generando un terreno de experimentación, reflexión y colaboración grupal. Si bien ya conocía su trabajo artístico desde hacía algunos años, fue en este contexto que pudimos conversar durante horas sobre sus profundas motivaciones que dan vida a su trabajo y creo haber sido un testigo activo de sus convicciones en el arte. Es necesario comprender ante todo que nos encontramos frente a un artista que desborda con creces la noción egocéntrica del llamado “artista”, para manifestar una vocación social profunda. A la hora de interpretar este trabajo es preciso reconocer la trayectoria de Francisco y su genuino interés por los temas sociales. Conocer por ejemplo de su trabajo constante con la comunidad de reos y sus familiares, a raíz del incendio ocurrido el año 2010 en la cárcel de San Miguel. Junto a los familiares de las 81 reos asesinados en este siniestro formó una ONG que durante estos años ha luchado por denunciar las inhumanas condiciones en que opera el sistema carcelario en Chile, junto con reclamar justicia ante las autoridades responsables de la desgracia. Estas luchas le han costado desde tener intervenido su teléfono, ser golpeado en la calle por encapuchados que bajaron de un auto, hasta la amenaza de muerte. Este silencioso trabajo con la comunidad nos da cuenta de un artista que no busca meramente la fama ni espera causar una polémica fácil. Durante el año 2013 convoca a 18 artistas para la realización de un simposio y exposición colectiva bajo el título “Diálogos de emancipación”, el cual busca que nos detengamos a pensar sobre las políticas de encarcelamiento y vigilancia constante de nuestro sistema social. Evidenciar como se perjudica una vez más a los más pobres criminalizándolos y encarcelándolos, mientras los poderosos y adinerados gozan de impunidad. Los medios de comunicación masivos facilitan por cierto el despiste de la ciudadanía con el fin de lograr estos fines, bajo la forma de un sistema de satisfacción inmediata por el consumo y el creciente individualismo que se fomenta día a día de la mano de verdaderas campañas de terror mediático. La cárcel como tema a tratar no es solamente un espacio concreto donde quienes son criminalizados van a parar, es también el estado mental en el que la gran mayoría nos encontramos dado el temor y la represión de un sistema impuesto bajo la consigna de normalidad y el orden social. Poder comprender que cada uno de nosotros nos encontramos en una cárcel es el primer paso para querer salir de ella. La cárcel es el estado corporal y mental en que hemos aprendido a vivir, y esta sería una segunda pista, si se quiere, es lo que está en juego en la obra Ad augusta per angusta también.

El video expuesto por Francisco el día 12 de mayo explica desde el comienzo: “¡mi proyecto trata en sí de acabar con el deudor! Para de esta manera, poder encontrar –cooperativamente- la forma de hacer cosas que nos liberen del miedo(…) que nos liberen de todo aquello que continuamente nos reprime, en nuestro rostro, en nuestro cuerpo y en nuestra mente”. Esta acción solidaria tiene sentido en una sociedad donde es cotidiano el clima de represión e injusticia bajo una idea aprendida de ser normal o buen ciudadano, donde somos nosotros mismos quienes ya hemos incorporado la vigilancia como un sistema interno y externo de control; donde la ignorancia, individualismo y temor son las claves para el dominio abusivo de unos pocos y donde día a día participamos de la segregación como forma cotidiana de violencia, aislamiento y encarcelamiento simbólico y real. Me atrevo a decir que nos encontramos viviendo uno de los procesos más estremecedores del arte nacional de los últimos años, y que quizás desde la obra que realizara Spencer Tunik en Chile -para la cual miles de ciudadanos se desnudaron en la vía pública- no habíamos sido testigos de una acción de arte que tuviera una implicancia política de similares proporciones.

A continuación un resumen noticioso de los hechos: día lunes 12 de mayo se expone la obra “Ad augusta per angusta” en el centro cultural GAM. El día miés la PDI ingresa al lugar allanado los elementos de la obra. El mismo día Papas Fritas declara a través de un vocero que se mantendrá en la clandestinidad debido al proceder ilícito de la policía, como medida de protección personal. El día viernes la obra es repuesta con más cenizas y un señuelo es dejado en el lugar como humorada para reírse de la policía. El día domingo se cierra la muestra con un acto en el cual se declara que la obra pasa a ser parte de la ciudadanía invitándonos a apropiárnosla como colectivo. Las cenizas son arrojadas frente a la moneda, posteriormente la camioneta viaja hasta la Universidad de Santiago donde queda a disposición de los estudiantes en pos de su causa. Último informe, el día 21 de mayo en Valparaíso la camioneta kombi aparece rayada con spray con una consigna que reza “hemos perdido todo menos las deudas” y se estrella contra las vallas papales que detenían el avanzar de los protestantes a las afuera del congreso. Ariel Zúñiga, chofer y vocero del proyecto, es detenido y luego dejado en libertad bajo multa de $800.000 pesos (por supuestos daños a la propiedad policial). Martes 27 de mayo, Papas Fritas declara volver a su casa.

No hay que engañarse en pensar que el arte es algo ajeno a lo social. Si revisamos las manifestaciones artísticas desde fines del año 1800 en adelante nos encontraremos con una serie de momentos en que la concepción del arte es puesta en crisis ampliando sus límites y permitiendo que la sociedad en todas sus áreas avance en pos de un desarrollo cultural. Son artistas audaces quienes, a pesar de la incomprensión de su propia época, rompen las barreras de lo establecido para abrir nuevas formas de pensamiento y por tanto, nuevas formas de organización social. Lo vemos en los surrealistas, lo vemos con el arte abstracto, lo vemos con el arte conceptual, para qué hablar de la Bauhaus, etc. Y si me permiten citar algo que el mismo Francisco Papas Fritas nos explicaba en el taller donde nos conocimos, podría decir que existe una diferencia entre arte y cultura. La cultura es aquello que se establece dentro de los parámetros de lo aceptado, aquello que la sociedad logra integrar tornándose como algo normal. El arte en cambio irrumpe y rompe estos parámetros abriendo un espacio más allá de lo aceptado por una sociedad. La obra de arte no es parte de la cultura porque el arte es por definición el romper los límites de lo que nos acostumbramos a mirar. En este sentido la obra “Ad augusta per angusta” sería sin duda una obra de arte que junto con meter el dedo en la llaga, nos obligó a mirar esa herida putrefacta que ya no miramos y que habíamos aceptado… por cultura. Papas Fritas también me dijo un día mientras lo acompañaba en un auto “por fin he realizado una obra que no debo justificar como pintura, ni como instalación ni como nada formal… He trabajado toda mi vida para llegar a esto y sobre esto debo seguir trabajando” (a propósito de una obra anterior realizada en el Museo de la Solidaridad a fines del año 2013). Y me atrevo a decir que lo consiguió. En efecto nos encontramos frente a un trabajo que es ante todo un procesos social incierto, que ha remecido de una u otra manera no sólo los límites aprendidos del arte, también ha remecido en una suma de 500 millones de dólares la cuenta bancaria de los sostenedores de la cerrada Universidad del Mar.

Francisco se involucró, tal vez como ningún otro artista en este país, con la realidad misma. La obra ya no es sólo autoría de un sujeto, la obra es de nosotros también. Habrá que esperar a ver cómo la justicia y la sociedad en su conjunto procede en este caso, si se determina que el cobro de esta deuda es lícito ¿quién va a pagar? Si ya no existen documentos que respalden la deuda ¿cómo recuperarán ese dinero quienes parece que jamás pierden? ¿Francisco? ¿le costará la cárcel? ¿Se quedará la sociedad impávida ante una realidad como esta? Es necesario captar que para Francisco Papas Fritas, la vivencia del arte posee la complejidad de la vida misma, en tanto (espero traducir lo que él mismo decía) la obra no es otra cosa que cada una de nuestras formas política de vivir la vida. Me gustaría repetir las palabras que pronuncia Francisco en su video “ya no tengan miedo”, esto es arte.

Ve la entrevista completa aquí

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Andrés Mora Melanchthon es Artista Visual de la Universidad ARCIS y Docente de la Universidad de Chile