copaDesde hace un par de semanas no se habla de otra cosa que no sea el Mundial de Brasil 2014. El evento deportivo, que comenzará el próximo 12 de junio, ya tiene a los ojos de todo el mundo encima, pero no exclusivamente por interés futbolístico.

Marchas, huelgas y diversos tipos de enfrentamientos han sido protagonizados por el pueblo brasileño desde el anuncio de la competencia futbolística. Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance en la construcción de estadios, la ira de los brasileños ha ido en aumento en sintonía con las movilizaciones.

En Río de Janeiro, centenares de obreros han protestado a metros de la selección verdeamarela, gritando consignas que exigen inversión en educación y repudian los millonarios gastos que ha generado el encuentro.

El inicio de los entrenamientos del equipo brasileño ha sido opacado ante el mundo con la firme amenaza de los manifestantes: “¡No va a haber Copa!”, gritaron a los seleccionados en la ciudad de Teresópolis. En respuesta, el DT, Luiz Felipe Scolari, ha manifestado que las protestas no afectan a sus dirigidos: “Los jugadores no dan pelota a esto”, señaló, apuntando que el que tiene que construir carreteras no es el futbolista.

En paralelo, el malestar crece: los aumentos en las tarifas del transporte público –una de las más altas de Latinoamérica-, la explotación sexual infantil, la corrupción, los niveles de violencia –más de 10 homicidios por cada cien mil habitantes-, las expropiaciones, la precariedad de los servicios públicos y el abrupto contraste con el amplio gasto invertido en el Mundial, han terminado por agotar la paciencia de todos.

El Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) anunció recientemente que una serie de protestas marcarán el Mundial. Un verdadero “Junio Rojo” que podría desatarse y robarse la atención de la competencia.

 

La desaparición de niños

brasilIndígenas, profesores, transportistas y todo tipo de actores sociales se han sumado a las movilizaciones que ponen tensa a la FIFA y a las autoridades brasileñas. Una de las más llamativas se realizó hace pocas horas y fue protagonizada por los pueblos originarios del país, quienes salieron a la calle ocupando sus ropas tradicionales y armados con arco y flecha.

Antes de hacer Copa del Mundo, Brasil debía pensar mejor en la salud, la educación, la vivienda”, sentenciaron. Los indígenas señalan que el gobierno favorece a los grandes agricultores y descuida la protección de sus tierras.

La autoridad respondió con represión policial, a punta de gases lacrimógenos y balas de gomas que fueron lanzados a los manifestantes. Éstos, en tanto, reaccionaron utilizando sus flechas e hiriendo a un agente policial. Al final de la jornada, se canceló la ceremonia donde se inauguraría la exhibición del trofeo de la copa.

Muchos recuerdan con temor lo ocurrido durante la Copa de Confederaciones de 2013, cuando miles de manifestantes salieron a la calle a pedir una mejor inversión del gasto público. Los organizadores temen que algo parecido pueda suceder mientras se realiza la competencia, algo que pondría en peligro el desarrollo del turismo. Hasta ahora, se espera la llegada de, al menos, 600 mil turistas extranjeros.

Recientemente, la Asociación Brasileña de la Industria de Hoteles (ABIH) anunció que han registrado una tasa de cancelaciones de 27,5 por ciento durante las protestas y su presidente, Erico Fermi, declaró que las manifestaciones impactan negativamente en la imagen del país.

La eventual paralización de servicios abarca rubros tan diferentes como el de la policía, los profesores y los choferes. Por su parte, las autoridades estudian la posibilidad de que las Fuerzas Armadas sean utilizadas para restituir el orden si es necesario.

Además, los medios extranjeros mencionan el fenómeno rolezinho (paseíto), como otra de las curiosas formas de protestar que serán presenciadas durante el campeonato, consistente en reuniones masivas de jóvenes en centros comerciales que colapsan.

“En marzo estuve en Fortaleza para conocer la ciudad más violenta de todas las sedes de la Copa del Mundo. Hablé con algunas personas que me pusieron en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo, los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas”.

En tanto, la represión ya se vive en las calles de Brasil. Recientemente, un periodista danés relató su experiencia de paso por Brasil, asegurando que era su sueño cubrir la Copa del Mundo. Sin embargo, tras el viaje, señaló: “He descubierto que el sueño es una pesadilla”.

Además de asegurar que, después de 6 meses, ha examinado el impacto del evento deportivo en los desplazamientos forzados, las operaciones militares en zonas residenciales y los cortes en proyectos sociales, Mikkel Jensen señaló que fueron otros los episodios que lo impactaron.

“En marzo estuve en Fortaleza para conocer la ciudad más violenta de todas las sedes de la Copa del Mundo. Hablé con algunas personas que me pusieron en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo, los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas. ¿Por qué? ¿Para dejar limpia la ciudad para los extranjero y la prensa internacional? O sea, ¿por mi culpa?”, afirmó.

 

El enfrentamiento de los ídolos

El tenso ambiente que vive Brasil a días del comienzo del Mundial no ha dejado fuera de la polémica a las figuras deportivas que cuentan con seguidores en distintos puntos del planeta. El ex jugador Ronaldo Nazario, por ejemplo, es parte del comité organizador, y durante el año pasado defendió tenazmente el evento.

Neymar“Se está invirtiendo mucho en sanidad y en seguridad. Pero vamos a recibir el Mundial. Y sin estadios no podemos albergar el evento. No se hace un Mundial con hospitales”, señaló entonces. Tiempo después, sin embargo, ha admitido que el país se enfrenta a problemas de corrupción y que el país está lejos de estar preparado para la cita.

Una de las estrellas de la historia del fútbol brasileño, Pelé, sostuvo recientemente que la muerte de obreros que trabajan en los estadios para el Mundial era algo “normal”. El futbolista fue consultado sobre el accidente fatal de un trabajador en la Arena Corinthians hace un mes. Su respuesta causó molestia: “El accidente es normal, cosas de la vida que pueden pasar. Fue un accidente y no creo que asuste”.

Además, Pelé ya mostró su postura ante las protestas que están ocurriendo y vendrán durante el evento: “Pido a los brasileños que no confundan las cosas. Estamos preparando la Copa del Mundo, vamos a apoyar a la selección, vamos a olvidar la confusión que reina y vamos a olvidar las protestas”.

Sin embargo, la contundencia de Neymar, el ícono actual del fútbol del país organizador, terminó por opacar las tibias excusas de viejos ídolos.

“Siempre tuve fe en que no sería necesario que llegáramos al punto de tirarnos a la calle para exigir mejores condiciones de transporte, sanidad, educación y seguridad, sobre todo porque es una obligación del Gobierno”, declaró el joven futbolista, quien puso en claro su solidaridad con las manifestaciones ocurridas en su país. Además, señaló que anhela un Brasil “más justo, más seguro, más saludable y más honesto”.

Hoy, la discusión se centra en si es prudente o no la idea de realizar campeonatos deportivos de alta difusión y exigencia en países que aún no han resuelto sus principales necesidades. Éste y otros variables tendrán que ser debatidas cuando empiece el campeonato y, con ello, las amplias movilizaciones advertidas por el pueblo brasileño.