bancada constituyenteAtascados estamos en las interpretaciones. Entrampados nos quedamos en los análisis que los medios tradicionales se empeñan en instalar.  Algo que, debiéramos haber asumido ya, no tendría por qué ocurrir.

Ejemplos hay varios.

Los cambios de fondo a la educación y el rechazo a HidroAysén para generar una matriz sustentable no han avanzado precisamente por lo que ha publicado la prensa mainstream.  Más allá de dar cobertura a determinados hitos, que han servido para visibilizar (aunque muchas veces criminalizando) las causas, sus líneas editoriales transitan más por el camino de la contención que por el de la transformación.

Si uno lo piensa bien es posible incluso que tal sea su autoasignado rol.  Pero el nuestro, el de los ciudadanos que exigen los cambios, es otro.

Comprendido esto, extraño ejercicio es estimar que lo que aparece en El Mercurio, La Tercera o radio Agricultura, por ejemplo, recoge solo un hecho informativo y no conlleva, muchas veces, la intención de incidir en una determinada dirección.  Incluso si obviáramos el magro diagnóstico –y proyección- de la realidad generado solo a partir de aquellos datos mediáticos, al ciudadano no le corresponde predecir el futuro.  Su rol es estar atento a todas las señales que le permitan construirlo.

Es desde tal convicción que leo la conformación de una “Bancada Parlamentaria por la Asamblea Constituyente”, informada por distintos medios de comunicación nacionales.  Si uno evalúa la cobertura, es posible apreciar que muchos artículos se han dirigido a la resistencia que generaría la ofensiva. Aunque la oposición de Camilo Escalona es la más reseñada –logrando una elogiosa editorial en El Mercurio-, la prensa ha vinculado con el rechazo a la idea al senador Felipe Harboe, al diputado Ricardo Rincón y al presidente del Partido Socialista Osvaldo Andrade.

Se avanza así en instalar la noción de que la AC es un tema controversial y divisor para la Nueva Mayoría y el sistema político en general.

Conclusión: los votos para una cirugía mayor no están disponibles y por tanto lo más lógico es irse para la casa y no comportarse como un ingenuo e hiperventilado hijo de vecino enfermo de infantilismo revolucionario.

Reiteramos.  El rol de los ciudadanos no es adivinar el futuro. Es construirlo convenciendo, seduciendo, constituyendo fuerza política para hacerlo realidad.  Esto es más cierto aún en tareas tan titánicas como dotarnos de una nueva Constitución mediante una asamblea (y proceso) constituyente.  El público objetivo, diría un comunicador, son todos los chilenos y chilenas en sus más distintos roles: estudiantes, empresarios, obreros, sacerdotes, monjas, dueños de medios, políticos, dueñas de casa, desempleados.  Y uno de los mecanismos para sumar es demostrar que hay más agua en la piscina de la que algunos nos intentan hacer creer.

Aunque existan quienes así no lo consideren, que se conforme el mencionado grupo es un avance.  Y lo es también la persona que imprime el sticker por la AC, la conversación de sobremesa, la campaña Marca tu Voto, el Manifiesto Plebiscito por una Nueva Constitución, las organizaciones que han venido promoviéndola desde hace mucho.  Son importantes porque cimientan el día aquel en que en Chile será imposible hablar de política sin referirse a la constituyente.  Como lo hicimos entre todos al lograr que fuera inevitable discutir de educación sin abordar el lucro.  De energía sin mencionar HidroAysén.

 

Del hecho al dicho

 

Una máxima efectiva es que la democracia se mejora con más democracia.  Esto es puro sentido común.  Y en su instalación la “Bancada Parlamentaria por la Asamblea Constituyente” aporta. Pero no es lo único.  La viabilidad es, en esencia, una construcción política.  Y en esta, el rol de una ciudadanía activa, informada y escrutadora es fundamental.

Una máxima efectiva es que la democracia se mejora con más democracia.  Efectiva porque ¿quién le puede temer a la democracia?  Asumimos que nadie, menos aún políticos y parlamentarios cuyos roles son por excelencia definidos por tal forma de organización social.  En esta misma línea, ¿que más democrático que seamos los propios ciudadanos quienes decidamos el mecanismo para cambiar nuestro principal pacto político social, la Constitución?

Esto es puro sentido común.  Y en su instalación la “Bancada Parlamentaria por la Asamblea Constituyente” aporta.

Pero no es lo único.  La viabilidad es, en esencia, una construcción política.  Y en esta, el rol de una ciudadanía activa, informada y escrutadora es fundamental.

Veamos.

En El Mercurio el presidente de la Comisión de Constitución del Senado Felipe Harboe señaló expresamente que “la asamblea constituyente no está contemplada en la Constitución vigente, y si queremos un cambio constitucional debemos ser audaces y responsables”.  Lo perdimos, diría alguno.  ¿Alguna vez lo tuvimos?, preguntaría otro.

Sin embargo, si uno complementa tal frase con otros elementos algo podemos avanzar. En su calidad de diputado, el mismo congresista presentó en julio de 2011, junto a varios de sus colegas, un proyecto de “reforma constitucional para establecer el plebiscito en temas de interés nacional”. Y meses antes, en enero, ya había ingresado una iniciativa de “reforma constitucional que establece la posibilidad de llamar a plebiscito, cuando se trate de materias relevantes para el país”.  Me pregunto, ¿qué mayor interés nacional, materia relevante para el país,  que definir la forma en que nos dotaremos de una nueva Constitución?  Bonus track: durante las últimas elecciones parlamentarias la franja del PPD, partido del en ese entonces candidato Felipe Harboe, incluyó expresamente el lema “por una asamblea constituyente”.

En El Pulso el presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara Ricardo Rincón (DC) señaló que “con el senador Felipe Harboe (PPD) estamos conversando establecer espacios de conversación y escucha con la ciudadanía”.  Así, alguien podría pensar que el congresista no está tan convencido de la AC.  Pero antes de sacar conclusiones es necesario saber que el diputado fue uno de los patrocinantes del proyecto de junio de 2012 que “modifica el artículo 15 de la Constitución Política de la República, estableciendo el plebiscito como medio de decisión ciudadana”, pudiendo incluir entre las consultas “la convocatoria a Asamblea Constituyente”. 

Otra frase complicada, también en El Mercurio, fue la de Osvaldo Andrade. “No estoy en disposición de renunciar al mandato que me ha entregado la ciudadanía en mi distrito” dijo el presidente del PS.  Dicho así pareciera que el parlamentario se dio vuelta la chaqueta.  Porque él fue uno de los firmantes de la moción de “reforma constitucional para establecer una Asamblea Constituyente” presentada en julio de 2011.  O que estaría desconociendo lo definido en el 29º Congreso Nacional (2011) de su partido, donde la convocatoria constituyente fue expresamente planteada.

Camilo Escalona es otra historia.  Hasta ahora ha sido el principal exponente de la noción-anhelo que una AC sería imposible por falta de votos.  Se ha transformado en clarividente más que en constructor del futuro. ¿Porque no están los votos no es posible avanzar en lo que se considera legítimo, para ahí sentarse a discutir con quienes piensan distinto? ¿Porque no están los votos se debe renunciar a conseguirlos?

No seré yo quien, desde Aysén, envíe recados a los políticos que, devenidos en oráculos del porvenir, han aparecido en el último tiempo.  Solo decir que tal recurso suena más a artimaña para encubrir una falta de confianza en los procesos democráticos que a realismo legislativo.

Porque si los votos no están, hay que conseguirlos.

Y una forma de lograrlo es con información, transparencia y sacando al pizarrón a quienes al final del día deberán votar para incluir en la Constitución la posibilidad de convocar a un plebiscito que establezca el mecanismo para cambiar la propia Carta Fundamental.

Eso es algo en lo que los ciudadanos interesados en construir ese futuro debemos trabajar.   Porque las herramientas están.